martes, 24 de marzo de 2026

Documento Completo de la Mesa DDHH Salta leido en el Acto por Memoria, Verdad y Justicia. Salta. 24 marzo de 2026

Documento de la Mesa de Derechos Humanos de Salta, Liga Argentina por los Derechos Humanos y Asociación Dr. Miguel Ragone, al conmemorarse los 50 años del golpe militar.

 


Al cumplirse medio siglo del golpe de Estado de 1976, la Mesa de Derechos Humanos de Salta, la Asociación Dr. Miguel Ragone y la Liga Argentina por los Derechos Humanospresentan un manifiesto que denuncia una "restauración" del modelo dictatorial bajo la gestión de Javier Milei. El documento sostiene que el actual negacionismo y el desmantelamiento de políticas de Memoria, Verdad y Justicia son el correlato necesario para imponer un ajuste económico brutal, similar al de Martínez de Hoz, que prioriza el capital financiero y el extractivismo mediante el RIGI. En términos geopolíticos, alerta sobre una pérdida de soberanía sin precedentes debido al alineamiento total con Estados Unidos e Israel y el abandono de la causa Malvinas. El texto expande el concepto de derechos humanos para incluir las luchas laborales, de género y de los pueblos indígenas, advirtiendo que la criminalización de la protesta y el debilitamiento del Estado de Derecho amenazan la democracia real. Así, el acto del 24 de marzo de 2026 se posiciona no solo como un ejercicio de memoria, sino como una plataforma de resistencia multisectorial contra un proyecto político calificado como autoritario, excluyente y subordinado a intereses extranjeros.


Contenidos

DocumentoCompleto Acto por Memoria, Verdad y Justicia. Salta. 24 marzo de 2026

Eldocumento completo (leído en el acto en el Parque San Martin de Salta)

Análisisdel discurso de las organizaciones de derechos humanos de Salta en el acto porMemoria, Verdad y Justicia

1.Proposiciones Centrales del Documento

2.Contexto Histórico para Argentina (2026)

3.Enfoque desde la Geopolítica

 

Síntesis

 

El documento completo (leído en el acto en el Parque San Martin de Salta)

Hace cincuenta años, Argentina sufrió el golpe de Estado más sangriento de su historia. Bajo el mando de Videla, Massera y Agosti, se impuso un terrorismo de Estado que persiguió a miles de seres humanos comprometidos con un mundo más justo e igualitario. El saldo fue devastador: 30.000 desaparecidos y cientos de niños apropiados en centros clandestinos de detención que funcionaron como verdaderos campos de concentración, donde se practicaron torturas, violaciones y todo tipo de vejaciones.

En las cárceles legales, se ejecutaron presos políticos en masacres como las de Palomitas en Salta, Margarita Belén en Chaco y en la Penitenciaría de Córdoba. Miles de personas fueron exiliadas para salvar sus vidas. Este plan no fue improvisado; formó parte de la estrategia continental conocida como Plan Cóndor, alineada con intereses geopolíticos extranjeros. Los militares fueron formados en técnicas de tortura —previamente aplicadas por Francia en Argelia— la escuela de las Américas.

En lo económico, la dictadura cívico-militar destruyó la industria nacional y generó una deuda externa asfixiante al abrir las fronteras de forma indiscriminada. La generación del 70, y los que venían ya del golpe de Onganía, fueron forjadas en luchas populares y organizaciones de diversas vertientes (izquierda, peronismo revolucionario, democracia cristiana y socialdemocracia), pagó con su vida su compromiso antiimperialista y su opción por los sectores más desprotegidos. Hoy reivindicamos sus ideales; porque quienes dan la vida por sus convicciones no mueren, sino que viven en el corazón de su pueblo.

A 50 años del golpe de Estado más sangriento de nuestra historia, es indispensable salir a la calle en unidad, con memoria, verdad y justicia.

Porque no se trata sólo de recordar: se trata de defender las conquistas de nuestro pueblo frente a un gobierno que pretende arrasarlas.

Hoy nos encontramos frente a un gobierno nacional que reivindica el accionar genocida de la dictadura, instalando un discurso negacionista sobre el terrorismo de Estado y poniendo en duda una verdad construida con lucha: son 30.000.

Al mismo tiempo, retoma el modelo económico de Martínez de Hoz, basado en la entrega, la desigualdad y la destrucción del aparato productivo nacional.

A medio siglo del golpe, el gobierno de Milei y Villarruel impulsa un plan que busca garantizar la impunidad de los genocidas y desmantelar las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, conquistas históricas de los organismos de Derechos Humanos

En todo el país se dictaron 361 sentencias en causas por crímenes de lesa humanidad, en las que condenaron a 1.231 personas y absolvieron a 250 desde la reapertura de los juicios en 2006. Encontramos 140 nietos y nietas apropiados y los seguimos buscando.

En el 50° aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, hay aún 12 juicios en curso. Hace pocos días se identificaron nuevos restos de compañeros y compañeras en el centro clandestino La Perla. Esto reafirma nuestra lucha contra la impunidad y nuestra exigencia permanente:

¡QUE DIGAN DÓNDE ESTÁN!

El cierre de espacios de memoria, el desfinanciamiento de estos organismos y el nombramiento de funcionarios que reivindican la dictadura no son hechos aislados: son parte de un proyecto político que intenta reescribir la historia.

El negacionismo se expresa también en el presente: un gobierno que niega el cambio climático, desprecia la ciencia y rechaza organismos multilaterales como la OMS; que gobierna desconociendo leyes votadas por el Congreso y resoluciones judiciales, debilitando el Estado de Derecho y concentrando poder de manera autoritaria

Mientras tanto, avanza sobre derechos conquistados: ataca a las diversidades, desconoce la lucha de las mujeres por la igualdad de género y pretende imponer una sociedad más desigual, más violenta y más excluyente. Las políticas de Milei afectan al colectivo LGBTQI+ mediante el desmantelamiento de la estructura estatal de protección, que incluye el cierre del Ministerio de Mujeres y Diversidad y el recorte de programas de asistencia. En la práctica, esto se traduce en el desfinanciamiento del cupo laboral travesti-trans, restricciones en el acceso a tratamientos de salud para menores y una fuerte ofensiva discursiva que cataloga a la diversidad sexual como una "agenda ideológica" ajena a las prioridades del Estado. Dificulta el acceso al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, legítima conquista del colectivo. Como resultado, las organizaciones denuncian un retroceso en derechos adquiridos y un aumento de la vulnerabilidad social y la violencia simbólica legitimada desde el discurso oficial.

El gobierno de Javier Milei también ha endurecido la política migratoria mediante un enfoque de "prioridad nacional" que busca restringir el acceso gratuito a la salud y la educación para extranjeros no residentes. Su gestión ha agilizado las deportaciones de quienes cometen delitos o están en situación irregular, ha implementado controles biométricos en barrios populares y ha unificado la vigilancia fronteriza con fuerzas de seguridad. Bajo la premisa de "ordenar" el sistema y combatir la delincuencia, repudiamos  estas medidas  estigmatizantes y discriminatorias hacia la población migrante.

En el plano económico, el ajuste es brutal y tiene un solo objetivo: garantizar la riqueza de los sectores más concentrados a costa del sufrimiento de las mayorías. Se profundiza la dependencia con el FMI, se contrae más deuda externa y se paga una deuda ilegítima mientras crece el hambre.

La reforma laboral que  impulsaron es regresiva y antiobrera: implica pérdida de derechos, precarización y disciplinamiento de la clase trabajadora, es un golpe directo a la estabilidad del trabajador porque estira el período de prueba hasta un año en pymes, facilitando despidos sin costo, y elimina las multas por trabajo no registrado. Además, la implementación del "fondo de cese" permite que el propio empleado financie su despido, mientras que la nueva figura de "colaboradores" para autónomos encubre relaciones de dependencia bajo un manto de falsa independencia.

Ataca directamente la participación de los sindicatos debilitando su  poder tradicional al desfinanciar sus cajas, fragmentar la negociación colectiva  y restringir el derecho a protesta, convirtiendo los bloqueos en causa justa de despido. En definitiva, les quita peso político y económico, forzándolos a negociar bajo reglas que favorecen la flexibilidad laboral y limitan su capacidad de presión directa.

