Volver al patio, volver a
la memoria activa
Devolución
analítica de la jornada pedagógica sobre Miguel Ragone en el Colegio Betania
del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20 de Junio
Contenidos:
Parte I. El recorrido por los stands: la memoria activa puesta en
escena
Florentino y el profesor de Ciencias Políticas e Historia: el marco institucional
Grupo 1 — Camila Sol, Yanina y su compañera: el médico del pueblo y la imagen restaurada
Gloria Abraham: pluralismo pedagógico y autogestión institucional
Daniel, el docente: ampliar la agenda de los derechos humanos
Grupo 5 — Nahuel, Tomás, Santiago, Benjamín 1 y Benjamín 2: salud mental y la crítica al encierro
Grupo 6 — Ivana, Montela, Alan y Alex: militancia, juego y hallazgo generacional
La conversación itinerante: el "embronzamiento" y la disputa por el orden
Parte II. El panel en el salón de usos múltiples
Juan José Vargas: la moderación y el reconocimiento del trabajo estudiantil
Fernando Pequeño Ragone: vida sobre muerte, superación de la grieta, transparencia
Andrés Gauffín: el estado de excepción y el desmontaje del estereotipo
Daniel Escotorín: honestidad política y sustento social del liderazgo
Raquel Espinosa: la literatura, el tiempo solapado y las huellas que no desaparecen
El presente texto
es una devolución que la Asociación Miguel Ragone elabora para los estudiantes
del Colegio Betania del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20 de Junio que
investigan, exponen y discuten en sus stands la vida y obra de Miguel Ragone;
para las autoridades y docentes que hacen posible el encuentro; y para los
panelistas que acompañan a Fernando Pequeño Ragone en el salón de usos
múltiples de la institución. No se trata de una calificación ni de un
veredicto, sino de un ejercicio de lectura crítica en el que cada proposición
formulada durante la jornada es recuperada y puesta a dialogar con la teoría
argentina sobre memoria, transición democrática y violencia política que la
Asociación viene trabajando en otras actividades. El ensayo se organiza en dos
partes: la primera recorre los stands del patio escolar, con sus seis grupos de
investigación y las autoridades institucionales; la segunda reconstruye el panel
del salón de usos múltiples, con sus expositores y las preguntas de los
estudiantes que allí participan. La intención no es agotar el sentido de lo
dicho, sino abrir preguntas: sobre la memoria activa y sus riesgos de
idealización, sobre la grieta y las formas de superarla sin negarla, sobre el
lugar del orden y la seguridad en un discurso de derechos humanos, y sobre la
responsabilidad de la escuela en la transmisión intergeneracional de un pasado
que todavía duele.
La jornada tiene
lugar en el patio del Colegio Betania del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20
de Junio, donde los estudiantes de nivel secundario exhiben en distintos stands
sus investigaciones sobre Miguel Ragone. La actividad se enmarca en el mandato
ministerial de trabajar la Memoria, la Verdad y la Justicia, aunque se concreta
más tarde en el año que el tradicional 24 de marzo. Fernando Pequeño Ragone
recorre los stands como nieto mayor del exgobernador y como presidente de la
Asociación que lleva su nombre, en diálogo con Juan José Vargas, profesor de
Ciencias Políticas e Historia que impulsó el proyecto desde el aula. Elizabeth
Jelin (2002) advierte que la memoria no es un dato fijo del pasado sino un
trabajo, una elaboración siempre inconclusa y disputada entre distintos actores
sociales; el patio del Betania del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20 de Junio
es, en ese sentido, un espacio donde ese trabajo se hace visible en tiempo
real, con adolescentes que reconstruyen desde cero una figura que hasta hace
poco solo asociaban a un hospital o a una desaparición.
Florentino
y el profesor de Ciencias Políticas e Historia: el marco institucional
El director
Florentino sostiene que la inteligencia artificial debe entenderse como un
medio de apoyo al aprendizaje y no como un sustituto del pensamiento propio, y
valora que los alumnos se hayan interesado en vincular la historia de Ragone
con el análisis político actual. El profesor Juan José Vargas a cargo del
proyecto es quien diseñó la propuesta pedagógica y facilitó la bibliografía.
