domingo, 5 de julio de 2026
Conmemoramos la Masacre de Palomitas en el sitio de memoria de la ruta 34
sábado, 13 de junio de 2026
De la universidad al sindicato: un día completo de memoria, periodismo y resistencia
El 13 de junio de 2026, Salta fue escenario de una jornada de articulación política y simbólica que vinculó la memoria histórica con la resistencia sindical contemporánea. El encuentro se estructuró en dos actos complementarios: la presentación del libro *Lo imposible solo tarda un poco más* por los 30 años de la Red Nacional de H.I.J.O.S. en la UNSa, y un conversatorio reflexivo en la sede de La Bancaria junto a referentes de FATPREN y CISPREN. A través de la intervención de Alexis Oliva, se analizó el impacto de la "miseria planificada" sobre el oficio periodístico y la circularidad de las políticas de desmantelamiento de derechos. Entre el diagnóstico de la precarización comunicacional y la defensa del Estatuto del Periodista, la jornada reafirmó que la construcción de la memoria y el ejercicio de la verdad periodística constituyen un mismo campo de lucha contra el negacionismo y el olvido organizado.
De la universidad al sindicato:
un día completo de memoria, periodismo y
resistencia
Crónica de una jornada en dos actos:
UNSa y La Bancaria, Salta
"El periodismo, en
su función más noble, sigue siendo el mismo: buscar la fuente y contar la
verdad." — Diálogo en La Bancaria, junio de 2026
* * *
Una jornada en dos actos
Hay días que se organizan
solos. El 13 de junio de 2026 fue uno de ellos: comenzó con la solemnidad de un
mediodía universitario y terminó con la intensidad de una ronda sindical. Entre
un acto y el otro no hubo discontinuidad ni ruptura temática, sino una
progresión natural del pensamiento colectivo: de la memoria hacia el presente,
del libro hacia la calle, del homenaje hacia la estrategia.
Durante el mediodía, en
las aulas norte de la Universidad Nacional de Salta, la Red Nacional de
H.I.J.O.S. presentó su primer libro editado directamente por la organización:
Lo imposible solo tarda un poco más, obra colectiva que sistematiza tres
décadas de lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Un centenar de
personas escuchó arte, testimonio, análisis y reconocimiento institucional en
un evento transdisciplinario que reunió a referentes de la militancia de
derechos humanos de Salta, Orán y Córdoba.
Horas después, una parte
de ese mismo grupo se trasladó a otro territorio: el salón de reuniones de La
Bancaria, el gremio bancario, espacio fraterno a las organizaciones que habían
estado presentes en la UNSa —entre ellas FATPREN y CISPREN, los sindicatos de
trabajadores de prensa—. El escenario cambió de escala, no de espíritu. De la
sala universitaria colmada a la ronda íntima de militantes. Del evento formal
al conversatorio de trinchera.
Estas dos instancias no
son anecdóticas si se las lee en conjunto. Forman una sola jornada con dos
velocidades: la velocidad pública del acto de presentación y la velocidad
reflexiva del debate interno. En la primera, H.I.J.O.S. presentó su historia
ante la comunidad; en la segunda, los periodistas y militantes discutieron cómo
seguir contándola —y por qué hacerlo se vuelve cada vez más urgente y más
difícil.
* * *
El espacio que habla: el salón de La
Bancaria
El espacio físico es, en
sí mismo, un argumento. El salón de La Bancaria en Salta —tenuemente iluminado,
dominado por el logotipo inscripto en la pared frontal— condensa una historia
de organización colectiva que antecede y excede al conversatorio de esa tarde.
Es un espacio institucional-sindical, lo que significa que cada palabra que se
pronuncia en él está sostenida por una tradición de lucha laboral que los
presentes conocen bien.
Los participantes
registraron esa espacialidad con precisión. Mencionaron la necesidad de un
intercambio cara a cara, de un encuentro con personas de carne y hueso. El
contraste implícito era con la frialdad de las redes sociales, con la
comunicación mediada por pantallas que simula cercanía sin producirla. La
ausencia de un fuego físico —esa metáfora tan antigua de los encuentros
humanos— se compensó con la calidez concreta de un grupo pequeño que se conoce,
se respeta y comparte una perspectiva política.