El congelamiento salarial y las paritarias con techo condenan a millones a la pobreza, mientras jubilados y jubiladas sobreviven por debajo de esa línea, con recortes en medicamentos y derechos básicos. Las personas con discapacidad ven vulnerado su acceso a la salud y a la protección social.

La apertura indiscriminada de importaciones está destruyendo la industria nacional, provocando cierre de empresas y pymes, y multiplicando los despidos tanto en el sector público como en el privado. A esto se suman tarifazos en servicios, transporte y energía, y el desfinanciamiento de la educación pública en todos sus niveles.

Ese mismo modelo que hoy resistimos lo enfrentan, cada miércoles, los jubilados en las plazas de todo el país, recibiendo como respuesta represión, castigo, palos y pobreza.

Frente a su incapacidad para dar respuestas, el gobierno elige la represión y la militarización: amplía las atribuciones de las fuerzas de seguridad, fortalece el rol de la SIDE como herramienta de control político y habilita el uso de la violencia institucional contra quienes se movilizan. La criminalización de la protesta social y medidas como la baja de la edad de imputabilidad forman parte de una estrategia para disciplinar al pueblo. Utilizando la excusa de combatir al narcotráfico moviliza a las fuerzas de seguridad como en el Operativo Roca

Dijimos y sostenemos: NO a la ley antiterrorista utilizada para perseguir y reprimir la protesta.

Defender el derecho a manifestarse es defender la democracia.

Exigimos la libertad de Milagro Sala, Cristina Fernández de Kirchner y todas y todos los presos por luchar, denunciamos a la justicia cómplice, misógina y funcional al gobierno de turno y los grandes grupos empresarios. No al lawfare.

En el plano internacional, el gobierno abandona la soberanía y la integración regional, alineándose con potencias y gobiernos que representan intereses contrarios a los de nuestros pueblos, mientras ataca a países hermanos y procesos populares de América Latina como los liderados por Petro en Colombia y Lula en Brasil. Argentina ha abandonado su histórica tradición de neutralidad para adoptar un alineamiento total con el bloque occidental, liderado por Estados Unidos e Israel, celebrando el secuestro de Maduro y Cilia Flores en Venezuela, votando contra Cuba, ¡y declarándonos en guerra con Irán! Lo que nos convierte en blanco para un posible atentado. Nos sumamos al pedido por la libertad de Laura Villalba en Paraguay y Nicolás Maduro y Cilia Flores en Venezuela, rehenes del imperio.

La pérdida de soberanía se profundiza permitiendo una presencia militar inédita en puntos estratégicos como Tierra del Fuego, y con un abandono de la causa Malvinas al priorizar el comercio con el Reino Unido por sobre el reclamo territorial

En nuestras provincias, este modelo avanza con la complicidad de gobernadores como Sáenz, que acompañan cada una de estas políticas, tanto con sus votos en el Congreso como con el impulso de modelos extractivistas —como el del litio— que profundizan la dependencia y el saqueo de nuestros territorios.

Milei ve a los recursos naturales como una caja registradora para que entren dólares, dejando de lado la idea de "bienes comunes” para pasar a una lógica de mercado. Con el RIGI, les dio vía libre y beneficios gigantes a las mineras y petroleras por 30 años, mientras de paso achicó los presupuestos para cuidar bosques o apagar incendios. La movida es clara: menos trabas ambientales (como en la Ley de Glaciares) y más facilidades para que las empresas exploten todo rápido, bajo la idea de que si un recurso tiene dueño privado se cuida mejor que si es del Estado.

Nada de esto sería posible sin la complicidad de sectores del poder: legisladores que votan el ajuste, jueces que lo convalidan y una prensa hegemónica que lo encubre y legitima.

A 50 años del inicio de la última dictadura militar, junto a los pueblos indígenas reivindicamos su histórica lucha contra la persecución y el silenciamiento estatal, recordando a los hermanos asesinados y desaparecidos en la defensa de una patria justa y diversa. Denunciamos el actual retroceso y cuestionamiento de derechos territoriales y ciudadanos por parte del gobierno nacional y las provincias, comparando este escenario con las épocas más oscuras del país. Exigimos el fin de los genocidios y del negacionismo, reafirmamos que no puede existir una verdadera democracia ni una nación argentina sin la plena inclusión y el reconocimiento de las identidades preexistentes.

 

CIERRE

Compañeras y compañeros: retomemos los ideales de nuestros 30.000. No podemos ser indiferentes ante un gobierno que avanza con rasgos autoritarios y prácticas que remiten a lo peor de nuestra historia.

Más que un epílogo histórico, esta fecha emblemática debe activar una militancia que proteja los intereses populares. Hoy enfrentamos nuevamente a los sectores financieros internacionales que, bajo el disfraz democrático, amenazan nuestra soberanía. Frente a la entrega de los "vendepatrias", la única opción es la victoria. En nombre de nuestros 30.000, convocamos a la unidad y a la organización para la lucha.

Hoy más que nunca debemos comprometernos a movilizarnos de forma permanente en defensa de los Derechos Humanos, de la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Porque sin memoria no hay verdad, sin verdad no hay justicia.

Y sin justicia social, no hay democracia real.

Celebramos la pluralidad expresada en este documento y agradecemos a todos y cada uno de las compañeras y compañeros que se sumaron a las acciones impulsadas por los organismos de Derechos Humanos para que este medio siglo de lucha no pase desapercibido.


 

Análisis del discurso de las organizaciones de derechos humanos de Salta en el acto por Memoria, Verdad y Justicia

 

Síntesis

Al cumplirse medio siglo del golpe de Estado de 1976, la Mesa de Derechos Humanos de Salta y la Asociación Dr. Miguel Ragone presentan un manifiesto que denuncia una "restauración" del modelo dictatorial bajo la gestión de Javier Milei. El documento sostiene que el actual negacionismo y el desmantelamiento de políticas de Memoria, Verdad y Justicia son el correlato necesario para imponer un ajuste económico brutal, similar al de Martínez de Hoz, que prioriza el capital financiero y el extractivismo mediante el RIGI. En términos geopolíticos, alerta sobre una pérdida de soberanía sin precedentes debido al alineamiento total con Estados Unidos e Israel y el abandono de la causa Malvinas. El texto expande el concepto de derechos humanos para incluir las luchas laborales, de género y de los pueblos indígenas, advirtiendo que la criminalización de la protesta y el debilitamiento del Estado de Derecho amenazan la democracia real. Así, el acto del 24 de marzo de 2026 se posiciona no solo como un ejercicio de memoria, sino como una plataforma de resistencia multisectorial contra un proyecto político calificado como autoritario, excluyente y subordinado a intereses extranjeros.

 

Análisis

El documento, emitido en el marco de los 50 años del golpe de Estado de 1976, es una pieza política de fuerte carácter denunciante que vincula el pasado dictatorial con la gestión actual de Javier Milei. Publicado por organismos históricos como la Asociación Dr. Miguel Ragone y la Mesa de Derechos Humanos de Salta, el texto no solo conmemora a las víctimas, sino que propone una lectura de la realidad argentina como una fase de "restauración" del modelo de la dictadura.

1. Proposiciones Centrales del Documento

El manifiesto se estructura sobre la idea de que la lucha por los Derechos Humanos ha mutado de la demanda de justicia por crímenes pasados a una resistencia activa contra políticas presentes. Sus tesis principales son:

  • Identidad Dictadura-Presente: El documento sostiene que el gobierno de Milei y Villarruel es la continuación del proyecto de Martínez de Hoz. No solo por el modelo económico de apertura e importaciones, sino por el "discurso negacionista" que busca deslegitimar la cifra de los 30.000 desaparecidos.
  • Ampliación del Concepto de Derechos Humanos: Ya no se limita a la integridad física frente al Estado, sino que incluye:
    • Derechos Sociales y Laborales: La reforma laboral es vista como una herramienta de disciplinamiento y precarización.
    • Diversidad y Género: Se denuncia el cierre del Ministerio de Mujeres y el ataque al colectivo LGBTQI+ como una "ofensiva ideológica".
    • Derechos Ambientales e Indígenas: Se rechaza el extractivismo (litio) y el RIGI como formas de despojo territorial.
  • La Represión como Herramienta Económica: El texto afirma que el "ajuste brutal" solo es posible mediante la militarización, la criminalización de la protesta y el uso de la SIDE para el control político.

