lunes, 18 de mayo de 2026

Volver al patio, volver a la memoria activa

 

Volver al patio, volver a la memoria activa

Devolución analítica de la jornada pedagógica sobre Miguel Ragone en el Colegio Betania del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20 de Junio



 

Contenidos:

Parte I. El recorrido por los stands: la memoria activa puesta en escena

Florentino y el profesor de Ciencias Políticas e Historia: el marco institucional

Grupo 1 — Camila Sol, Yanina y su compañera: el médico del pueblo y la imagen restaurada

Grupo 2 — Mijael Burgos, Lara Paz, Montaña, Torres Tomás, Génesis García Mir y Lucrecia: geopolítica y la historieta giratoria

Grupo 3 — Julia, Milena, Evelin, Micael, Morena y Candela: prensa, gobernación e intervención federal

Gloria Abraham: pluralismo pedagógico y autogestión institucional

Daniel, el docente: ampliar la agenda de los derechos humanos

Grupo 4 — Leandro, Elianca, Matías Chávez y Leonel Sánchez: la Lista Verde y la legitimidad de las calles

Grupo 5 — Nahuel, Tomás, Santiago, Benjamín 1 y Benjamín 2: salud mental y la crítica al encierro

Grupo 6 — Ivana, Montela, Alan y Alex: militancia, juego y hallazgo generacional

La conversación itinerante: el "embronzamiento" y la disputa por el orden

Parte II. El panel en el salón de usos múltiples

Juan José Vargas: la moderación y el reconocimiento del trabajo estudiantil

Fernando Pequeño Ragone: vida sobre muerte, superación de la grieta, transparencia

Andrés Gauffín: el estado de excepción y el desmontaje del estereotipo

Daniel Escotorín: honestidad política y sustento social del liderazgo

Raquel Espinosa: la literatura, el tiempo solapado y las huellas que no desaparecen

Los estudiantes panelistas: Samuel Maguna, Santiago, Gonzalo, la alumna de quinto año, Sebastián y Thiago

Conclusión

Referencias

 

El presente texto es una devolución que la Asociación Miguel Ragone elabora para los estudiantes del Colegio Betania del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20 de Junio que investigan, exponen y discuten en sus stands la vida y obra de Miguel Ragone; para las autoridades y docentes que hacen posible el encuentro; y para los panelistas que acompañan a Fernando Pequeño Ragone en el salón de usos múltiples de la institución. No se trata de una calificación ni de un veredicto, sino de un ejercicio de lectura crítica en el que cada proposición formulada durante la jornada es recuperada y puesta a dialogar con la teoría argentina sobre memoria, transición democrática y violencia política que la Asociación viene trabajando en otras actividades. El ensayo se organiza en dos partes: la primera recorre los stands del patio escolar, con sus seis grupos de investigación y las autoridades institucionales; la segunda reconstruye el panel del salón de usos múltiples, con sus expositores y las preguntas de los estudiantes que allí participan. La intención no es agotar el sentido de lo dicho, sino abrir preguntas: sobre la memoria activa y sus riesgos de idealización, sobre la grieta y las formas de superarla sin negarla, sobre el lugar del orden y la seguridad en un discurso de derechos humanos, y sobre la responsabilidad de la escuela en la transmisión intergeneracional de un pasado que todavía duele.


La jornada tiene lugar en el patio del Colegio Betania del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20 de Junio, donde los estudiantes de nivel secundario exhiben en distintos stands sus investigaciones sobre Miguel Ragone. La actividad se enmarca en el mandato ministerial de trabajar la Memoria, la Verdad y la Justicia, aunque se concreta más tarde en el año que el tradicional 24 de marzo. Fernando Pequeño Ragone recorre los stands como nieto mayor del exgobernador y como presidente de la Asociación que lleva su nombre, en diálogo con Juan José Vargas, profesor de Ciencias Políticas e Historia que impulsó el proyecto desde el aula. Elizabeth Jelin (2002) advierte que la memoria no es un dato fijo del pasado sino un trabajo, una elaboración siempre inconclusa y disputada entre distintos actores sociales; el patio del Betania del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20 de Junio es, en ese sentido, un espacio donde ese trabajo se hace visible en tiempo real, con adolescentes que reconstruyen desde cero una figura que hasta hace poco solo asociaban a un hospital o a una desaparición.

