El 6 de julio de 1976, doce militantes políticos fueron ejecutados en el paraje Palomitas, sobre la ruta 34, bajo el simulacro de un intento de fuga. Cincuenta años después, la conmemoración anual convoca a tres generaciones al costado de esa ruta: los sobrevivientes y familiares que vivieron el horror, los hijos que convirtieron el duelo en organización y lucha judicial, y los nietos que heredan la memoria en un presente atravesado por el negacionismo y la fragmentación social. Una mañana fría y nublada, con música suave y nombres dichos en voz alta, volvió a demostrar que la memoria tiene territorio, tiene cuerpo y no cede.