El 13 de junio de 2026, Salta fue escenario de una jornada de articulación política y simbólica que vinculó la memoria histórica con la resistencia sindical contemporánea. El encuentro se estructuró en dos actos complementarios: la presentación del libro *Lo imposible solo tarda un poco más* por los 30 años de la Red Nacional de H.I.J.O.S. en la UNSa, y un conversatorio reflexivo en la sede de La Bancaria junto a referentes de FATPREN y CISPREN. A través de la intervención de Alexis Oliva, se analizó el impacto de la "miseria planificada" sobre el oficio periodístico y la circularidad de las políticas de desmantelamiento de derechos. Entre el diagnóstico de la precarización comunicacional y la defensa del Estatuto del Periodista, la jornada reafirmó que la construcción de la memoria y el ejercicio de la verdad periodística constituyen un mismo campo de lucha contra el negacionismo y el olvido organizado.
De la universidad al sindicato:
un día completo de memoria, periodismo y
resistencia
Crónica de una jornada en dos actos:
UNSa y La Bancaria, Salta
"El periodismo, en
su función más noble, sigue siendo el mismo: buscar la fuente y contar la
verdad." — Diálogo en La Bancaria, junio de 2026
* * *
Una jornada en dos actos
Hay días que se organizan
solos. El 13 de junio de 2026 fue uno de ellos: comenzó con la solemnidad de un
mediodía universitario y terminó con la intensidad de una ronda sindical. Entre
un acto y el otro no hubo discontinuidad ni ruptura temática, sino una
progresión natural del pensamiento colectivo: de la memoria hacia el presente,
del libro hacia la calle, del homenaje hacia la estrategia.
Durante el mediodía, en
las aulas norte de la Universidad Nacional de Salta, la Red Nacional de
H.I.J.O.S. presentó su primer libro editado directamente por la organización:
Lo imposible solo tarda un poco más, obra colectiva que sistematiza tres
décadas de lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Un centenar de
personas escuchó arte, testimonio, análisis y reconocimiento institucional en
un evento transdisciplinario que reunió a referentes de la militancia de
derechos humanos de Salta, Orán y Córdoba.
Horas después, una parte
de ese mismo grupo se trasladó a otro territorio: el salón de reuniones de La
Bancaria, el gremio bancario, espacio fraterno a las organizaciones que habían
estado presentes en la UNSa —entre ellas FATPREN y CISPREN, los sindicatos de
trabajadores de prensa—. El escenario cambió de escala, no de espíritu. De la
sala universitaria colmada a la ronda íntima de militantes. Del evento formal
al conversatorio de trinchera.
Estas dos instancias no
son anecdóticas si se las lee en conjunto. Forman una sola jornada con dos
velocidades: la velocidad pública del acto de presentación y la velocidad
reflexiva del debate interno. En la primera, H.I.J.O.S. presentó su historia
ante la comunidad; en la segunda, los periodistas y militantes discutieron cómo
seguir contándola —y por qué hacerlo se vuelve cada vez más urgente y más
difícil.
* * *
El espacio que habla: el salón de La
Bancaria
El espacio físico es, en
sí mismo, un argumento. El salón de La Bancaria en Salta —tenuemente iluminado,
dominado por el logotipo inscripto en la pared frontal— condensa una historia
de organización colectiva que antecede y excede al conversatorio de esa tarde.
Es un espacio institucional-sindical, lo que significa que cada palabra que se
pronuncia en él está sostenida por una tradición de lucha laboral que los
presentes conocen bien.
Los participantes
registraron esa espacialidad con precisión. Mencionaron la necesidad de un
intercambio cara a cara, de un encuentro con personas de carne y hueso. El
contraste implícito era con la frialdad de las redes sociales, con la
comunicación mediada por pantallas que simula cercanía sin producirla. La
ausencia de un fuego físico —esa metáfora tan antigua de los encuentros
humanos— se compensó con la calidez concreta de un grupo pequeño que se conoce,
se respeta y comparte una perspectiva política.
Esa escala pequeña no es
una limitación: es una forma de trabajo. Los grandes eventos son necesarios
para la visibilidad; los conversatorios de trinchera son necesarios para el
pensamiento. En el mediodía universitario, H.I.J.O.S. habló hacia afuera. En la
tarde sindical, el círculo habló hacia adentro.
* * *
1. La defensa del oficio y su marco regulatorio
El punto de partida fue
concreto y urgente: el gobierno nacional había anulado normativas de protección
laboral para los trabajadores de prensa, y en respuesta, se había presentado en
el Senado un nuevo proyecto de Estatuto del Periodista, gestado en Córdoba —en
Carlos Paz— con el fin de actualizar las garantías laborales frente a la
precarización y la desregulación.