Florentino y el profesor de Ciencias Políticas e Historia: el marco institucional

El director Florentino sostiene que la inteligencia artificial debe entenderse como un medio de apoyo al aprendizaje y no como un sustituto del pensamiento propio, y valora que los alumnos se hayan interesado en vincular la historia de Ragone con el análisis político actual. El profesor Juan José Vargas a cargo del proyecto es quien diseñó la propuesta pedagógica y facilitó la bibliografía. Ambas posiciones habilitan el uso de Gemini y NotebookLM como herramientas de investigación, siempre auditadas por un criterio docente previo.

La incorporación de la IA a la reconstrucción de la memoria histórica no es un dato menor. Beatriz Sarlo (1994) advirtió tempranamente sobre los riesgos de una cultura mediática que privilegia la imagen restaurada, veloz y accesible, por sobre el trabajo lento de archivo; el desafío de esta escuela es sostener, como pide Florentino, que la herramienta module la investigación sin reemplazar la lectura crítica de fuentes. Que la validación tecnológica venga acompañada, en este caso, de visitas a bibliotecas y de entrevistas familiares sugiere que el equilibrio buscado por la institución es, al menos en su formulación, el correcto: la IA como prótesis y no como oráculo.

Grupo 1 — Camila Sol, Yanina y su compañera: el médico del pueblo y la imagen restaurada

El primer stand, a cargo de Camila Sol, Yanina y una tercera integrante, presenta a Ragone como el "médico del pueblo", subrayando su honestidad y su compromiso directo con los sectores más desfavorecidos. El grupo utilizó inteligencia artificial para mejorar la resolución de fotografías históricas sin modificar los rasgos fisonómicos del exgobernador, y reconstruyó su paso por la medicina en Buenos Aires, su función como secretario privado de Ramón Carrillo y su dirección del hospital psiquiátrico en Salta, fundado por él como un hospital general en sus inicios. Señalan además que Ragone intentó construir una posición diferenciada y de debate interno dentro de su propio partido.


Ese último dato —la disidencia interna dentro del peronismo— es más relevante de lo que su brevedad sugiere. Alejandro Horowicz (1986) mostró que el peronismo nunca fue un bloque homogéneo sino la superposición de al menos cuatro tradiciones en tensión permanente; leer a Ragone como una voz diferenciada dentro de ese universo, y no como una anomalía, permite a los estudiantes salir de la lectura mítica del "líder bueno" para entender la complejidad de las luchas internas que explican, en parte, su posterior aislamiento político. La restauración fotográfica, por su lado, puede leerse en clave de lo que Michael Pollak (2006) llama el encuadramiento de la memoria: toda selección de rasgos a preservar —incluidos los de un rostro— es también una decisión sobre qué versión de una persona se transmite a las generaciones siguientes.

Grupo 2 — Mijael Burgos, Lara Paz, Montaña, Torres Tomás, Génesis García Mir y Lucrecia: geopolítica y la historieta giratoria

Este grupo construyó una historieta giratoria —la llaman "crack buera"— para explicar el contexto internacional de la Guerra Fría y la Revolución Cubana de 1959 como telón de fondo de la gestión de Ragone. Consultaron bibliografía histórica, entre ella el libro del periodista Andrés Gauffín, y el sitio institucional de la Asociación Miguel Ragone. El proyecto se trabajó de forma transversal entre Ciencias Políticas e Historia del Pensamiento.


El mérito del dispositivo es sacar a Salta del aislamiento provinciano y ubicarla en la disputa geopolítica global. Guillermo O'Donnell (1972) explicó cómo la modernización económica de posguerra en América Latina generó regímenes que, ante el avance de movimientos populares, recurrieron a formas cada vez más autoritarias de contención; ese marco ayuda a entender por qué un gobernador provincial elegido democráticamente podía representar, a ojos de sectores concentrados, una amenaza de escala continental. El riesgo pedagógico, en cambio, es que el relato de bloques (Este contra Oeste) diluya el conflicto interno, de clases y de facciones, que Luis Alberto Romero (2012) describe como el verdadero motor de la violencia política argentina de esos años: no todo se explica por la geopolítica externa, buena parte se decide en la disputa doméstica por el poder provincial y sindical.