 

2. Contexto Histórico para Argentina (2026)

Para entender este documento, hay que situarlo en la Argentina de marzo de 2026:

  • El 50° Aniversario: Es una fecha con una carga simbólica extrema. Representa medio siglo de una identidad nacional construida sobre el "Nunca Más", la cual el documento siente que está bajo asedio institucional.
  • Tensión Institucional: Se describe un escenario de debilidad del Estado de Derecho, donde el Ejecutivo gobierna ignorando al Congreso y a la Justicia, lo que los firmantes califican de "autoritarismo".
  • Crisis Social y Económica: El contexto es de alta conflictividad por el congelamiento salarial, la crisis en las pymes por la apertura de importaciones y la resistencia de sectores como los jubilados.
  • Realidad Local (Salta): El documento tiene un fuerte anclaje regional. Menciona la Masacre de Palomitas y critica al gobernador Gustavo Sáenz por su alineamiento con el gobierno nacional y su impulso al modelo minero.

 

3. Enfoque desde la Geopolítica

El documento hace una lectura geopolítica crítica, donde Argentina deja de ser un actor soberano para convertirse en un satélite de intereses extranjeros:

  • Alineamiento "Occidental" Extremo: Critica el abandono de la neutralidad histórica argentina. La mención a la "guerra con Irán" y el alineamiento con EE. UU. e Israel se lee como un factor de riesgo para la seguridad nacional (miedo a atentados).
  • Ruptura de la Integración Regional: El texto lamenta la hostilidad hacia los gobiernos de Lula (Brasil) y Petro (Colombia), y denuncia una subordinación al "imperio" en casos como el de Venezuela.
  • Soberanía Territorial y Recursos: * Malvinas: Se denuncia una desmalvinización para favorecer el comercio con el Reino Unido.
    • Extractivismo: El litio y los recursos naturales son vistos como "caja registradora" para divisas extranjeras, facilitada por el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones), permitiendo una presencia militar extranjera en puntos estratégicos.

 

Conclusión

El documento es una proclama de resistencia multisectorial. Considera que la democracia está en riesgo no por un golpe militar tradicional, sino por un desmantelamiento interno de las conquistas sociales y la entrega de la soberanía económica bajo un marco democrático formal.

 

martes, 10 de marzo de 2026

Mil Pasos por Ragone: Si hemos servido, volveremos

 


Por Fernando Pequeño Ragone,
Asistido con NotebookLM y Claude [i]
Salta, 10 de marzo de 2026

Contenidos

 Introducción:El mapa que caminamos

I.Al pie del Monumento a Güemes: La memoria que no puede ser estática

II.Frente a la casa del Pasaje Puló 146: El espacio íntimo como archivo político

III.En el Pasaje del Milagro, frente al almacén de Arredez: Donde cayó

IV.Al pie de la Cruz del Congreso Eucarístico: Memoria, burocracia y futuro

Conclusión:Cincuenta años no son nada si la memoria se trabaja

 

 

Introducción: El mapa que caminamos


Hoy es martes 10 de marzo de 2026. Mañana se cumplen cincuenta años del secuestro y desaparición forzada de mi abuelo, Miguel Ragone, exgobernador de Salta. Caminamos. No marchamos. No desfilamos. Caminamos, que es distinto. Caminar es reconstruir con los pies lo que la memoria tiene el riesgo de archivar y olvidar.

La caminata que llamamos Mil Pasos por Ragone convoca hoy, un día antes de la conmemoración oficial, a militantes, periodistas y miembros de organizaciones de derechos humanos. El itinerario no es caprichoso: es una cartografía del crimen y de la resistencia. Comenzamos en las escalinatas del Monumento a Güemes, frente al Juzgado Federal 3, donde la justicia debería ser el testigo permanente de lo que ocurrió. Desde allí avanzamos hacia el Pasaje Puló 146, la casa donde vivió mi abuelo, la casa de mi familia. Luego el corazón del recorrido: el Pasaje del Milagro, frente al almacén del fallecido Arredez, el sitio exacto donde Miguel Ragone cayó. Y cerramos al pie de la Cruz del Congreso Eucarístico de 1973, en el Paseo Güemes, frente al Club 20 de Febrero.

Este recorrido no es solo un homenaje. Es una herramienta. Una herramienta de auditoría ética y política en un momento histórico que nos exige la mayor claridad: vivimos bajo un gobierno nacional que transitó del negacionismo abierto a la reivindicación explícita del terrorismo de Estado. Vivimos bajo un gobierno salteño que impulsa el extractivismo —particularmente la actividad minera— como modelo de desarrollo, entregando el territorio a unos pocos, alineado completamente con esa lógica nacional de vaciamiento institucional. En este contexto, caminar por donde caminó Ragone no es nostalgia. Es resistencia.

Llevo veinte años en este trabajo de memoria y reconstrucción. "Yo estoy hace 20 años en esta memoria y reconstruyendo y todos los días también de alguna manera haciendo un duelo, ¿no? porque nunca termina de pasar". Eso digo cuando alguien me pregunta cómo llevo esto. No termina de pasar porque no está terminado. El régimen que mató a mi abuelo no está liquidado; se transformó. Y nosotros, hoy, lo nombramos.

I. Al pie del Monumento a Güemes: La memoria que no puede ser estática

Las escalinatas del Monumento a Güemes tienen una gravedad particular esta mañana. El cielo salteño es limpio, de ese azul intenso que parece indiferente a lo que ocurre bajo él. A mis espaldas está el Juzgado Federal 3: el edificio donde se procesó, décadas después, una parte de la responsabilidad jurídica por lo que ocurrió con mi abuelo. Frente a mí, la gente que eligió estar aquí. Eso me sostiene.

Andrés Gauffin, periodista y docente de la Universidad Católica de Salta, miembro de la Asociación de Periodistas, toma la palabra. Escucharlo siempre me genera algo parecido a la gratitud intelectual: Andrés no habla de Ragone como si lo lamentara; habla de él como si lo analizara, y esa diferencia es fundamental para nosotros, para los que no queremos un panteón sino una comprensión.

Su núcleo argumental es claro: "La memoria que tenemos que guardar la tenemos que recrear, renovar... no puede ser algo estático, sino que se tiene que reverdecer siempre". La imagen del reverdecimiento me parece exacta. Una planta que no se riega se seca aunque haya sido poderosa. La memoria es un ser vivo que requiere trabajo, presencia, cuestionamiento. Gauffin propone el método periodístico de Rodolfo Walsh —volver al lugar de los hechos— como el motor de esa renovación. Ver con los propios ojos, pisar la baldosa, mirar el almacén que todavía existe. Eso genera preguntas nuevas sobre una historia que, aunque tenga condenas judiciales, sigue abierta políticamente.

Vincula el crimen de mi abuelo con un cambio estructural en el mapa político de Salta y subraya la necesidad de entender este magnicidio en conexión con los asesinatos previos de otros militantes: Fronda, Burgos. No fue un hecho aislado. Fue una cadena. En términos de Elizabeth Jelin, Gauffin actúa aquí como un emprendedor de la memoria: alguien que realiza un trabajo constante de actualización de sentidos, que se niega a que la figura de Ragone sea una pieza estática del pasado. Gauffin no construye un monumento; construye un mapa dinámico para las nuevas generaciones.


También interviene Blanca Lescano, referente histórica de los derechos humanos en Salta, hija de un desaparecido del Operativo Independencia. Su interlocución tiene la autoridad de quien también carga una herida. Blanca introduce una exigencia analítica que el documento de la caminata registra con nitidez: "Si no ligamos los dos golpes de estado y los años... en el medio, no vamos a entender realmente por qué en esa etapa... se mató tanta gente". El secuestro de mi abuelo ocurrió en democracia, el 11 de marzo de 1976, catorce días antes del golpe. Comprender eso exige mirar el período 1973-1975 con la misma intensidad con que miramos la dictadura.