La discusión no giró en
torno al periodismo como privilegio corporativo, sino como condición del
derecho a la información de la ciudadanía. Si el periodista no tiene garantías
laborales, si trabaja bajo la lógica de que se le paga con fama o con capital simbólico
en lugar de con un salario digno, la calidad de la información que produce se
resiente. Y la primera víctima de esa precariedad no es el periodista: es el
público que necesita información para tomar decisiones.
Se destacó la labor del
Círculo Sindical de Prensa —CISPREN— como articulador de esa resistencia
colectiva. La multitarea impuesta por las redacciones actuales, donde un mismo
periodista debe escribir, fotografiar, filmar, editar y gestionar redes simultáneamente,
fue identificada como uno de los mecanismos más efectivos de degradación del
oficio. La organización sindical aparece, en ese contexto, no como un
anacronismo, sino como una respuesta racional a una explotación sistemática.
2. Memoria histórica y terrorismo de Estado: el pasado que sigue activo
El conversatorio de La
Bancaria no giró en torno a abstracciones. Hubo nombres propios, fechas y
lugares. Esa insistencia en lo concreto es una de las marcas distintivas del
periodismo de memoria que los presentes practican y defienden.
Se habló de la Escuela de
Ciencias de la Información de Córdoba, creada en 1972 y convertida
inmediatamente en blanco de la represión: 54 estudiantes y un docente víctimas
del terrorismo de Estado. Se habló de Raúl Augusto, estudiante asesinado en la
cárcel de San Martín el mismo día de la Masacre de Palomitas —5 de julio de
1976—, ese hilo que conecta Córdoba y Salta en un mismo plan de exterminio. Se
habló de Luis Carlos Mónaco, camarógrafo y redactor de los Servicios de Radio y
Televisión de la Universidad Nacional de Córdoba, cuyos restos fueron
identificados recientemente por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Se
habló de Norberto Cooio, trabajador del sindicato de prensa desaparecido.
Estos no son datos del
pasado archivado. Son presencias activas en el debate sobre qué significa hacer
periodismo hoy. El hecho de que el EAAF siga identificando restos en 2026
—cincuenta años después del golpe— dice algo sobre la profundidad del crimen y
sobre la tenacidad de quienes no aceptaron el olvido.
También se compararon
metodologías represivas entre Córdoba y Salta. En Córdoba, bajo el mando de
Menéndez, la "ley de fuga" y los fusilamientos fraguados se aplicaron
al menos diez veces entre abril y octubre de 1976. En Salta, la Masacre de Palomitas
respondía a la misma lógica operativa. Esta coordinación represiva —que en el
mediodía universitario Alexis Oliva había mencionado al referirse al Tercer
Cuerpo de Ejército— encontró en La Bancaria una profundización analítica: la
impunidad de los componentes civiles y empresariales de la dictadura, ilustrada
con el caso de Ledesma como paradigma de impunidad que sobrevive a la biología
de sus responsables.
3. La crisis de la comunicación contemporánea
Si la jornada en la UNSa
fue, entre otras cosas, un acto de reparación histórica, el conversatorio de La
Bancaria fue, en buena medida, un diagnóstico del presente mediático. Y el
diagnóstico no fue tranquilizador.
Los participantes
identificaron un conjunto de fenómenos que amenazan la función social del
periodismo desde adentro y desde afuera. Vale detenerse en cada uno:
|
Fenómeno |
Descripción y consecuencias |
|
Estetización
de la vida |
Predominio de la forma sobre el contenido. La noticia se
diluye en rulos de TikTok y una estética de desfile de modas que prioriza la
imagen del comunicador sobre lo que comunica. |
|
Teoría de los
Dos Demonios |
Resurgimiento de narrativas negacionistas que intentan igualar
la represión estatal con la violencia de las organizaciones políticas de los
años setenta. |
|
Fragmentación
de la lucha |
Debilitamiento de los sujetos colectivos de resistencia y
repliegue hacia la subsistencia individual, que dificulta la acción política
sostenida. |
|
Redes
sociales e influencers |
Desplazamiento del periodismo de investigación por formatos
que apelan a la emoción y la reacción inmediata antes que a la reflexión. |
|
Inteligencia
Artificial |
Uso de herramientas de IA para priorizar la rapidez sobre la
calidad, alejando al periodista del involucramiento directo con los hechos. |
Lo notable de este
diagnóstico colectivo es que los participantes no recayeron en la nostalgia
tecnofóbica. El problema no es la herramienta; es el uso que se hace de ella
cuando la herramienta reemplaza al juicio y no lo asiste. Un celular puede
producir periodismo de investigación excepcional. Un algoritmo puede distribuir
verdad con la misma eficacia con que distribuye mentiras. La pregunta no es
sobre la tecnología: es sobre la ética y la organización política de quienes la
usan.