Ambas posiciones habilitan el uso de Gemini y NotebookLM como herramientas de
investigación, siempre auditadas por un criterio docente previo.
La incorporación
de la IA a la reconstrucción de la memoria histórica no es un dato menor.
Beatriz Sarlo (1994) advirtió tempranamente sobre los riesgos de una cultura
mediática que privilegia la imagen restaurada, veloz y accesible, por sobre el
trabajo lento de archivo; el desafío de esta escuela es sostener, como pide
Florentino, que la herramienta module la investigación sin reemplazar la
lectura crítica de fuentes. Que la validación tecnológica venga acompañada, en
este caso, de visitas a bibliotecas y de entrevistas familiares sugiere que el
equilibrio buscado por la institución es, al menos en su formulación, el
correcto: la IA como prótesis y no como oráculo.
Grupo
1 — Camila Sol, Yanina y su compañera: el médico del pueblo y la imagen
restaurada
El primer stand,
a cargo de Camila Sol, Yanina y una tercera integrante, presenta a Ragone como
el "médico del pueblo", subrayando su honestidad y su compromiso
directo con los sectores más desfavorecidos. El grupo utilizó inteligencia
artificial para mejorar la resolución de fotografías históricas sin modificar
los rasgos fisonómicos del exgobernador, y reconstruyó su paso por la medicina
en Buenos Aires, su función como secretario privado de Ramón Carrillo y su
dirección del hospital psiquiátrico en Salta, fundado por él como un hospital
general en sus inicios. Señalan además que Ragone intentó construir una
posición diferenciada y de debate interno dentro de su propio partido.
Ese último dato
—la disidencia interna dentro del peronismo— es más relevante de lo que su
brevedad sugiere. Alejandro Horowicz (1986) mostró que el peronismo nunca fue
un bloque homogéneo sino la superposición de al menos cuatro tradiciones en
tensión permanente; leer a Ragone como una voz diferenciada dentro de ese
universo, y no como una anomalía, permite a los estudiantes salir de la lectura
mítica del "líder bueno" para entender la complejidad de las luchas
internas que explican, en parte, su posterior aislamiento político. La
restauración fotográfica, por su lado, puede leerse en clave de lo que Michael
Pollak (2006) llama el encuadramiento de la memoria: toda selección de rasgos a
preservar —incluidos los de un rostro— es también una decisión sobre qué
versión de una persona se transmite a las generaciones siguientes.
Grupo
2 — Mijael Burgos, Lara Paz, Montaña, Torres Tomás, Génesis García Mir y
Lucrecia: geopolítica y la historieta giratoria
Este grupo
construyó una historieta giratoria —la llaman "crack buera"— para
explicar el contexto internacional de la Guerra Fría y la Revolución Cubana de
1959 como telón de fondo de la gestión de Ragone. Consultaron bibliografía
histórica, entre ella el libro del periodista Andrés Gauffín, y el sitio
institucional de la Asociación Miguel Ragone. El proyecto se trabajó de forma
transversal entre Ciencias Políticas e Historia del Pensamiento.
El mérito del
dispositivo es sacar a Salta del aislamiento provinciano y ubicarla en la
disputa geopolítica global. Guillermo O'Donnell (1972) explicó cómo la
modernización económica de posguerra en América Latina generó regímenes que,
ante el avance de movimientos populares, recurrieron a formas cada vez más
autoritarias de contención; ese marco ayuda a entender por qué un gobernador
provincial elegido democráticamente podía representar, a ojos de sectores
concentrados, una amenaza de escala continental. El riesgo pedagógico, en
cambio, es que el relato de bloques (Este contra Oeste) diluya el conflicto
interno, de clases y de facciones, que Luis Alberto Romero (2012) describe como
el verdadero motor de la violencia política argentina de esos años: no todo se
explica por la geopolítica externa, buena parte se decide en la disputa
doméstica por el poder provincial y sindical.
Grupo
3 — Julia, Milena, Evelin, Micael, Morena y Candela: prensa, gobernación e
intervención federal
El tercer stand
trabaja la cobertura mediática de la gestión de Ragone en diarios como El
Tribuno y El Intransigente, que destacaban su carisma y su trayectoria médica.