Grupo 3 — Julia, Milena, Evelin, Micael, Morena y Candela: prensa, gobernación e intervención federal

El tercer stand trabaja la cobertura mediática de la gestión de Ragone en diarios como El Tribuno y El Intransigente, que destacaban su carisma y su trayectoria médica. El grupo documenta que la gobernación duró un año, cinco meses y veintidós días, y finalizó el 23 de noviembre de 1973 por la intervención federal decretada por María Estela Martínez de Perón. Investigaron en la Biblioteca Provincial y recuperan el testimonio sobre el secretario de gobierno de Ragone como ejemplo de rectitud y palabra empeñada.


Que la intervención provenga de un gobierno peronista contra un gobernador peronista es un dato que conviene subrayar en el aula: confirma que la fractura no era todavía, en 1973, la "grieta" bipartidista que describe Alejandro Grimson (2019) para la Argentina contemporánea, sino una fractura interna al propio movimiento, entre sus alas de izquierda y derecha. Marina Franco (2012) documenta cómo, en el tramo previo al golpe de 1976, el propio aparato estatal —incluso bajo gobiernos constitucionales— fue erosionando garantías y deslegitimando experiencias provinciales de raíz popular; la intervención a Salta puede leerse como un antecedente de ese proceso, un ensayo de la "democracia tutelada" que anticipa formas más brutales de control político.

Gloria Abraham: pluralismo pedagógico y autogestión institucional

Gloria Abraham, coordinadora institucional del Colegio Betania del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20 de Junio, sostiene que la escuela promueve la democracia y la incorporación de posturas diversas, y que si hubiera existido un sesgo partidario la institución no habría abierto sus puertas a la muestra. Valora que los alumnos comprendan el legado en vida de Ragone y aclara que la inteligencia artificial se usó como dispositivo comparativo y no como fuente única. Describe además la estructura de financiamiento: el colegio integra la red de dieciséis instituciones del Arzobispado, cuenta con un convenio estatal que cubre exclusivamente los sueldos docentes, y sostiene con la cuota estudiantil los costos de infraestructura y los salarios del personal de maestranza, cinco ordenanzas en total. Recuerda que la institución nació en 1965 con talleres impulsados por la monja Blanca Conde y los salesianos, y que incorporó el nivel secundario con orientación en Humanidades y Ciencias Sociales recién en 2023.

La afirmación de neutralidad ("formación de criterio", no "adoctrinamiento") es, en sí misma, una posición política que merece ser leída con cuidado, sin necesidad de impugnarla: toda escuela que aloja la memoria de una figura peronista desaparecida por el propio Estado toma, lo declare o no, una posición. Elizabeth Jelin (2002) distingue entre la memoria oficial que administran las instituciones y la memoria social que circula por fuera de ellas; el gesto de Gloria Abraham puede entenderse como un esfuerzo legítimo por sostener ambas a la vez, sin que la segunda quede subordinada a la primera. Vale la pena que estudiantes y docentes sigan preguntándose, más allá de esta jornada, si es posible enseñar la vida de un militante político sin nombrar la política que lo llevó a esa vida.

Daniel, el docente: ampliar la agenda de los derechos humanos

El profesor Daniel plantea que las nuevas generaciones demandan incorporar temáticas contemporáneas urgentes —la ecología, el medio ambiente, la soberanía alimentaria— a la agenda clásica de derechos humanos, y expresa su desilusión por la escasa convocatoria de referentes de organismos formales a un esfuerzo pedagógico de esta magnitud. Coincide en que la juventud actual no comparte la postura antiestatal rígida de generaciones anteriores y busca canales concretos de participación.

Diana Maffía (2016) argumenta que los marcos de derechos humanos ganan potencia política cuando logran articularse con otras luchas —de género, ambientales, territoriales— en lugar de mantenerse como compartimentos estancos; la propuesta de Daniel va en esa dirección y anticipa, sin saberlo, buena parte de lo que más adelante, en la conversación itinerante hacia el salón de actos, Fernando y sus interlocutores llamarán el "embronzamiento" de las organizaciones tradicionales: estructuras que, al no renovar su agenda, terminan ausentes justamente en los espacios —como este colegio— donde la memoria se está construyendo de nuevo.