4. El contexto político y económico: la miseria planificada
El espíritu de Rodolfo
Walsh recorrió el conversatorio. Su concepto de miseria planificada —acuñado en
su Carta abierta a la Junta Militar de 1977, escrita el día antes de su
desaparición— fue recuperado por los participantes para describir el plan
económico del gobierno nacional vigente en 2026. El argumento es preciso: no se
trata de impericia o de crisis coyuntural, sino de un diseño deliberado que
utiliza el pretexto de que el Estado es el problema para desarticular derechos
sociales construidos a lo largo de décadas.
Este hilo conecta
directamente con lo planteado en el mediodía universitario por Alexis Oliva,
quien había advertido sobre la circularidad histórica entre las políticas
económicas de la dictadura, el neoliberalismo de los noventa y el momento
actual. En La Bancaria, esa advertencia encontró su correlato en los efectos
concretos sobre la prensa: precarización laboral, desfinanciamiento de medios
públicos, deslegitimación de los trabajadores de la comunicación y las ciencias
sociales, a quienes se intenta tildar de adoctrinadores.
El negacionismo, en este
marco, no es solo un problema de memoria histórica. Es una estrategia política
activa: si los crímenes de la dictadura fueron una respuesta legítima a una
amenaza equivalente, entonces la desarticulación de los derechos laborales y
sociales que esa dictadura impuso también puede presentarse como necesaria. La
disputa por el sentido del pasado es, en realidad, una disputa por la
legitimidad del presente.
5. Propuestas y estrategias de resistencia
Los conversatorios de
militantes pueden quedarse en el diagnóstico. Este no lo hizo. Los
participantes avanzaron hacia propuestas concretas, y en eso se advierte una
madurez política que distingue la militancia de la queja.El retorno a la artesanía
periodística fue quizás la propuesta más enfática: recuperar el rigor de las
fuentes, la entrevista presencial, la pirámide invertida básica como antídoto
contra las fake news y la superficialidad de las redes. No como ejercicio
nostálgico, sino como apuesta técnica y ética. El periodista que va al
territorio, que verifica, que contrasta, que escucha, produce algo que ningún
algoritmo puede reemplazar: conocimiento situado.
La apuesta por la
microhistoria apunta en la misma dirección: centrarse en historias tangibles y
de tierra adentro donde la verdad pueda verificarse de manera inductiva, de lo
particular a lo general. Esa tradición —que en el NOA tiene raíces profundas en
el periodismo que documentó los crímenes de la dictadura y en el que acompañó
los juicios de lesa humanidad— es también una tradición de resistencia al
centralismo porteño que define qué merece ser noticia.
La dimensión pedagógica
también estuvo presente: el periodista debe hacer un esfuerzo doble por enseñar
a su audiencia a identificar violencias y procesos políticos, incluso si debe
adaptar la forma para resultar accesible en los espacios donde esa audiencia se
mueve. Eso no significa rendirse al algoritmo; significa usarlo.
Finalmente, la acción
comunitaria y la interdisciplinariedad: superar el activismo de pantalla para
recuperar la presencia territorial, y volver a conectar el periodismo con las
ciencias sociales —sociología, antropología, filosofía— para dotar a la información
de un marco teórico sólido. Esta última propuesta resonó especialmente en un
salón que, durante el mediodía, había escuchado a psicólogas sociales,
periodistas, artistas y militantes hablar desde sus disciplinas sin abandonar
su perspectiva política.
* * *
La continuidad: lo que une el mediodía con
la tarde
Para quien estuvo en ambas
instancias, la continuidad entre el mediodía en la UNSa y la tarde en La
Bancaria no requiere explicación: se siente en el cuerpo. Los mismos temas
vuelven a aparecer con otra profundidad. Las mismas personas hablan con más libertad.
Las mismas urgencias se vuelven más concretas.
Pero hay algo más que la
continuidad temática. Hay una continuidad estructural. En el mediodía,
H.I.J.O.S. celebró treinta años de transformar el dolor individual en
organización colectiva. En la tarde, los periodistas discutieron cómo sostener
esa misma operación en su propio campo: convertir la precarización individual
en resistencia gremial, la fragmentación mediática en perspectiva crítica, el
silencio sobre los crímenes del pasado en memoria activa.
La figura de Alexis Oliva
en ambas instancias es significativa. En la UNSa habló como coautor del libro
de H.I.J.O.S., analizando la "pulsión de lucha" de la organización y
la continuidad represiva entre Córdoba y Salta. En La Bancaria habló como
periodista y militante sindical, aplicando ese mismo marco analítico al
presente de su oficio. La coherencia no es casual: es la marca de una
intelectualidad que no separa su función académica o artística de su función
política.