El grupo documenta que la gobernación duró un año, cinco meses y veintidós
días, y finalizó el 23 de noviembre de 1973 por la intervención federal
decretada por María Estela Martínez de Perón. Investigaron en la Biblioteca
Provincial y recuperan el testimonio sobre el secretario de gobierno de Ragone
como ejemplo de rectitud y palabra empeñada.
Que la
intervención provenga de un gobierno peronista contra un gobernador peronista
es un dato que conviene subrayar en el aula: confirma que la fractura no era
todavía, en 1973, la "grieta" bipartidista que describe Alejandro
Grimson (2019) para la Argentina contemporánea, sino una fractura interna al
propio movimiento, entre sus alas de izquierda y derecha. Marina Franco (2012)
documenta cómo, en el tramo previo al golpe de 1976, el propio aparato estatal
—incluso bajo gobiernos constitucionales— fue erosionando garantías y
deslegitimando experiencias provinciales de raíz popular; la intervención a
Salta puede leerse como un antecedente de ese proceso, un ensayo de la
"democracia tutelada" que anticipa formas más brutales de control
político.
Gloria
Abraham: pluralismo pedagógico y autogestión institucional
Gloria Abraham, coordinadora institucional del Colegio Betania del Sagrado Corazón Nº 8009 en Villa 20 de Junio, sostiene que la escuela promueve la democracia y la incorporación de posturas diversas, y que si hubiera existido un sesgo partidario la institución no habría abierto sus puertas a la muestra. Valora que los alumnos comprendan el legado en vida de Ragone y aclara que la inteligencia artificial se usó como dispositivo comparativo y no como fuente única. Describe además la estructura de financiamiento: el colegio integra la red de dieciséis instituciones del Arzobispado, cuenta con un convenio estatal que cubre exclusivamente los sueldos docentes, y sostiene con la cuota estudiantil los costos de infraestructura y los salarios del personal de maestranza, cinco ordenanzas en total. Recuerda que la institución nació en 1965 con talleres impulsados por la monja Blanca Conde y los salesianos, y que incorporó el nivel secundario con orientación en Humanidades y Ciencias Sociales recién en 2023.
La afirmación de
neutralidad ("formación de criterio", no "adoctrinamiento")
es, en sí misma, una posición política que merece ser leída con cuidado, sin
necesidad de impugnarla: toda escuela que aloja la memoria de una figura
peronista desaparecida por el propio Estado toma, lo declare o no, una
posición. Elizabeth Jelin (2002) distingue entre la memoria oficial que
administran las instituciones y la memoria social que circula por fuera de
ellas; el gesto de Gloria Abraham puede entenderse como un esfuerzo legítimo
por sostener ambas a la vez, sin que la segunda quede subordinada a la primera.
Vale la pena que estudiantes y docentes sigan preguntándose, más allá de esta
jornada, si es posible enseñar la vida de un militante político sin nombrar la
política que lo llevó a esa vida.
Daniel,
el docente: ampliar la agenda de los derechos humanos
El profesor
Daniel plantea que las nuevas generaciones demandan incorporar temáticas
contemporáneas urgentes —la ecología, el medio ambiente, la soberanía
alimentaria— a la agenda clásica de derechos humanos, y expresa su desilusión
por la escasa convocatoria de referentes de organismos formales a un esfuerzo
pedagógico de esta magnitud. Coincide en que la juventud actual no comparte la
postura antiestatal rígida de generaciones anteriores y busca canales concretos
de participación.
Diana Maffía
(2016) argumenta que los marcos de derechos humanos ganan potencia política
cuando logran articularse con otras luchas —de género, ambientales,
territoriales— en lugar de mantenerse como compartimentos estancos; la
propuesta de Daniel va en esa dirección y anticipa, sin saberlo, buena parte de
lo que más adelante, en la conversación itinerante hacia el salón de actos,
Fernando y sus interlocutores llamarán el "embronzamiento" de las
organizaciones tradicionales: estructuras que, al no renovar su agenda,
terminan ausentes justamente en los espacios —como este colegio— donde la
memoria se está construyendo de nuevo.