Grupo 4 — Leandro, Elianca, Matías Chávez y Leonel Sánchez: la Lista Verde y la legitimidad de las calles

Este grupo de cuarto año reconstruye la base social de la gestión de 1973: la juventud, los trabajadores y las organizaciones populares que respaldaron a Ragone y ejercían la política en las calles. Documentan el triunfo electoral de la Lista Verde, con el 57 % de los votos —121.500 sufragios—, y reconocen la figura del "médico del pueblo" desde la cercanía social. Identifican, además, tensiones y divisiones internas entre los sectores de izquierda y derecha del peronismo de la época, y admiten no haber conocido antes a Ragone, habiendo llegado a él a través del juicio por su desaparición.

La cifra electoral no es un dato decorativo: es la evidencia de una legitimidad de origen que ninguna intervención federal ni ningún relato posterior puede borrar del todo. Horowicz (1986) vuelve a ser aquí una llave de lectura imprescindible para entender que esas "tensiones entre izquierda y derecha" que detecta el grupo no eran un defecto del movimiento sino su estructura misma; y O'Donnell (1972) permite entender por qué un triunfo tan claro en las urnas resultó, paradójicamente, en una intervención siete meses después: cuanto mayor la movilización popular por canales democráticos, mayor la reacción de los sectores que veían en esa legitimidad una amenaza al orden que pretendían preservar.

Grupo 5 — Nahuel, Tomás, Santiago, Benjamín 1 y Benjamín 2: salud mental y la crítica al encierro

El quinto stand reconstruye la trayectoria médica de Ragone: nacido el 15 de enero de 1921 en San Miguel de Tucumán, graduado como neurocirujano en la Universidad de Buenos Aires en 1948, impulsor junto a Ramón Carrillo del centro neuropsiquiátrico que en Salta llevó primero el nombre de Cristofredo Jacob y que en 2003 fue rebautizado Hospital de Salud Mental Miguel Ragone. El grupo destaca que Ragone propuso reemplazar el esquema manicomial por una atención multidisciplinaria con psicopedagogos, psiquiatras y contención familiar, y documenta cómo obtuvieron el informe institucional solicitándolo por la página de Facebook del hospital. En sus consultas familiares, el abuelo de 75 años de uno de los alumnos recordó a Ragone como un "médico bueno", mientras otros familiares solo registraban el dato de su secuestro.

Pilar Calveiro (2005) invita a pensar las instituciones de encierro —cárceles, manicomios, centros clandestinos— como tecnologías emparentadas de control sobre los cuerpos, aun cuando sus fines declarados sean opuestos; leído con esa lupa, el gesto de Ragone de desarmar el manicomio tradicional adquiere una coherencia política más amplia que la meramente sanitaria: es también una forma de desconfiar del encierro como respuesta social. Por otro lado, la brecha entre el abuelo que recuerda a un "médico bueno" y los familiares que solo registran el secuestro ilustra con precisión lo que Elizabeth Jelin (2002) describe como la fragmentación intergeneracional de la memoria: cada generación retiene una porción distinta del mismo pasado, y es tarea de la escuela —como está ocurriendo aquí— volver a coserlas.

Grupo 6 — Ivana, Montela, Alan y Alex: militancia, juego y hallazgo generacional

El sexto stand, liderado por Ivana junto a Montela, Alan y Alex, diseñó una trivia con caramelos para atraer a sus compañeros hacia el estudio de la militancia política de Ragone, su ayuda a los sectores trabajadores y la persecución que sufrió por sostener sus ideales. Generaron con inteligencia artificial una ilustración de Ragone asistiendo a familias de bajos recursos. Reconocen que antes de investigar solo vinculaban su nombre al hospital psiquiátrico o a la desaparición, y constatan que sus abuelos de 86 años recuerdan el impacto social de la desaparición con una intensidad que sus padres, más jóvenes, no comparten por no haber vivido el período.

La ludificación de la memoria —convertirla en trivia, en premio, en caramelo— puede generar la incomodidad que anticipa Beatriz Sarlo (1994) frente a una cultura que tiende a espectacularizar el pasado; pero conviene no apresurar el juicio, porque el resultado que el propio grupo declara —el "descubrimiento" de una faceta política antes desconocida— es exactamente el efecto que Michael Pollak (2006) atribuye a los dispositivos de transmisión exitosos: lograr que una memoria antes privada, fragmentaria y dolorosa, se vuelva socialmente compartible. El contraste entre los tres tramos etarios —abuelos, padres, estudiantes— confirma, una vez más, que esa transmisión no es automática y requiere mediaciones activas como la que este stand construyó.