Esa escala pequeña no es
una limitación: es una forma de trabajo. Los grandes eventos son necesarios
para la visibilidad; los conversatorios de trinchera son necesarios para el
pensamiento. En el mediodía universitario, H.I.J.O.S. habló hacia afuera. En la
tarde sindical, el círculo habló hacia adentro.
* * *
1. La defensa del oficio y su marco regulatorio
El punto de partida fue
concreto y urgente: el gobierno nacional había anulado normativas de protección
laboral para los trabajadores de prensa, y en respuesta, se había presentado en
el Senado un nuevo proyecto de Estatuto del Periodista, gestado en Córdoba —en
Carlos Paz— con el fin de actualizar las garantías laborales frente a la
precarización y la desregulación.
La discusión no giró en
torno al periodismo como privilegio corporativo, sino como condición del
derecho a la información de la ciudadanía. Si el periodista no tiene garantías
laborales, si trabaja bajo la lógica de que se le paga con fama o con capital simbólico
en lugar de con un salario digno, la calidad de la información que produce se
resiente. Y la primera víctima de esa precariedad no es el periodista: es el
público que necesita información para tomar decisiones.
Se destacó la labor del
Círculo Sindical de Prensa —CISPREN— como articulador de esa resistencia
colectiva. La multitarea impuesta por las redacciones actuales, donde un mismo
periodista debe escribir, fotografiar, filmar, editar y gestionar redes simultáneamente,
fue identificada como uno de los mecanismos más efectivos de degradación del
oficio. La organización sindical aparece, en ese contexto, no como un
anacronismo, sino como una respuesta racional a una explotación sistemática.
2. Memoria histórica y terrorismo de Estado: el pasado que sigue activo
El conversatorio de La
Bancaria no giró en torno a abstracciones. Hubo nombres propios, fechas y
lugares. Esa insistencia en lo concreto es una de las marcas distintivas del
periodismo de memoria que los presentes practican y defienden.
Se habló de la Escuela de
Ciencias de la Información de Córdoba, creada en 1972 y convertida
inmediatamente en blanco de la represión: 54 estudiantes y un docente víctimas
del terrorismo de Estado. Se habló de Raúl Augusto, estudiante asesinado en la
cárcel de San Martín el mismo día de la Masacre de Palomitas —5 de julio de
1976—, ese hilo que conecta Córdoba y Salta en un mismo plan de exterminio. Se
habló de Luis Carlos Mónaco, camarógrafo y redactor de los Servicios de Radio y
Televisión de la Universidad Nacional de Córdoba, cuyos restos fueron
identificados recientemente por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Se
habló de Norberto Cooio, trabajador del sindicato de prensa desaparecido.
Estos no son datos del
pasado archivado. Son presencias activas en el debate sobre qué significa hacer
periodismo hoy. El hecho de que el EAAF siga identificando restos en 2026
—cincuenta años después del golpe— dice algo sobre la profundidad del crimen y
sobre la tenacidad de quienes no aceptaron el olvido.
También se compararon
metodologías represivas entre Córdoba y Salta. En Córdoba, bajo el mando de
Menéndez, la "ley de fuga" y los fusilamientos fraguados se aplicaron
al menos diez veces entre abril y octubre de 1976. En Salta, la Masacre de Palomitas
respondía a la misma lógica operativa. Esta coordinación represiva —que en el
mediodía universitario Alexis Oliva había mencionado al referirse al Tercer
Cuerpo de Ejército— encontró en La Bancaria una profundización analítica: la
impunidad de los componentes civiles y empresariales de la dictadura, ilustrada
con el caso de Ledesma como paradigma de impunidad que sobrevive a la biología
de sus responsables.
3. La crisis de la comunicación contemporánea
Si la jornada en la UNSa
fue, entre otras cosas, un acto de reparación histórica, el conversatorio de La
Bancaria fue, en buena medida, un diagnóstico del presente mediático. Y el
diagnóstico no fue tranquilizador.