Grupo
4 — Leandro, Elianca, Matías Chávez y Leonel Sánchez: la Lista Verde y la
legitimidad de las calles
Este grupo de
cuarto año reconstruye la base social de la gestión de 1973: la juventud, los
trabajadores y las organizaciones populares que respaldaron a Ragone y ejercían
la política en las calles. Documentan el triunfo electoral de la Lista Verde,
con el 57 % de los votos —121.500 sufragios—, y reconocen la figura del
"médico del pueblo" desde la cercanía social. Identifican, además,
tensiones y divisiones internas entre los sectores de izquierda y derecha del
peronismo de la época, y admiten no haber conocido antes a Ragone, habiendo
llegado a él a través del juicio por su desaparición.
La cifra
electoral no es un dato decorativo: es la evidencia de una legitimidad de
origen que ninguna intervención federal ni ningún relato posterior puede borrar
del todo. Horowicz (1986) vuelve a ser aquí una llave de lectura imprescindible
para entender que esas "tensiones entre izquierda y derecha" que
detecta el grupo no eran un defecto del movimiento sino su estructura misma; y
O'Donnell (1972) permite entender por qué un triunfo tan claro en las urnas
resultó, paradójicamente, en una intervención siete meses después: cuanto mayor
la movilización popular por canales democráticos, mayor la reacción de los
sectores que veían en esa legitimidad una amenaza al orden que pretendían
preservar.
Grupo
5 — Nahuel, Tomás, Santiago, Benjamín 1 y Benjamín 2: salud mental y la crítica
al encierro
El quinto stand
reconstruye la trayectoria médica de Ragone: nacido el 15 de enero de 1921 en
San Miguel de Tucumán, graduado como neurocirujano en la Universidad de Buenos
Aires en 1948, impulsor junto a Ramón Carrillo del centro neuropsiquiátrico que
en Salta llevó primero el nombre de Cristofredo Jacob y que en 2003 fue
rebautizado Hospital de Salud Mental Miguel Ragone. El grupo destaca que Ragone
propuso reemplazar el esquema manicomial por una atención multidisciplinaria
con psicopedagogos, psiquiatras y contención familiar, y documenta cómo
obtuvieron el informe institucional solicitándolo por la página de Facebook del
hospital. En sus consultas familiares, el abuelo de 75 años de uno de los
alumnos recordó a Ragone como un "médico bueno", mientras otros
familiares solo registraban el dato de su secuestro.
Pilar Calveiro
(2005) invita a pensar las instituciones de encierro —cárceles, manicomios,
centros clandestinos— como tecnologías emparentadas de control sobre los
cuerpos, aun cuando sus fines declarados sean opuestos; leído con esa lupa, el
gesto de Ragone de desarmar el manicomio tradicional adquiere una coherencia
política más amplia que la meramente sanitaria: es también una forma de
desconfiar del encierro como respuesta social. Por otro lado, la brecha entre
el abuelo que recuerda a un "médico bueno" y los familiares que solo
registran el secuestro ilustra con precisión lo que Elizabeth Jelin (2002)
describe como la fragmentación intergeneracional de la memoria: cada generación
retiene una porción distinta del mismo pasado, y es tarea de la escuela —como
está ocurriendo aquí— volver a coserlas.
Grupo
6 — Ivana, Montela, Alan y Alex: militancia, juego y hallazgo generacional
El sexto stand,
liderado por Ivana junto a Montela, Alan y Alex, diseñó una trivia con
caramelos para atraer a sus compañeros hacia el estudio de la militancia
política de Ragone, su ayuda a los sectores trabajadores y la persecución que
sufrió por sostener sus ideales. Generaron con inteligencia artificial una
ilustración de Ragone asistiendo a familias de bajos recursos. Reconocen que
antes de investigar solo vinculaban su nombre al hospital psiquiátrico o a la
desaparición, y constatan que sus abuelos de 86 años recuerdan el impacto
social de la desaparición con una intensidad que sus padres, más jóvenes, no
comparten por no haber vivido el período.