El Operativo Independencia, el Pozo de Vargas en Tucumán —treinta metros de profundidad, entre ciento diez y ciento veinte restos identificados, aproximadamente veinte sin identificar—, las brigadas clandestinas que operaban con la anuencia del Estado: todo eso ya existía. La represión no empezó el 24 de marzo de 1976. Empezó antes, y el crimen de Ragone es parte de esa prehistoria que el relato oficial ha preferido silenciar. Michael Pollak diría que estos silencios son memorias subterráneas que la historia oficial intenta estabilizar. Hoy, al pie del Monumento a Güemes, las sacamos a la superficie.



II. Frente a la casa del Pasaje Puló 146: El espacio íntimo como archivo político


Llegar a la casa de mi abuelo en el Pasaje Puló 146 es siempre una experiencia contradictoria. Me sucede lo mismo que cuando intento explicar lo inexplicable: hay una satisfacción al ver que la gente viene, que el recorrido tiene sentido colectivo; y hay una angustia que no cede, un duelo permanente que se mitiga con la compañía pero que nunca desaparece. Esta casa fue construida hacia fines de la década de 1950. Antes de 1976, era un espacio de reuniones masivas, festejos de hasta cincuenta personas, principalmente de la familia extendida de origen italiano. Después del golpe, esas reuniones cesaron definitivamente.

Andrés Gauffin guía la reflexión con una herramienta pedagógica que reconozco como eficaz porque la he visto funcionar con estudiantes: el Peugeot amarillo. "Yo siempre me imagino cuando hago la actividad con los alumnos, yo les digo que Ragone es con un Peugeot amarillo". Un auto cotidiano, concreto, con color. No una estatua. Un médico que conducía un Peugeot amarillo por las calles de Salta y que tenía, además, una vocación de poder clara y legítima. Eso es lo que los procesos represivos intentan borrar: la humanidad política del sujeto que eliminan.

Porque mi abuelo no era solo una víctima. Era un político con proyecto. Gauffin señala que apenas cuatro días antes de su desaparición, Ragone había decidido presentarse en las elecciones internas del partido, buscando recuperar la presidencia del PJ salteño para proyectarse nuevamente hacia la gobernación. "Él tenía vocación de poder... quería volver a ser presidente del PJ o ser presidente del PJ para después ser gobernador en ese proyecto. Ahí lo matan". Ahí lo matan. Esa secuencia temporal —cuatro días— es la prueba más contundente del carácter estrictamente político del crimen.

La composición ideológica del entorno de Ragone era notable en su diversidad: militantes del PRT como Chicho Gallardo, integrantes de Montoneros, sectores de la derecha peronista tradicional, funcionarios institucionales como Hortensia Porcel. Esa capacidad de articular fuerzas diversas era, según Gauffin, tanto su fortaleza como su peligrosidad para los poderes establecidos. Un político que tendía puentes entre sectores contrapuestos era un político difícil de contener.

Esta casa recibió también, en años más recientes, visitas que marcaron la historia política argentina. Néstor Kirchner estuvo aquí, en calidad de presidente, y utilizó el comedor de la casa para hacer declaraciones sobre el cambio institucional del país. También Eduardo Luis Duhalde visitó esta sala. La casa de un gobernador desaparecido se convirtió, con el tiempo, en un sitio de memoria y de política viva. Siguiendo a Ludmila Catela da Silva, la territorialización de la memoria ocurre precisamente en este desplazamiento: el espacio físico se transforma en un documento que ancla la subjetividad política de quienes lo habitan y lo visitan.

Hay una memoria que se teje en paralelo a la del gobernador y que merece ser nombrada en este mismo espacio: la de Lucía Ragone, su hermana. Elena, licenciada en Trabajo Social y excolega de Lucía en el área de salud pública, la evoca durante la caminata con una precisión que sacude. En los años ochenta, cuando el VIH/SIDA era todavía un estigma sin nombre oficial en Salta, cuando el miedo paralizaba a los equipos de salud y la falta de protocolos dejaba a los enfermos sin asistencia ni atención, Lucía Ragone estaba allí. Elena lo dice sin adornos: "Nosotros somos el equipo que hemos encontrado la gran cantidad de personas que no estaban siendo asistidas ni atendidas". Esa frase condensa una ética que no necesita panfleto. Lucía recorría los márgenes de la provincia —sus suburbios, sus silencios sanitarios— para llegar a quienes el sistema no quería ver. La ética médica de Miguel Ragone no murió con él en el Pasaje del Milagro; sobrevivió en su hermana, en los pasillos de los hospitales públicos, en la disposición de dar la cara cuando el miedo dominaba. Diana Maffia diría que esta es una subjetividad política construida desde la ética del cuidado: una forma de resistencia que no ocupa las tribunas pero que sostiene el tejido social desde adentro, desafiando las lógicas de poder que durante la represión y también en la democracia prefirieron mirar hacia otro lado.

Marcelo López Arias, exfuncionario judicial y estrecho colaborador del proyecto político de Ragone en 1973, aporta una dimensión que me parece crucial para entender a mi abuelo más allá de la victimología: la reforma institucional como práctica política. Ragone lo nombró Defensor Oficial Penal con una misión estratégica explícita: "Yo quiero que usted se haga defensor oficial penal para que me ayude a controlar la policía con todas las cosas que han hecho". López Arias describe esa labor como inspecciones a las comisarías a medianoche, una auditoría permanente sobre el aparato represivo. Él mismo lo define, retrospectivamente, como "la antesala del comité para la prevención de la tortura". Mi abuelo estaba construyendo, en 1973, un mecanismo de control democrático sobre la violencia policial, décadas antes de que eso se convirtiera en política nacional.

III. En el Pasaje del Milagro, frente al almacén de Arredez: Donde cayó

Estamos parados en el lugar exacto. Frente al almacén que perteneció al fallecido Arredez, en el Pasaje del Milagro. Este almacén sigue aquí, como un testigo mudo que no puede hablar pero tampoco puede irse. Aquí fue donde el Peugeot 504 gris de mi abuelo quedó detenido el 11 de marzo de 1976. Aquí fue donde lo interceptaron.

Yo digo lo que sé y lo que siento: "Donde estamos parados es justamente el lugar en el que él cayó". Y agrego lo que más importa: "Miguel Ragone sí lo mataron, pero todos los que estamos nosotros presentes acá... sembramos cosas permanentemente". La presencia aquí es un acto político. No estamos de visita. Estamos ocupando el espacio que el crimen quiso vaciar.

Un cronista de noticiero me intercepta. La entrevista se produce en este punto geográfico de alta carga simbólica. Describo mis sensaciones como contradictorias. Por un lado, la satisfacción profunda de ver que la memoria sigue viva, que caminar junto a compañeros permite recrear el recorrido cotidiano de mi abuelo como una forma de pregunta desde el presente. Por otro lado, la persistencia de un duelo permanente y una angustia que solo se mitiga con la compañía colectiva.

El periodista me pregunta por la figura jurídica de mi abuelo: ¿asesinado o desaparecido? Navego esa complejidad con honestidad. Como asesinado, soy tajante: a Miguel Ragone lo mataron. Esa certeza se apoya en los relatos de testigos que vieron el ataque en esta esquina, que vieron el cuerpo herido del comerciante Arredez cuando intentó ayudarlo. Como desaparecido, reconozco que política y jurídicamente Ragone sigue siendo esa figura, la que en Argentina posee un valor simbólico fundamental: el cuerpo ausente que genera una necesidad permanente de búsqueda y de duelo.

Esa condición me llevó a buscar un sitio para el duelo, independientemente de la resolución judicial. Y encontré algo. Pude cerrar muchas cosas gracias al testimonio de un testigo arrepentido, un policía que tenía veinte años en el momento del operativo. Su relato: tras abandonar el auto en Cerrillos, se formó una caravana que avanzó hacia el Dique Cabra Corral. El cuerpo de mi abuelo habría sido colocado en un cajón de cemento. Ese cajón fue desplazado desde una de las orillas del puente y arrojado al fondo del espejo de agua. Critico que el exjuez Medina descartó este testimonio de la investigación oficial. Para la justicia, ese relato no tiene validez jurídica. Para mí, representó un hito que me permitió vincular la vida con la muerte en ese paisaje. A veces la verdad judicial y la verdad humana no coinciden.