Hay también una
continuidad en los nombres propios. Lucrecia Barquet, mencionada en la UNSa
como referente histórica de H.I.J.O.S. Salta y figura cuyo nombre lleva una
calle donde se ubica la Escuela de Bellas Artes, vuelve a estar presente en La
Bancaria como parte de la red de militantes que sostuvo la lucha en los
momentos más oscuros. La Masacre de Palomitas, evocada en el panel
universitario como hito de la represión salteña, reaparece en La Bancaria
cuando se menciona a Raúl Augusto, asesinado en Córdoba ese mismo día. La
cuerda que ata los hechos no se corta entre un espacio y otro.
Y está la continuidad del
gremialismo. FATPREN y CISPREN estuvieron presentes en el mediodía como parte
del tejido de apoyo a la jornada de H.I.J.O.S. Por la tarde, ese mismo
gremialismo fue el anfitrión y el protagonista del debate. El sindicato no es solo
un lugar donde se negocian salarios: es, en la tradición argentina de los
derechos humanos, un espacio de producción política y de memoria. La dictadura
lo supo bien, y por eso lo atacó con particular saña.
* * *
Periodismo y memoria: una misma práctica con
distintos tiempos
La pregunta que el
mediodía y la tarde del 13 de junio es esta: ¿qué tienen en común el militante
de memoria y el periodista? Ambos buscan fuentes y cuentan verdades. Ambos
trabajan contra el olvido organizado. Ambos enfrentan, en 2026, el avance de un
negacionismo que ya no necesita silenciar los hechos porque puede simplemente
confundirlos, relativizarlos o ahogarlos en ruido.
La diferencia está en los
tiempos y en los formatos. El militante de memoria trabaja con el largo plazo:
treinta años para que lo imposible llegue, como dice el título del libro de
H.I.J.O.S. El periodista trabaja con la urgencia del presente: la noticia de
hoy, el juicio que comenzó esta semana, la ley que se vota mañana. Pero esa
diferencia de velocidad no es una contradicción: es una división del trabajo
dentro de la misma tarea. Sin la memoria de largo plazo, el periodismo de
urgencia pierde perspectiva. Sin el periodismo de urgencia, la memoria de largo
plazo pierde visibilidad.
Lo que el conversatorio de
La Bancaria puso en evidencia es que los trabajadores de prensa que estuvieron
en la jornada de H.I.J.O.S. no son solo testigos benevolentes: son parte del
mismo campo de lucha. El Estatuto del Periodista que se defiende hoy, la
identificación de restos que el EAAF realiza, la denuncia del plan económico
como miseria planificada: todo eso forma parte de un mismo proyecto político de
construcción de memoria, verdad y justicia. Un proyecto que, como lo demuestra
la historia de H.I.J.O.S., avanza aunque tarde.
* * *
El territorio de la resistencia: de las
aulas al sindicato
Hay algo que se aprende al
recorrer en un mismo día el campo universitario de la UNSa y el salón de La
Bancaria: que la resistencia política no tiene un territorio único. Ocurre en
los auditorios formales y en las rondas íntimas. Ocurre con micrófonos y con
palabras dichas en voz baja. Ocurre cuando se presenta un libro ante un
centenar de personas y cuando se discuten estrategias en un grupo de veinte.
En la tradición del
movimiento de derechos humanos argentino, esa pluralidad de espacios es una
fortaleza. Las Madres marchaban en la Plaza de Mayo, pero también construían
redes clandestinas de solidaridad. H.I.J.O.S. hacía escraches en los barrios,
pero también litigaba en los tribunales. Los periodistas publican en los medios
que los contratan, pero también escriben libros y participan en conversatorios
sindicales. Ningún espacio es suficiente por sí solo; todos son necesarios en
conjunto.
El 13 de junio de 2026,
Salta fue el escenario de esa pluralidad. Una ciudad que carga con sus propios
muertos y sus propias impunidades —Palomitas, el Gallinato, la desaparición del
Dr. Miguel Ragone— demostró que la memoria no descansa en los aniversarios sino
que trabaja todos los días, con los instrumentos que tiene a mano: el arte, el
testimonio, el análisis, la organización sindical, la discusión franca entre
compañeros.
Lo imposible, ya se sabe,
solo tarda un poco más. Pero para que llegue hay que seguir trabajando. En las
aulas. En los sindicatos. En los territorios. Y en las páginas que, como estas,
intentan hacer de la crónica un acto de memoria.
Ambas actividades
forman parte de la jornada organizada por H.I.J.O.S. Salta y H.I.J.O.S. Orán el
13 de junio de 2026. El libro Lo imposible solo tarda un poco más se consigue
de forma autogestiva a través de las redes de H.I.J.O.S. Salta, H.I.J.O.S. Orán
y los correos de distribución del norte del país.