La ludificación
de la memoria —convertirla en trivia, en premio, en caramelo— puede generar la
incomodidad que anticipa Beatriz Sarlo (1994) frente a una cultura que tiende a
espectacularizar el pasado; pero conviene no apresurar el juicio, porque el resultado
que el propio grupo declara —el "descubrimiento" de una faceta
política antes desconocida— es exactamente el efecto que Michael Pollak (2006)
atribuye a los dispositivos de transmisión exitosos: lograr que una memoria
antes privada, fragmentaria y dolorosa, se vuelva socialmente compartible. El
contraste entre los tres tramos etarios —abuelos, padres, estudiantes—
confirma, una vez más, que esa transmisión no es automática y requiere
mediaciones activas como la que este stand construyó.
La
conversación itinerante: el "embronzamiento" y la disputa por el
orden
Camino al salón
de usos múltiples, Fernando conversa con el historiador Daniel Escotorín, el
periodista Andrés Gauffín y la representante legal del colegio. Fernando
sostiene que las organizaciones de derechos humanos de Salta Capital se
"broncearon", convertidas en estatuas autorreferenciales que
paralizan la gestión política real; denuncia el centralismo capitalino que
ignora al interior provincial y a la juventud, y la cooptación burocrática de
organismos que delegan en el Estado su agenda propia. Sostiene, además, que en
2026 mantener una postura dogmáticamente antiestatal y tener
"alergia" a las palabras orden y seguridad constituye una ingenuidad
que regala esas demandas a los sectores conservadores, y llega a mencionar,
como ejemplo de sociedades organizadas en torno a un orden firme, a China,
Vietnam, Cuba y Corea del Norte. Daniel Escotorín coincide en la necesidad de
renovar la agenda de derechos humanos hacia la ecología y la soberanía
alimentaria, y lamenta la apatía institucional; Andrés Gauffín acompaña el
diagnóstico y señala la contradicción de dirigencias que se proclaman
federalistas y están ausentes del interior. La representante legal aporta el
dato del financiamiento institucional y evoca al Padre Martearena como un
gestor que "pateaba puertas" ante el Estado.
Esta es,
probablemente, la intervención que más exige ser problematizada, y se la
devuelve aquí con el mismo respeto con que fue dicha, sin transformarla en
caricatura ni en verdad indiscutida. La crítica al inmovilismo de ciertos
organismos de derechos humanos tiene sustento: Diana Maffía (2016) y el propio
testimonio de Daniel sobre la agenda ambiental coinciden en que estructuras
verticalistas y poco permeables a lo nuevo terminan reproduciendo, puertas
adentro, las mismas lógicas autoritarias que dicen combatir puertas afuera.
Pero la mención de regímenes como Corea del Norte o Cuba como modelos de
"orden" es un salto que la teoría sobre memoria y transición
democrática obliga a mirar con lupa. Sofía Tiscornia (2004) mostró que, en la
historia argentina, el reclamo de "orden y seguridad" ha operado
muchas veces por fuera —y hasta en contra— del imperio del derecho, legitimando
prácticas policiales y estatales que luego resultaron difíciles de contener;
reclamar esas palabras sin fijarles un límite explícito en los derechos humanos
no es un gesto neutro, es reabrir una discusión que la propia historia de
Ragone —perseguido precisamente por un aparato estatal que invocaba el orden—
vuelve especialmente delicada. Guillermo O'Donnell (1972) agrega que los regímenes
autoritarios latinoamericanos del siglo XX se legitimaron, en buena medida,
apelando al mismo binomio orden-desorden que aquí se recupera como bandera
progresista; y Alejandro Grimson (2019) permite ver la ironía de fondo: al
mismo tiempo que se denuncia el maniqueísmo de "la grieta", se
propone una nueva línea divisoria —embronzados contra vitales, antiestatales
contra realistas— que corre el riesgo de reproducir la misma lógica binaria que
se quiere superar. Ninguna de estas objeciones invalida la pregunta de fondo
que Fernando formula —¿por qué ceder el monopolio del orden a la derecha?—;
simplemente exige que la respuesta se construya con los mismos límites de
derechos humanos que Ragone encarnó, y no a pesar de ellos.