Blanca Lescano interviene para ampliar el encuadre político de la desaparición. Ella vincula lo ocurrido con mi abuelo directamente con el Operativo Independencia: "La hipótesis realmente de lo de Ragone en el contexto político de Argentina... pertenecía a lo que era el operativo de independencia". Lo que ocurrió aquí, en este Pasaje del Milagro, no fue un hecho local y aislado. Fue parte de una gestión represiva que ya se había legalizado formalmente en 1975 bajo el mando de figuras como Antonio Domingo Bussi.

Blanca habla también de su propio padre. Desapareció apenas dos días después del golpe, con características idénticas a las de Ragone. Pero a diferencia del caso salteño, los investigadores en Tucumán lograron identificar sus restos en el Pozo de Vargas. Para Blanca, ese sitio es el símbolo de lo que la identificación puede significar frente a la incertidumbre de la desaparición. Y dice algo que me resuena hondo: la falta de un cuerpo no anula la identidad política del sujeto desaparecido. La hace permanente.


Desde la perspectiva teórica que venimos trabajando, la esquina del Pasaje del Milagro es lo que Catela da Silva llamaría una huella que ancla la subjetividad política de la comunidad. El poste, las placas, el almacén: son objetos que materializan la historia y resisten el olvido. Michael Pollak diría que estos espacios físicos son los soportes materiales de las memorias subterráneas que el sistema intentó enterrar. Que sigamos aquí, de pie, frente al almacén de Arredez, es la demostración de que esas memorias no se dejaron enterrar.

Marcelo López Arias interviene con la dimensión político-institucional del colapso del gobierno de Ragone en 1974-1975. Identifica al diario El Tribuno y a sectores de la derecha peronista como actores que deslegitimaron activamente al gobierno antes de la intervención federal. Nombra a Roberto Romero como uno de los principales beneficiarios políticos de la caída de Ragone. Y critica la hipocresía del decreto de intervención que alegaba "acefalía" cuando el poder había sido activamente socavado: "El decreto de intervención de la provincia tiene la hipocresía... de decir que se decreta la intervención de la provincia por la acefalía". No hubo vacío de poder. Hubo despojo.

IV. Al pie de la Cruz del Congreso Eucarístico: Memoria, burocracia y futuro


Llegamos al Paseo Güemes, frente al Club 20 de Febrero, al pie de la Cruz del Congreso Eucarístico de 1973. Gauffin ya había señalado en el Monumento a Güemes que este Congreso, realizado un año y medio antes del crimen de Ragone, debe entenderse como uno de los elementos que prepararon el terreno político y simbólico para lo que vino después. La cruz es, entonces, un signo ambivalente: religioso en su forma, político en su historia.

Este último tramo de la caminata se carga de una tensión diferente. Blanca Lescano expresa lo que muchos sentimos pero no siempre decimos con esta claridad: la institucionalización de la memoria en la Subsecretaría de Derechos Humanos ha vaciado de contenido político la lucha, convirtiéndola en una "lectura lavadita y romántica" que ignora a los familiares vivos. Critica la falta de firma política de las nuevas generaciones de gestores, que prefieren el refugio de lo académico sobre el compromiso militante: "Todo lo académico, pero no la firma política". Y lanza una frase que duele porque es exacta: "Parece que como ya no pueden cobrar no les sirve la memoria".

Yo también expreso lo que observo con inquietud: algunos de los sujetos históricos que encarnan esta memoria institucional están desapareciendo junto con su salud física. Esa dureza del testimonio directo "posiblemente esté en un proceso de pérdida de memoria". Y me preocupa la estética de los actos: no quiero que esta marcha parezca "un cortejo fúnebre", un cementerio itinerante. La memoria debe ser viva y pedagógica. Propongo que hagamos cosas para que la gente sepa quiénes fueron los desaparecidos. Para que los transeúntes que no vinieron a la caminata también se enteren. Para que la calle sea un aula.

El diálogo en este punto final revela lo que Elizabeth Jelin llamaría una disputa por el capital simbólico de la memoria: entre quienes la gestionan desde el Estado y quienes la exigen desde la familia y la militancia. Los primeros buscan una memoria que trascienda a los familiares —lo que en los hechos significa despojarlos de su centralidad y de su exigencia de justicia—. Los segundos sostenemos que la memoria sin exigencia ética es decoración. Pollak diría que la gestión institucional del silencio busca precisamente neutralizar las memorias subterráneas de los familiares para imponer una narrativa estatal controlada.

También en este punto Gauffin cierra su aporte pedagógico con una síntesis que me parece justa: mientras Blanca Lescano y yo lidiamos con la parálisis burocrática y el deterioro físico de los testigos históricos, Gauffin apuesta a la difusión masiva y al relevo generacional. Su discurso integra la anécdota biográfica con el análisis macropolítico, asegurando que la figura de mi abuelo no sea solo un recuerdo de mayores, sino un motor de conciencia ciudadana para el futuro.

Conclusión: Cincuenta años no son nada si la memoria se trabaja


Cuando termina la caminata y la gente se dispersa lentamente por el Paseo Güemes, quedo unos minutos parado mirando la Cruz. Pienso en lo que significa estar aquí hoy, en 2026, cincuenta años después. Pienso en lo que Gauffin dijo al comienzo: la memoria debe reverdecerse. No puede ser un monumento. No puede ser una fecha en el calendario. Debe ser una praxis, un método, una pregunta que se renueva.

La caminata de los Mil Pasos por Ragone es exactamente eso. Es la aplicación concreta de lo que Gauffin llama el retorno al lugar de los hechos: volver físicamente, pisar la tierra, mirar el almacén de Arredez, pararse frente a la casa de Puló 146, recorrer con el cuerpo lo que el crimen quiso clausurar. Cada paso es una pregunta. Cada parada es una respuesta provisoria que genera nuevas preguntas. Así funciona la memoria activa, según la tradición que venimos trabajando: no como un archivo sino como un proceso, no como un dato sino como una interpretación que se actualiza.

La importancia de este acto se multiplica en el contexto que vivimos. Un gobierno nacional que pasó del negacionismo a la reivindicación explícita del terrorismo de Estado convierte cada acto de memoria en un acto de resistencia política. Un gobierno salteño que entrega el territorio a la minería y el extractivismo, alineado completamente con esa lógica nacional, reproduce la misma estructura que denunciaba mi abuelo: pocos que concentran la riqueza mientras la pobreza se socializa. La dicotomía que Ragone planteaba entre liberación o dependencia, alineado con el programa de gobierno de Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima, no es historia antigua. Es el mapa del presente.


El régimen desaparecedor de los años setenta no fue liquidado. Se transformó. Hoy se manifiesta en la degradación institucional, en el vaciamiento de los mecanismos de control democrático, en el pragmatismo de jóvenes profesionales del derecho y el periodismo que "negocian con el poder" como si eso fuera una virtud. La democracia "maquillada" que yo denuncio es aquella que tiene las formas pero no los contenidos, que celebra los cincuenta años del golpe con actos protocolares mientras desmantela los organismos que deberían garantizar que eso no vuelva a ocurrir.

Por eso volvemos. Por eso caminamos. Por eso nos paramos frente al almacén de Arredez y decimos en voz alta: aquí cayó. Porque nombrar es el primer acto político. Porque como dijo Fernando Pequeño —que soy yo, que es mi nombre completo cuando hablo para la historia—, "Miguel Ragone sí lo mataron, pero todos los que estamos nosotros presentes acá... sembramos cosas permanentemente".

La caminata de los Mil Pasos por Ragone es una semilla. Una semilla que se planta en la ciudad de Salta, en las baldosas de sus pasajes, en el asfalto de sus avenidas, en la memoria de quienes la caminaron y en la de quienes todavía no saben que deberían hacerlo. Cincuenta años no son un cierre. Son una convocatoria. Si hemos servido, volveremos.