La conversación itinerante: el "embronzamiento" y la disputa por el orden

Camino al salón de usos múltiples, Fernando conversa con el historiador Daniel Escotorín, el periodista Andrés Gauffín y la representante legal del colegio. Fernando sostiene que las organizaciones de derechos humanos de Salta Capital se "broncearon", convertidas en estatuas autorreferenciales que paralizan la gestión política real; denuncia el centralismo capitalino que ignora al interior provincial y a la juventud, y la cooptación burocrática de organismos que delegan en el Estado su agenda propia. Sostiene, además, que en 2026 mantener una postura dogmáticamente antiestatal y tener "alergia" a las palabras orden y seguridad constituye una ingenuidad que regala esas demandas a los sectores conservadores, y llega a mencionar, como ejemplo de sociedades organizadas en torno a un orden firme, a China, Vietnam, Cuba y Corea del Norte. Daniel Escotorín coincide en la necesidad de renovar la agenda de derechos humanos hacia la ecología y la soberanía alimentaria, y lamenta la apatía institucional; Andrés Gauffín acompaña el diagnóstico y señala la contradicción de dirigencias que se proclaman federalistas y están ausentes del interior. La representante legal aporta el dato del financiamiento institucional y evoca al Padre Martearena como un gestor que "pateaba puertas" ante el Estado.

Esta es, probablemente, la intervención que más exige ser problematizada, y se la devuelve aquí con el mismo respeto con que fue dicha, sin transformarla en caricatura ni en verdad indiscutida. La crítica al inmovilismo de ciertos organismos de derechos humanos tiene sustento: Diana Maffía (2016) y el propio testimonio de Daniel sobre la agenda ambiental coinciden en que estructuras verticalistas y poco permeables a lo nuevo terminan reproduciendo, puertas adentro, las mismas lógicas autoritarias que dicen combatir puertas afuera. Pero la mención de regímenes como Corea del Norte o Cuba como modelos de "orden" es un salto que la teoría sobre memoria y transición democrática obliga a mirar con lupa. Sofía Tiscornia (2004) mostró que, en la historia argentina, el reclamo de "orden y seguridad" ha operado muchas veces por fuera —y hasta en contra— del imperio del derecho, legitimando prácticas policiales y estatales que luego resultaron difíciles de contener; reclamar esas palabras sin fijarles un límite explícito en los derechos humanos no es un gesto neutro, es reabrir una discusión que la propia historia de Ragone —perseguido precisamente por un aparato estatal que invocaba el orden— vuelve especialmente delicada. Guillermo O'Donnell (1972) agrega que los regímenes autoritarios latinoamericanos del siglo XX se legitimaron, en buena medida, apelando al mismo binomio orden-desorden que aquí se recupera como bandera progresista; y Alejandro Grimson (2019) permite ver la ironía de fondo: al mismo tiempo que se denuncia el maniqueísmo de "la grieta", se propone una nueva línea divisoria —embronzados contra vitales, antiestatales contra realistas— que corre el riesgo de reproducir la misma lógica binaria que se quiere superar. Ninguna de estas objeciones invalida la pregunta de fondo que Fernando formula —¿por qué ceder el monopolio del orden a la derecha?—; simplemente exige que la respuesta se construya con los mismos límites de derechos humanos que Ragone encarnó, y no a pesar de ellos.

El recorrido por los stands, tomado en conjunto, muestra una escuela que decidió no reducir a Miguel Ragone al lugar de la víctima, sino investigar su vida, su profesión, su base electoral y sus contradicciones internas. Los seis grupos, cada uno desde un ángulo distinto —lo médico, lo geopolítico, lo mediático, lo electoral, lo sanitario y lo militante—, construyen entre todos una figura más completa que la que ofrece cualquier relato único. La conversación itinerante final, en cambio, recuerda que esa memoria activa no está exenta de tensiones políticas propias, actuales, que merecen el mismo tratamiento crítico que se aplica al pasado.