El recorrido por
los stands, tomado en conjunto, muestra una escuela que decidió no reducir a
Miguel Ragone al lugar de la víctima, sino investigar su vida, su profesión, su
base electoral y sus contradicciones internas. Los seis grupos, cada uno desde
un ángulo distinto —lo médico, lo geopolítico, lo mediático, lo electoral, lo
sanitario y lo militante—, construyen entre todos una figura más completa que
la que ofrece cualquier relato único. La conversación itinerante final, en
cambio, recuerda que esa memoria activa no está exenta de tensiones políticas
propias, actuales, que merecen el mismo tratamiento crítico que se aplica al
pasado.
El conversatorio
"Recuperar la vida y la obra del Dr. Miguel Ragone" reúne en el
flamante polideportivo escolar a estudiantes de tercero, cuarto y quinto año
con un panel integrado por Fernando Pequeño Ragone, el periodista Andrés
Gauffín, el historiador Daniel Escotorín y la escritora Raquel Espinosa, bajo
la moderación del profesor Juan José Vargas. El objetivo declarado es evaluar
las investigaciones escolares y reflexionar sobre la trascendencia de la vida y
obra de Ragone, desplazando el eje de la victimización trágica hacia la ética
pública y superando las lógicas de la polarización estéril que Alejandro
Grimson (2019) describe bajo el nombre de "la grieta".
Juan
José Vargas: la moderación y el reconocimiento del trabajo estudiantil
El profesor Juan
José Vargas organiza el encuentro y destaca la dedicación de los estudiantes de
cuarto año, que acudieron a archivos, bibliotecas y hospitales para indagar la
historia local de manera responsable, y agradece a los invitados y al equipo
docente y directivo por hacer posible la actividad.
Ese gesto de
reconocimiento institucional no es menor: Elizabeth Jelin (2002) subraya que la
transmisión intergeneracional de la memoria depende de mediaciones —docentes,
escuelas, rituales escolares— que legitimen el trabajo de investigación de los
jóvenes como un aporte válido y no como una simple tarea escolar más.
Fernando
Pequeño Ragone: vida sobre muerte, superación de la grieta, transparencia
Fernando sostiene
que el verdadero valor histórico de su abuelo radica en su potencia vital y en
su trabajo con los sectores humildes, no en su condición de víctima; que ubicar
a Ragone dentro de la grieta política equivaldría a destruirlo por segunda vez,
porque su legado promueve el diálogo democrático; que la transparencia es un
ejercicio cotidiano que exige valentía y constituye el homenaje más genuino que
puede rendírsele; y que la orfandad, el miedo y la dispersión
ideológico-económica que atravesó su propia familia tras el secuestro
encontraron una salida en la educación pública y en el trabajo desde la
sociedad civil. Agrega que las marchas del 24 de marzo evocan el límite ético
del "no matarás", y que haber pasado por el Estado le permitió
comprender el funcionamiento del poder, aunque su permanencia en la sociedad
civil es lo que garantiza su independencia para decir la verdad.
La operación de
sacar a Ragone de la grieta es, en términos de Jelin (2002), un intento de
construir una "memoria ejemplar": aquella que, sin negar el dolor, lo
transforma en una lección transferible a cualquier signo político. Es un gesto
valioso y, a la vez, delicado: Grimson (2019) advertiría que declarar a una
figura "por encima" de la grieta es también una posición dentro de la
grieta, en la medida en que implica decidir qué lecturas quedan legitimadas y
cuáles no. Pilar Calveiro (2005), por su parte, permite leer el relato de la
orfandad y el trabajo posterior en la sociedad civil como un ejemplo de
reelaboración subjetiva de la violencia estatal: el paso del duelo paralizante
a la acción organizada es, en su análisis, una de las formas en que los
sobrevivientes y sus descendientes logran restituir sentido a una historia que
el terrorismo de Estado quiso volver ininteligible.
Andrés
Gauffín: el estado de excepción y el desmontaje del estereotipo
Gauffín
caracteriza a Ragone como un dirigente "terco", de convicciones
firmes, y explica que su investigación buscó desarmar la versión estereotipada
que circulaba sobre el exgobernador acudiendo a archivos y testimonios
directos. Encuadra la intervención federal y el posterior secuestro de Ragone
bajo la categoría de Estado de Excepción: un período en que los derechos
estaban formalmente reconocidos mientras el estado de sitio los declaraba, de
hecho, no garantizados. Advierte, además, que la desvalorización actual de la
palabra "derechos" en el debate público reactiva riesgos
institucionales comparables a los del pasado predictatorial, y recuerda que las
evidencias del juicio de 2011 fueron determinantes para sistematizar su
investigación.