[i] Orden Claude: Construye un ensayo extenso (máximo de 5000 palabras) basado en el documento adjunto sobre la "Caminata de los Mil Pasos por Ragone". Escribe en primera persona y tiempo presente, desde la perspectiva del narrador Fernando Pequeño Ragone, con un tono reflexivo, militante y conmemorativo. El objetivo principal es difundir la caminata como acto de memoria activa, en el contexto de los 50 años del golpe militar de 1976 en Salta y Argentina. Enfatiza el contraste con el gobierno nacional actual, que pasó del negacionismo a reivindicar el terrorismo de Estado, y el gobierno salteño, que impulsa el extractivismo (especialmente minero) para enriquecer a unos pocos, alineándose totalmente con el nacional.

Estructura obligatoria del ensayo:

1.        Introducción (300-400 palabras): Presenta la caminata del martes 10 de marzo de 2026 como respuesta viva a la memoria de Miguel Ragone, un día antes de la conmemoración de su asesinato. Contextualiza la espacialidad simbólica del recorrido en Salta: inicia en las escalinatas del Monumento a Güemes (frente al Juzgado Federal 3), pasa por la casa de Ragone en Pasaje Puló 146, el sitio del secuestro en Pasaje del Milagro (frente al almacén de Arredez), y concluye a los pies de la Cruz del Congreso Eucarístico de 1973 (Paseo Güemes, frente al Club 20 de Febrero). Vincula esto al panorama político actual de negacionismo y extractivismo.

2.       Desarrollo extenso de cada encuentro: Dedica una sección a cada parada, narrando en primera persona lo vivido. Para cada una:

o    Describe el sitio con detalle sensorial y simbólico (espacialidad histórica y urbana).

o    Identifica a los interlocutores clave (nombres, roles: militantes, periodistas, DDHH, etc.).

o    Desarrolla extensamente sus intervenciones: cita diálogos literales o parafraseados del documento, incorpora teorías citadas (e.g., estudios de memoria, masculinidades, derechos humanos), y comparaciones discursivas presentes.

o    Integra emociones, memorias colectivas y mi perspectiva personal como narrador.

o    Monumento a Güemes: Enfoca intervenciones iniciales.

o    Casa de Ragone (Pasaje Puló 146): Detalla recuerdos íntimos y alocuciones.

o    Pasaje del Milagro (frente al almacén de Arredez): Recupera extensamente la entrevista a Fernando Pequeño con Blanca Lescano. Contextualízala en el secuestro ("caída") de Ragone; incorpora alusiones a la línea teórica trabajada (humanidades, derechos humanos, masculinidades post-hegemónicas).

o    Cruz del Congreso Eucarístico: Cierra el ciclo con reflexiones eucarísticas y políticas.

3.       Conclusión (300-400 palabras): Reflexiona sobre el valor de la caminata en los 50 años del golpe: como práctica de memoria activa contra el olvido oficial. Alude a la propuesta de Gauffin sobre cómo trabajar y evocar la memoria (detalla si está en el documento). Termina con una llamada a la acción militante, proyectando hacia futuras resistencias al extractivismo y negacionismo.

Estilo y requisitos generales:

  • Lenguaje vívido, narrativo y analítico; usa metáforas urbanas y referencias locales salteñas.
  • Integra citas textuales del documento entre comillas o en cursiva.
  • Mantén coherencia temporal en presente; incluye transiciones fluidas entre secciones.
  • Evita repeticiones; enfócate en profundidad emocional e intelectual.
  • Formato: Títulos de secciones con headers (e.g., ### Encuentro en el Monumento a Güemes).

Usa solo información del documento adjunto; no inventes datos.

 

jueves, 19 de febrero de 2026

Generaciones de militantes de la memoria en Salta

 

Org de DDHH participando en la Segunda Marcha Federal Antifascita y Antiracista, Salta.


 

Generaciones de militantes de la memoria en Salta

Permanencias y renovaciones en un proceso vivo

Ensayo de divulgación para las organizaciones integrantes de la Mesa de Derechos Humanos y la Comisión Provincial de la Memoria de Salta

Salta, febrero de 2026

 

Contenidos

I.Las fracturas que nos preceden: historia de un movimiento dividido y sinembargo vivo

II. Los marcos sociales de la memoria y la identidad delas generaciones veteranas

III. El posicionamiento intergeneracional: la disidenciade Nenina Lescano como síntoma

IV. El Comité de Prevención de la Tortura: la últimaherramienta genuina

V. Tensiones que no hay que resolver sino procesar:propuestas para evitar la fragmentación

Conclusión: a cincuenta años, la memoria como protocolovivo

 

 

 

Síntesis uno

 

 

I. Las fracturas que nos preceden: historia de un movimiento dividido y sin embargo vivo

La historia del movimiento de derechos humanos en Argentina es, antes que cualquier otra cosa, una historia de fragmentaciones productivas. Desde sus orígenes en los años más oscuros de la dictadura, las organizaciones que dieron voz al horror nunca fueron una sola voz. Fueron muchas, tensionadas entre sí, a veces incompatibles, y sin embargo capaces de producir —a pesar de sus diferencias y en muchos casos gracias a ellas— algunos de los logros más extraordinarios en materia de justicia transicional que el mundo haya conocido.

Recordarlo no es un ejercicio nostálgico: es una advertencia y una fuente de esperanza. Las Madres de Plaza de Mayo se dividieron en 1986 entre la Asociación y la Línea Fundadora, una ruptura dolorosa que generó incomprensión y duelo en quienes las miraban desde afuera. Sin embargo, ambas ramas continuaron su camino con identidades diferenciadas y ambas contribuyeron, desde lugares distintos, a sostener la memoria cuando el Estado buscaba enterrarla bajo las leyes de impunidad. La división no las destruyó: las transformó.

Síntesis dos

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Algo similar ocurrió a lo largo de las décadas con HIJOS, con APDH, con las distintas agrupaciones de ex presos políticos. Cada organización construyó su propia lectura del pasado, su propia relación con el Estado, su propio ritmo de memoria. Hubo momentos en que esas diferencias parecían insalvables. Y sin embargo, cuando la justicia llegó —cuando los juicios por crímenes de lesa humanidad comenzaron a producir sentencias— lo hizo sobre la base de décadas de trabajo sostenido por actores que no siempre se hablaban, que no siempre se reconocían como aliados, pero que habían mantenido encendida la llama desde distintos rincones.

En Salta, este proceso tuvo sus propias cadencias. La Asociación Miguel Ragone, los Familiares de Detenidos Desaparecidos, la Mesa de Derechos Humanos, la Comisión Provincial de la Memoria: cada una de estas instituciones lleva en su cuerpo las marcas de esa historia fragmentada y fecunda. Conocen de primera mano lo que cuesta construir y lo que duele perder. Es desde esa memoria histórica del propio movimiento —no solo del movimiento frente al Estado sino del movimiento frente a sí mismo— que se hace necesario leer la coyuntura de 2026.

Porque la fragmentación que amenaza hoy no es nueva. Es la misma vieja tensión entre quienes entienden la resistencia como pureza y quienes la entienden como estrategia. Entre quienes creen que el contacto con el poder contamina y quienes creen que abandonar los espacios institucionales equivale a regalarlos al adversario. Esa tensión no tiene resolución perfecta. Lo que tiene es historia, y esa historia enseña que la ruptura total rara vez sirve a la causa de los derechos humanos, y que la absorción acrítica por el Estado tampoco.

La pregunta de 2026 no es, entonces, una pregunta nueva. Pero se plantea en un contexto de excepcional gravedad, a cincuenta años del golpe, con el Estado nacional desmantelando activamente las estructuras de memoria y derechos humanos, y con una generación de militantes históricos que siente —con razón— que aquello por lo que lucharon toda su vida está siendo atacado en sus fundamentos. Comprender ese contexto, y comprender lo que Halbwachs llamó los marcos sociales de la memoria, es el punto de partida para encontrar caminos que no nos hagan daño a nosotros mismos mientras el adversario avanza.