El conversatorio "Recuperar la vida y la obra del Dr. Miguel Ragone" reúne en el flamante polideportivo escolar a estudiantes de tercero, cuarto y quinto año con un panel integrado por Fernando Pequeño Ragone, el periodista Andrés Gauffín, el historiador Daniel Escotorín y la escritora Raquel Espinosa, bajo la moderación del profesor Juan José Vargas. El objetivo declarado es evaluar las investigaciones escolares y reflexionar sobre la trascendencia de la vida y obra de Ragone, desplazando el eje de la victimización trágica hacia la ética pública y superando las lógicas de la polarización estéril que Alejandro Grimson (2019) describe bajo el nombre de "la grieta".

Juan José Vargas: la moderación y el reconocimiento del trabajo estudiantil

El profesor Juan José Vargas organiza el encuentro y destaca la dedicación de los estudiantes de cuarto año, que acudieron a archivos, bibliotecas y hospitales para indagar la historia local de manera responsable, y agradece a los invitados y al equipo docente y directivo por hacer posible la actividad.

Ese gesto de reconocimiento institucional no es menor: Elizabeth Jelin (2002) subraya que la transmisión intergeneracional de la memoria depende de mediaciones —docentes, escuelas, rituales escolares— que legitimen el trabajo de investigación de los jóvenes como un aporte válido y no como una simple tarea escolar más.

Fernando Pequeño Ragone: vida sobre muerte, superación de la grieta, transparencia

Fernando sostiene que el verdadero valor histórico de su abuelo radica en su potencia vital y en su trabajo con los sectores humildes, no en su condición de víctima; que ubicar a Ragone dentro de la grieta política equivaldría a destruirlo por segunda vez, porque su legado promueve el diálogo democrático; que la transparencia es un ejercicio cotidiano que exige valentía y constituye el homenaje más genuino que puede rendírsele; y que la orfandad, el miedo y la dispersión ideológico-económica que atravesó su propia familia tras el secuestro encontraron una salida en la educación pública y en el trabajo desde la sociedad civil. Agrega que las marchas del 24 de marzo evocan el límite ético del "no matarás", y que haber pasado por el Estado le permitió comprender el funcionamiento del poder, aunque su permanencia en la sociedad civil es lo que garantiza su independencia para decir la verdad.

La operación de sacar a Ragone de la grieta es, en términos de Jelin (2002), un intento de construir una "memoria ejemplar": aquella que, sin negar el dolor, lo transforma en una lección transferible a cualquier signo político. Es un gesto valioso y, a la vez, delicado: Grimson (2019) advertiría que declarar a una figura "por encima" de la grieta es también una posición dentro de la grieta, en la medida en que implica decidir qué lecturas quedan legitimadas y cuáles no. Pilar Calveiro (2005), por su parte, permite leer el relato de la orfandad y el trabajo posterior en la sociedad civil como un ejemplo de reelaboración subjetiva de la violencia estatal: el paso del duelo paralizante a la acción organizada es, en su análisis, una de las formas en que los sobrevivientes y sus descendientes logran restituir sentido a una historia que el terrorismo de Estado quiso volver ininteligible.

Andrés Gauffín: el estado de excepción y el desmontaje del estereotipo

Gauffín caracteriza a Ragone como un dirigente "terco", de convicciones firmes, y explica que su investigación buscó desarmar la versión estereotipada que circulaba sobre el exgobernador acudiendo a archivos y testimonios directos. Encuadra la intervención federal y el posterior secuestro de Ragone bajo la categoría de Estado de Excepción: un período en que los derechos estaban formalmente reconocidos mientras el estado de sitio los declaraba, de hecho, no garantizados. Advierte, además, que la desvalorización actual de la palabra "derechos" en el debate público reactiva riesgos institucionales comparables a los del pasado predictatorial, y recuerda que las evidencias del juicio de 2011 fueron determinantes para sistematizar su investigación.

El concepto de Estado de Excepción que Gauffín recupera dialoga directamente con el análisis de Guillermo O'Donnell (1972) sobre los gobiernos burocrático-autoritarios latinoamericanos, que combinaban legalidad formal con suspensión efectiva de garantías; leídos juntos, ayudan a entender que 1976 no fue un quiebre sin antecedentes sino la radicalización de mecanismos —interventores federales, estados de sitio, proscripciones— que ya operaban desde antes. La alerta de Gauffín sobre el vaciamiento del lenguaje de derechos encuentra respaldo en Marina Franco (2012), quien documenta cómo la erosión discursiva de esas garantías, antes de cualquier golpe, prepara culturalmente el terreno para la violencia estatal posterior.