El concepto de
Estado de Excepción que Gauffín recupera dialoga directamente con el análisis
de Guillermo O'Donnell (1972) sobre los gobiernos burocrático-autoritarios
latinoamericanos, que combinaban legalidad formal con suspensión efectiva de
garantías; leídos juntos, ayudan a entender que 1976 no fue un quiebre sin
antecedentes sino la radicalización de mecanismos —interventores federales,
estados de sitio, proscripciones— que ya operaban desde antes. La alerta de
Gauffín sobre el vaciamiento del lenguaje de derechos encuentra respaldo en
Marina Franco (2012), quien documenta cómo la erosión discursiva de esas
garantías, antes de cualquier golpe, prepara culturalmente el terreno para la
violencia estatal posterior.
Daniel
Escotorín: honestidad política y sustento social del liderazgo
Escotorín destaca
la honestidad e integridad de Ragone como contraejemplo frente a la corrupción
pública, y sostiene que ningún líder —ni Ragone, ni Salvador Allende, ni Martín
Miguel de Güemes— transforma la realidad de manera aislada: su significación histórica
proviene del respaldo de miles de ciudadanos que sostienen su palabra empeñada.
Afirma que investigar la historia local demuestra que Salta no es una sociedad
pasiva sino un pueblo con tradición de lucha, y relata que el acceso a fuentes
de época se vio dificultado por la quema o destrucción de documentación por
parte de familias y sindicatos atemorizados. Concluye que la política es una
actividad inevitable y necesaria para curar las desigualdades sociales.
La comparación
entre Ragone, Allende y Güemes construye una genealogía de liderazgos populares
regionales que, en términos de Pollak (2006), cumple una función de
encuadramiento: ofrece a los estudiantes un relato coherente y transmisible,
aunque selectivo. Luis Alberto Romero (2012) permite matizar esa genealogía
situándola en la larga serie de ciclos de movilización y represión que
atraviesan la historia argentina del siglo XX, de modo que el caso salteño se
lea no como excepción sino como variante regional de un patrón nacional. El
dato sobre la quema de documentos por temor, finalmente, es un testimonio
directo de lo que Franco (2012) describe como el clima de autocensura social
que antecede y acompaña a la violencia estatal.
Raquel
Espinosa: la literatura, el tiempo solapado y las huellas que no desaparecen
Raquel Espinosa
explica que la ficción literaria no se opone a la verdad histórica sino que se
nutre de la inmersión subjetiva del investigador, tomando como ejemplo el
testimonio de Daniel Escotorín, quien llegó a soñar en blanco y negro por su
trabajo con los periódicos de 1976. Sostiene que la literatura permite que
pasado, presente y futuro se reflejen en un presente continuo, evitando que
hechos de 1973 o 1976 queden relegados a un archivo muerto. Comparte su propia
memoria: a los quince o dieciséis años, en Cerrillos, presenció los operativos
policiales nocturnos que buscaban al gobernador ya desaparecido por el propio
Estado. Afirma, como convicción teórica, que "nadie desaparece totalmente
sin dejar huellas", y sostiene que la literatura aporta una dimensión
afectiva que el dato historiográfico por sí solo no logra transmitir,
funcionando como antídoto contra la monumentalización y como pedagogía de la
esperanza frente al duelo social.
La intervención
de Espinosa es, de las cinco voces del panel, la que más explícitamente pone en
juego la relación entre memoria y narrativa que Jelin (2002) coloca en el
centro de sus "trabajos de la memoria": no hay memoria sin relato, y
todo relato —también el literario— es una forma legítima de elaboración del
pasado. Sarlo (1994) matizaría esa afirmación recordando que la empatía
narrativa, cuando reemplaza por completo a la explicación histórica, puede
volver el pasado más consumible pero menos comprensible; el propio planteo de
Espinosa, sin embargo, evita ese riesgo al proponer la literatura como
complemento del dato duro y no como su sustituto. Pollak (2006) ofrece,
finalmente, la clave conceptual para entender la frase central de la escritora:
las huellas que "nadie puede borrar totalmente" son, en su
vocabulario, la memoria subterránea que sobrevive a la represión y que tarde o
temprano encuentra un canal —una investigación escolar, una novela, un stand
con caramelos— para volverse memoria pública.