II. Los marcos sociales de la memoria y la identidad de las generaciones veteranas

Maurice Halbwachs, sociólogo francés que murió en el campo de concentración de Buchenwald en 1945, nos dejó una herramienta teórica que ilumina con precisión perturbadora lo que está ocurriendo en el movimiento de memoria de Salta. Su proposición central es aparentemente simple pero de consecuencias profundas: no recordamos solos. La memoria individual existe, sí, pero solo cobra forma, solo adquiere consistencia y sentido, dentro de los marcos que nos proveen los grupos a los que pertenecemos. Sin esos marcos —esas comunidades de referencia, esos relatos compartidos, esas fechas y lugares y nombres que un grupo decide custodiar— el recuerdo se disuelve.

Para quienes en Salta han dedicado su vida entera a la militancia de la memoria —quienes buscaron a sus hijos o hermanos o compañeros en los años más oscuros, quienes sostuvieron la memoria cuando nadie quería oír, quienes construyeron las instituciones que hoy están en disputa— el grupo no es un elemento externo a su identidad: es su identidad misma. Su yo está tejido de esa historia colectiva. Su nombre tiene sentido porque pertenece a esa genealogía de lucha. Sus años de militancia son los años de una comunidad moral que les dio forma.

Halbwachs advierte algo crucial: cuando ese marco colectivo se fractura o se percibe amenazado, la reacción no es meramente política. Es existencial. El dolor que el grupo ha procesado colectivamente —el horror de la desaparición, la impunidad de los años noventa, la lenta conquista de la verdad— adquiere lo que Halbwachs llama una "fisonomía colectiva y familiar": un rostro reconocible que permite soportarlo, nombrarlo, transmitirlo. Cuando alguien o algo amenaza ese marco —cuando una institución que debía ser espacio de resistencia parece convertirse en herramienta del poder— la reacción de quienes han construido su identidad sobre esa fisonomía colectiva es de alarma profunda, casi visceral. No se trata de una posición política que pueda revisarse en una reunión. Se trata de algo que toca el núcleo de quiénes son.

Esto es lo que está en juego en la posición de Blanca "Nenina" Lescano. Lescano forma parte de la Comisión Directiva de la Asociación Miguel Ragone, y su posición disidente respecto a otros miembros de esa misma Comisión no puede leerse como mera obstinación o purismo ideológico. Leída a través de Halbwachs, su postura es la de alguien cuyo marco de memoria colectiva está siendo puesto en cuestión desde adentro del propio grupo, y eso produce una fractura que duele de una manera particular y difícil de articular en términos políticos racionales.

Lescano sostiene que participar en la Comisión Provincial de la Memoria bajo la gestión del gobernador Sáenz es reproducir la misma lógica que se ha criticado durante décadas: legitimar con la presencia militante a un gobierno que se alinea con el desguace nacional de los derechos humanos. Su argumento no es caprichoso. En su marco de memoria, el Estado no es un campo de disputa neutro: es históricamente el espacio desde el cual se organizó el terror, y la prudencia elemental exige no confundirse con él. Ese marco fue construido en condiciones extremas, en años en que tal distinción no era una posición política sino una condición de supervivencia física y moral.

Pero hay algo más que Halbwachs ilumina: los marcos de memoria tienden a estabilizarse y a resistir la actualización. Las generaciones que construyeron sus identidades en la resistencia durante la dictadura y los años de impunidad llevan en su cuerpo y en su memoria colectiva un mapa del adversario que fue forjado en condiciones históricas específicas. El Estado-enemigo de ese mapa es el Estado de 1976, el Estado de los indultos, el Estado de la obediencia debida. Ese mapa tiene una coherencia interna poderosa y una legitimidad ganada a un precio altísimo. Pero todo mapa tiene sus límites, y uno de los riesgos del envejecimiento de los marcos sociales de memoria es que pueden volverse menos sensibles a los matices del presente.

Decir esto no es cuestionar la validez de esa memoria ni el lugar que merecen quienes la sostienen. Es reconocer, siguiendo al propio Halbwachs, que la memoria viva necesita siempre actualizarse en diálogo con el presente, o corre el riesgo de convertirse en monumento: hermoso, respetable, y cada vez más distante de la vida que pulsa alrededor.

III. El posicionamiento intergeneracional: la disidencia de Nenina Lescano como síntoma

La situación de Nenina Lescano dentro de la Comisión Directiva de la Asociación Ragone es especialmente reveladora porque pone en primer plano algo que generalmente se mantiene en el trasfondo de los debates políticos: la fractura intergeneracional no ocurre solo entre organizaciones distintas, sino dentro de las mismas organizaciones, entre personas que comparten historia, afecto y compromiso.

Lescano y quienes ocupan posiciones diferentes en la Comisión Directiva no son adversarios ideológicos en el sentido clásico. Son personas que han construido sus vidas en torno a los mismos valores, que llevan la misma historia en el cuerpo, que conocen los mismos nombres de los desaparecidos y los mismos nombres de sus victimarios. Lo que los diferencia no es el fin —la memoria, la justicia, la verdad— sino el diagnóstico sobre cómo construir ese fin en el presente concreto de 2026.

Fernando "Pequeño" Ragone representa, dentro de esta tensión, una postura que podría llamarse de institucionalización estratégica: no se trata de confiar en la gestión de Sáenz ni de rendirse ante el poder provincial, sino de entender que las instituciones de memoria que existen —la Comisión Provincial, el Comité de Prevención de la Tortura— son herramientas que si se abandonan no quedan vacías sino que son ocupadas por otros. En su lectura, lo que no se institucionaliza desaparece, y la desaparición de estas estructuras en el contexto actual equivaldría a una victoria del adversario sin que este haya tenido que batallar.

La disidencia de Lescano frente a esta postura no es, entonces, una resistencia al cambio o a la renovación. Es la expresión de una memoria colectiva que ha aprendido —en años muy duros— a desconfiar profundamente de las instituciones estatales como espacios de resistencia genuina. Su marco histórico le dice que el Estado cooptará, como ha cooptado antes; que la presencia en los actos oficiales se convertirá en legitimación; que la distinción entre participación crítica y colaboración funcional es más difícil de sostener en la práctica de lo que parece en la teoría.

Ambas posiciones tienen razón en algo fundamental. Lescano tiene razón en que el riesgo de cooptación es real y que la historia ofrece demasiados ejemplos de instituciones de derechos humanos absorbidas por lógicas oficiales. Ragone tiene razón en que el abandono de las instituciones no produce pureza sino vacío, y que ese vacío lo llenan quienes tienen interés en que la memoria desaparezca.

Lo que vuelve esta tensión especialmente difícil de procesar es que ocurre dentro de la misma organización, entre personas que se conocen, que se respetan y que sienten que lo que está en juego es demasiado importante para equivocarse. En ese contexto, la divergencia de posiciones no se vive como debate político sino como amenaza a la integridad del grupo mismo, es decir, como amenaza al marco social que da sentido a sus identidades. Y eso, siguiendo a Halbwachs, produce una intensidad emocional que los argumentos racionales solos no alcanzan a resolver.

IV. El Comité de Prevención de la Tortura: la última herramienta genuina

En este panorama, el Comité de Prevención de la Tortura ocupa un lugar singular. Mientras la Comisión Provincial de la Memoria puede disputarse simbólicamente entre actos oficiales y resistencia autónoma, el Comité representa algo más inmediato y urgente: es el mecanismo institucional concreto disponible para levantar voces contra la violencia que ocurre ahora, en las cárceles y comisarías de Salta, en los márgenes donde el Estado ejerce su poder más brutal sobre los cuerpos más vulnerables.

La percepción de que el Comité está siendo vaciado —por la falta de sanciones efectivas, por los mandatos vencidos sin renovación, por la dependencia de una Corte de Justicia que el gobernador Sáenz busca controlar en su mayoría— no es una preocupación abstracta. Es la señal de que el único instrumento disponible para traducir la memoria en protección real y presente está siendo desmantelado.