Daniel Escotorín: honestidad política y sustento social del liderazgo

Escotorín destaca la honestidad e integridad de Ragone como contraejemplo frente a la corrupción pública, y sostiene que ningún líder —ni Ragone, ni Salvador Allende, ni Martín Miguel de Güemes— transforma la realidad de manera aislada: su significación histórica proviene del respaldo de miles de ciudadanos que sostienen su palabra empeñada. Afirma que investigar la historia local demuestra que Salta no es una sociedad pasiva sino un pueblo con tradición de lucha, y relata que el acceso a fuentes de época se vio dificultado por la quema o destrucción de documentación por parte de familias y sindicatos atemorizados. Concluye que la política es una actividad inevitable y necesaria para curar las desigualdades sociales.

La comparación entre Ragone, Allende y Güemes construye una genealogía de liderazgos populares regionales que, en términos de Pollak (2006), cumple una función de encuadramiento: ofrece a los estudiantes un relato coherente y transmisible, aunque selectivo. Luis Alberto Romero (2012) permite matizar esa genealogía situándola en la larga serie de ciclos de movilización y represión que atraviesan la historia argentina del siglo XX, de modo que el caso salteño se lea no como excepción sino como variante regional de un patrón nacional. El dato sobre la quema de documentos por temor, finalmente, es un testimonio directo de lo que Franco (2012) describe como el clima de autocensura social que antecede y acompaña a la violencia estatal.

Raquel Espinosa: la literatura, el tiempo solapado y las huellas que no desaparecen

Raquel Espinosa explica que la ficción literaria no se opone a la verdad histórica sino que se nutre de la inmersión subjetiva del investigador, tomando como ejemplo el testimonio de Daniel Escotorín, quien llegó a soñar en blanco y negro por su trabajo con los periódicos de 1976. Sostiene que la literatura permite que pasado, presente y futuro se reflejen en un presente continuo, evitando que hechos de 1973 o 1976 queden relegados a un archivo muerto. Comparte su propia memoria: a los quince o dieciséis años, en Cerrillos, presenció los operativos policiales nocturnos que buscaban al gobernador ya desaparecido por el propio Estado. Afirma, como convicción teórica, que "nadie desaparece totalmente sin dejar huellas", y sostiene que la literatura aporta una dimensión afectiva que el dato historiográfico por sí solo no logra transmitir, funcionando como antídoto contra la monumentalización y como pedagogía de la esperanza frente al duelo social.

La intervención de Espinosa es, de las cinco voces del panel, la que más explícitamente pone en juego la relación entre memoria y narrativa que Jelin (2002) coloca en el centro de sus "trabajos de la memoria": no hay memoria sin relato, y todo relato —también el literario— es una forma legítima de elaboración del pasado. Sarlo (1994) matizaría esa afirmación recordando que la empatía narrativa, cuando reemplaza por completo a la explicación histórica, puede volver el pasado más consumible pero menos comprensible; el propio planteo de Espinosa, sin embargo, evita ese riesgo al proponer la literatura como complemento del dato duro y no como su sustituto. Pollak (2006) ofrece, finalmente, la clave conceptual para entender la frase central de la escritora: las huellas que "nadie puede borrar totalmente" son, en su vocabulario, la memoria subterránea que sobrevive a la represión y que tarde o temprano encuentra un canal —una investigación escolar, una novela, un stand con caramelos— para volverse memoria pública.

Los estudiantes panelistas: Samuel Maguna, Santiago, Gonzalo, la alumna de quinto año, Sebastián y Thiago

Cierran el panel las preguntas de los estudiantes, quienes indagan sobre las dificultades de investigar en archivos, el peso simbólico de llevar el apellido Ragone, el legado que corresponde transmitir a las generaciones siguientes y el sentido que tiene, para su propia generación, conmemorar el 24 de marzo y participar políticamente.