Los
estudiantes panelistas: Samuel Maguna, Santiago, Gonzalo, la alumna de quinto
año, Sebastián y Thiago
Cierran el panel
las preguntas de los estudiantes, quienes indagan sobre las dificultades de
investigar en archivos, el peso simbólico de llevar el apellido Ragone, el
legado que corresponde transmitir a las generaciones siguientes y el sentido
que tiene, para su propia generación, conmemorar el 24 de marzo y participar
políticamente.
Que sean los
propios estudiantes quienes formulen estas preguntas —y no solo las reciban ya
respondidas— es el mejor indicador de que la jornada cumplió su propósito.
Jelin (2002) insiste en que la memoria solo se sostiene en el tiempo si cada
generación la retoma con preguntas propias, no si la repite como fórmula
heredada; las preguntas de Samuel, Santiago, Gonzalo, la alumna de quinto año,
Sebastián y Thiago muestran a una generación que no se conforma con la versión
recibida y que empieza a construir su propia relación, crítica y activa, con
esta historia.
Leído en
conjunto, el recorrido por los stands y el panel del salón de usos múltiples
configuran dos registros complementarios de un mismo esfuerzo: sacar a Miguel
Ragone del lugar de la víctima estática para devolverle la complejidad de una
vida política concreta. Ese movimiento encuentra respaldo en Elizabeth Jelin
(2002) que entiende la memoria como trabajo inacabado, en Michael Pollak (2006)
que explica cómo se encuadran y transmiten las memorias subterráneas, y en
Pilar Calveiro (2005) que permite pensar la reelaboración subjetiva de la
violencia estatal sin reducirla a un relato de horror sin salida. Al mismo
tiempo, tanto la conversación itinerante sobre el "embronzamiento"
como la propia apelación de Fernando a superar la grieta muestran que ninguna
memoria activa está libre de tomar posición: Alejandro Grimson (2019) y
Guillermo O'Donnell (1972) sirven aquí de advertencia sobre los riesgos de
sustituir un binarismo por otro, o de reclamar el orden sin fijarle límites de
derechos humanos, algo que Sofía Tiscornia (2004) documentó como una tensión
históricamente peligrosa en la Argentina. Marina Franco (2012) y Luis Alberto
Romero (2012) ofrecen el marco histórico general que permite situar el caso de
Ragone —su triunfo electoral, su intervención, su secuestro— dentro de un
proceso nacional de erosión democrática que no comenzó en 1976. Alejandro
Horowicz (1986) recuerda que esa historia no puede narrarse sin las tensiones
internas del propio peronismo, y Diana Maffía (2016) invita a que la agenda de
derechos humanos que se construye en este colegio siga ampliándose hacia las
nuevas demandas —ambientales, de género, territoriales— que los propios
estudiantes ya empiezan a nombrar. Beatriz Sarlo (1994), por último, funciona
como un llamado a la cautela: ni la imagen restaurada por inteligencia
artificial ni la trivia con caramelos ni la empatía narrativa deben reemplazar
el trabajo paciente de leer, archivar y discutir. Esta escuela, con sus seis
grupos y su panel, demostró que es capaz de sostener ese trabajo paciente.
A los estudiantes
de los seis grupos, a Florentino, a Gloria Abraham, al profesor Juan José
Vargas de Ciencias Políticas e Historia, a Daniel, a Andrés Gauffín, a Daniel
Escotorín y a Raquel Espinosa, la Asociación Miguel Ragone agradece el espacio
compartido y devuelve este ensayo como lo que es: no un cierre, sino una
invitación a seguir investigando, discutiendo y, sobre todo, preguntando.
- Calveiro, P. (2005). Política y/o violencia: Una aproximación a la guerrilla de los años 70. Grupo Editorial Norma.
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