Aquí la tensión intergeneracional adquiere una dimensión diferente. Las generaciones veteranas del movimiento de memoria construyeron su identidad en la lucha contra una violencia institucional que se ejercía en secreto, en la oscuridad de los centros clandestinos. Las generaciones más jóvenes de militantes —quienes han crecido con el horizonte de los juicios, con la memoria convertida en política pública— enfrentan una violencia institucional que no siempre es clandestina pero que igualmente destruye vidas. El puente entre ambas memorias pasa por el Comité: es donde la historia se vuelve urgencia presente.

Perder ese espacio institucional no sería solo una derrota táctica. Sería borrar el hilo que conecta la memoria del pasado con la protección del presente. Y eso, en el año del cincuentenario del golpe, sería una derrota de una gravedad que no se puede subestimar.

V. Tensiones que no hay que resolver sino procesar: propuestas para evitar la fragmentación

La primera tentación ante una tensión tan profunda es querer resolverla: decidir quién tiene razón, zanjar la discusión, unificar posiciones. Esa tentación debe resistirse. Las tensiones genuinas en un movimiento vivo no se resuelven: se procesan. Lo que se necesita no es que Lescano o Ragone abandonen su posición, sino que la Comisión Directiva de la Asociación Ragone y las demás organizaciones construyan mecanismos para que esas posiciones coexistan sin romper la unidad del movimiento.

Desde esta comprensión, se proponen los siguientes caminos concretos:

1. Acuerdo de fronteras éticas compartidas

Antes de discutir si participar o no en tal o cual acto oficial, las organizaciones necesitan acordar cuáles son las condiciones innegociables de cualquier participación institucional. No como un dogma abstracto sino como un protocolo operativo: ¿qué debe ocurrir para que la participación sea aceptable? ¿Qué tipo de presencia del Estado en un acto lo vuelve inaceptable? Ese acuerdo de "fricción ética" no elimina el desacuerdo, pero lo encuadra: convierte el debate en una discusión sobre condiciones concretas y verificables en lugar de una batalla de principios irreconciliables.

Un ejemplo concreto: acordar que la Asociación Ragone participará en las conmemoraciones del 24 de marzo solo si se cumplen protocolos específicos —rendición de honores a las víctimas bajo supervisión de los organismos, uso de los espacios para transmitir los nombres y las historias, presencia de veedores externos— transforma la participación de un gesto de legitimación en un procedimiento con consecuencias controlables.

2. Estrategia dual: presencia institucional y acción autónoma simultáneas

No hay razón para que la Asociación Ragone o la Mesa de Derechos Humanos tengan que elegir entre participar en los actos de la Comisión Provincial y sostener acciones autónomas en los territorios. La estrategia dual reconoce que ambas cosas son necesarias y que se refuerzan mutuamente: la presencia institucional otorga visibilidad y acceso a recursos; la acción autónoma territorial garantiza que la memoria siga viviendo en los barrios, en los centros culturales, en las escuelas, independientemente de lo que decida el Estado.

El mosaiquismo, los actos en los barrios, las actividades en universidades y gremios no son un segundo plano resignado. Son el corazón de la memoria viva. Y la presencia en los actos oficiales, cuando se hace con los protocolos acordados, no tiene por qué contradecirlos.

3. Programas de mentoría intergeneracional: el pasaje de la posta

Halbwachs advierte que los marcos sociales de la memoria mueren cuando mueren quienes los sostienen, si no se han transferido a nuevos portadores. Esta advertencia es urgente para el movimiento de memoria de Salta: la generación de veteranos que construyó las instituciones y que lleva en su cuerpo la memoria de primera mano no es eterna, y la pregunta sobre quién sostendrá esos marcos cuando ellos ya no puedan hacerlo no puede postergarse.

Un programa de mentoría intergeneracional no significa pedirle a los jóvenes que reproduzcan exactamente los marcos de los veteranos. Significa crear espacios deliberados de transmisión donde la memoria de los veteranos dialogue con las experiencias y las subjetividades de las generaciones más jóvenes —incluyendo militantes LGBT, activistas gremiales, investigadores universitarios, jóvenes de organizaciones barriales— para que esos marcos se actualicen sin perder su esencia crítica.

Ese diálogo intergeneracional necesita ser formalizado: no puede depender de que ocurra espontáneamente. Reuniones regulares entre militantes de distintas generaciones, ejercicios de transmisión oral de la historia, espacios donde los jóvenes puedan hacer preguntas que los veteranos consideren obvias y los veteranos puedan cuestionar certezas que los jóvenes dan por sentadas: estos son los procedimientos concretos que convierten la transmisión de la memoria en un proceso activo y no en un legado que se hereda sin comprender.

4. El Comité de Prevención de la Tortura como prioridad de unidad

Si hay un terreno en el que las distintas posiciones del movimiento pueden encontrarse con mayor facilidad es el de la defensa del Comité de Prevención de la Tortura. Su mandato —controlar la violencia institucional en el presente— no tiene la misma ambigüedad que los actos conmemorativos. Aquí no hay disputa sobre si es legítimo participar o no en espacios estatales: se trata de defender una institución de control cuya extinción beneficiaría exclusivamente a quienes ejercen esa violencia.

Hacer del Comité el terreno prioritario de unidad del movimiento tiene una doble ventaja: por un lado, orienta la energía hacia donde el impacto es más inmediato y concreto; por otro, crea una experiencia de trabajo conjunto entre posiciones divergentes que puede sentar bases para procesar las tensiones en otros terrenos.

5. La autonomía como escudo: identidad salteña de derechos humanos

Frente al avance del negacionismo desde el Estado nacional, las instituciones de memoria de Salta tienen la oportunidad —y la necesidad— de construir una identidad provincial fuerte y reconocible que les permita existir con independencia de lo que ocurra en Buenos Aires. Esa identidad no sería una renuncia a los vínculos nacionales sino un escudo: si la Comisión Provincial de la Memoria es reconocida como parte de la identidad cultural y democrática de Salta, resulta más difícil para cualquier poder político local desactivarla sin costo político.

Construir esa identidad requiere visibilidad, alianzas con sectores que no son los habituales del movimiento —empresas culturales, instituciones educativas, gremios, medios de comunicación— y una narrativa que haga de la memoria de los derechos humanos no solo una causa de las organizaciones sino un valor de la sociedad salteña en su conjunto.

Conclusión: a cincuenta años, la memoria como protocolo vivo

A cincuenta años del golpe, las organizaciones de derechos humanos de Salta se encuentran ante una encrucijada que sus propias historias han atravesado antes bajo formas distintas. El movimiento ha sobrevivido a sus propias fracturas. Ha producido justicia desde la desunión y ha sostenido la memoria desde la pluralidad. No hay razón para creer que no pueda hacerlo nuevamente.

Pero el contexto de 2026 exige algo más que sobrevivir a la fragmentación: exige gestionarla activamente. Exige reconocer que Nenina Lescano y Fernando Ragone no son adversarios sino portadores de dos memorias igualmente legítimas que necesitan encontrar un lenguaje común para coexistir dentro de las mismas instituciones. Exige que las generaciones más jóvenes comprendan la profundidad existencial de las posiciones de sus mayores, y que los veteranos comprendan que las generaciones más jóvenes no son menos comprometidas sino portadoras de una memoria construida en condiciones históricas diferentes.

Halbwachs nos recuerda que la memoria vive mientras haya grupos que la sostengan. La tarea de 2026 —en los meses que preceden al 24 de marzo, en la semana del cincuentenario, en el largo trabajo que sigue después— es mantener vivos esos grupos, con todas sus tensiones adentro, para que la memoria no quede reducida a un monumento sino que siga siendo lo que ha sido en los mejores momentos del movimiento salteño: un protocolo activo, un gesto corporal de refiliación democrática, una práctica de cuidado colectivo que impide que el horror vuelva a repetirse.

 

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Referencia teórica central: Maurice Halbwachs, Los marcos sociales de la memoria (1925) y La memoria colectiva (póstuma, 1950).

Documento Completo de la Mesa DDHH Salta leido en el Acto por Memoria, Verdad y Justicia. Salta. 24 marzo de 2026

Documento de la Mesa de Derechos Humanos de Salta, Liga Argentina por los Derechos Humanos y Asociación Dr. Miguel Ragone, al conmemorarse l...