Que sean los propios estudiantes quienes formulen estas preguntas —y no solo las reciban ya respondidas— es el mejor indicador de que la jornada cumplió su propósito. Jelin (2002) insiste en que la memoria solo se sostiene en el tiempo si cada generación la retoma con preguntas propias, no si la repite como fórmula heredada; las preguntas de Samuel, Santiago, Gonzalo, la alumna de quinto año, Sebastián y Thiago muestran a una generación que no se conforma con la versión recibida y que empieza a construir su propia relación, crítica y activa, con esta historia.

Leído en conjunto, el recorrido por los stands y el panel del salón de usos múltiples configuran dos registros complementarios de un mismo esfuerzo: sacar a Miguel Ragone del lugar de la víctima estática para devolverle la complejidad de una vida política concreta. Ese movimiento encuentra respaldo en Elizabeth Jelin (2002) que entiende la memoria como trabajo inacabado, en Michael Pollak (2006) que explica cómo se encuadran y transmiten las memorias subterráneas, y en Pilar Calveiro (2005) que permite pensar la reelaboración subjetiva de la violencia estatal sin reducirla a un relato de horror sin salida. Al mismo tiempo, tanto la conversación itinerante sobre el "embronzamiento" como la propia apelación de Fernando a superar la grieta muestran que ninguna memoria activa está libre de tomar posición: Alejandro Grimson (2019) y Guillermo O'Donnell (1972) sirven aquí de advertencia sobre los riesgos de sustituir un binarismo por otro, o de reclamar el orden sin fijarle límites de derechos humanos, algo que Sofía Tiscornia (2004) documentó como una tensión históricamente peligrosa en la Argentina. Marina Franco (2012) y Luis Alberto Romero (2012) ofrecen el marco histórico general que permite situar el caso de Ragone —su triunfo electoral, su intervención, su secuestro— dentro de un proceso nacional de erosión democrática que no comenzó en 1976. Alejandro Horowicz (1986) recuerda que esa historia no puede narrarse sin las tensiones internas del propio peronismo, y Diana Maffía (2016) invita a que la agenda de derechos humanos que se construye en este colegio siga ampliándose hacia las nuevas demandas —ambientales, de género, territoriales— que los propios estudiantes ya empiezan a nombrar. Beatriz Sarlo (1994), por último, funciona como un llamado a la cautela: ni la imagen restaurada por inteligencia artificial ni la trivia con caramelos ni la empatía narrativa deben reemplazar el trabajo paciente de leer, archivar y discutir. Esta escuela, con sus seis grupos y su panel, demostró que es capaz de sostener ese trabajo paciente.

A los estudiantes de los seis grupos, a Florentino, a Gloria Abraham, al profesor Juan José Vargas de Ciencias Políticas e Historia, a Daniel, a Andrés Gauffín, a Daniel Escotorín y a Raquel Espinosa, la Asociación Miguel Ragone agradece el espacio compartido y devuelve este ensayo como lo que es: no un cierre, sino una invitación a seguir investigando, discutiendo y, sobre todo, preguntando.

  1. Calveiro, P. (2005). Política y/o violencia: Una aproximación a la guerrilla de los años 70. Grupo Editorial Norma.
  2. Franco, M. (2012). Un enemigo para la nación: Orden interno, violencia y "subversión", 1973-1976. Fondo de Cultura Económica.
  3. Grimson, A. (2019). ¿Qué es la grieta? Ilusiones y realidades de la polarización argentina. Siglo Veintiuno Editores.
  4. Horowicz, A. (1986). Los cuatro peronismos. Editorial Legasa.
  5. Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo Veintiuno Editores.
  6. Maffía, D. (2016). Feminismos y epistemologías críticas: Debates para pensar la desigualdad. CLACSO.
  7. O'Donnell, G. (1972). Modernización y autoritarismo. Editorial Paidós.
  8. Pollak, M. (2006). Memoria, olvido, silencio: La producción social de identidades frente a situaciones límite. Ediciones Al Margen.
  9. Romero, L. A. (2012). Breve historia contemporánea de la Argentina, 1916-2010 (3.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.
  10. Sarlo, B. (1994). Escenas de la vida posmoderna: Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Editorial Ariel.
  11. Tiscornia, S. (2004). Entre el imperio del "Estado de policía" y los límites de la ley: Seguridad ciudadana y policía en la Argentina. Nueva Sociedad, 191, 78-89.

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