Los participantes
identificaron un conjunto de fenómenos que amenazan la función social del
periodismo desde adentro y desde afuera. Vale detenerse en cada uno:
|
Fenómeno |
Descripción y consecuencias |
|
Estetización
de la vida |
Predominio de la forma sobre el contenido. La noticia se
diluye en rulos de TikTok y una estética de desfile de modas que prioriza la
imagen del comunicador sobre lo que comunica. |
|
Teoría de los
Dos Demonios |
Resurgimiento de narrativas negacionistas que intentan igualar
la represión estatal con la violencia de las organizaciones políticas de los
años setenta. |
|
Fragmentación
de la lucha |
Debilitamiento de los sujetos colectivos de resistencia y
repliegue hacia la subsistencia individual, que dificulta la acción política
sostenida. |
|
Redes
sociales e influencers |
Desplazamiento del periodismo de investigación por formatos
que apelan a la emoción y la reacción inmediata antes que a la reflexión. |
|
Inteligencia
Artificial |
Uso de herramientas de IA para priorizar la rapidez sobre la
calidad, alejando al periodista del involucramiento directo con los hechos. |
Lo notable de este
diagnóstico colectivo es que los participantes no recayeron en la nostalgia
tecnofóbica. El problema no es la herramienta; es el uso que se hace de ella
cuando la herramienta reemplaza al juicio y no lo asiste. Un celular puede
producir periodismo de investigación excepcional. Un algoritmo puede distribuir
verdad con la misma eficacia con que distribuye mentiras. La pregunta no es
sobre la tecnología: es sobre la ética y la organización política de quienes la
usan.
4. El contexto político y económico: la miseria planificada
El espíritu de Rodolfo
Walsh recorrió el conversatorio. Su concepto de miseria planificada —acuñado en
su Carta abierta a la Junta Militar de 1977, escrita el día antes de su
desaparición— fue recuperado por los participantes para describir el plan
económico del gobierno nacional vigente en 2026. El argumento es preciso: no se
trata de impericia o de crisis coyuntural, sino de un diseño deliberado que
utiliza el pretexto de que el Estado es el problema para desarticular derechos
sociales construidos a lo largo de décadas.
Este hilo conecta
directamente con lo planteado en el mediodía universitario por Alexis Oliva,
quien había advertido sobre la circularidad histórica entre las políticas
económicas de la dictadura, el neoliberalismo de los noventa y el momento
actual. En La Bancaria, esa advertencia encontró su correlato en los efectos
concretos sobre la prensa: precarización laboral, desfinanciamiento de medios
públicos, deslegitimación de los trabajadores de la comunicación y las ciencias
sociales, a quienes se intenta tildar de adoctrinadores.
El negacionismo, en este
marco, no es solo un problema de memoria histórica. Es una estrategia política
activa: si los crímenes de la dictadura fueron una respuesta legítima a una
amenaza equivalente, entonces la desarticulación de los derechos laborales y
sociales que esa dictadura impuso también puede presentarse como necesaria. La
disputa por el sentido del pasado es, en realidad, una disputa por la
legitimidad del presente.
5. Propuestas y estrategias de resistencia
Los conversatorios de
militantes pueden quedarse en el diagnóstico. Este no lo hizo. Los
participantes avanzaron hacia propuestas concretas, y en eso se advierte una
madurez política que distingue la militancia de la queja.El retorno a la artesanía
periodística fue quizás la propuesta más enfática: recuperar el rigor de las
fuentes, la entrevista presencial, la pirámide invertida básica como antídoto
contra las fake news y la superficialidad de las redes. No como ejercicio
nostálgico, sino como apuesta técnica y ética. El periodista que va al
territorio, que verifica, que contrasta, que escucha, produce algo que ningún
algoritmo puede reemplazar: conocimiento situado.
La apuesta por la
microhistoria apunta en la misma dirección: centrarse en historias tangibles y
de tierra adentro donde la verdad pueda verificarse de manera inductiva, de lo
particular a lo general. Esa tradición —que en el NOA tiene raíces profundas en
el periodismo que documentó los crímenes de la dictadura y en el que acompañó
los juicios de lesa humanidad— es también una tradición de resistencia al
centralismo porteño que define qué merece ser noticia.
La dimensión pedagógica
también estuvo presente: el periodista debe hacer un esfuerzo doble por enseñar
a su audiencia a identificar violencias y procesos políticos, incluso si debe
adaptar la forma para resultar accesible en los espacios donde esa audiencia se
mueve. Eso no significa rendirse al algoritmo; significa usarlo.
Finalmente, la acción
comunitaria y la interdisciplinariedad: superar el activismo de pantalla para
recuperar la presencia territorial, y volver a conectar el periodismo con las
ciencias sociales —sociología, antropología, filosofía— para dotar a la información
de un marco teórico sólido. Esta última propuesta resonó especialmente en un
salón que, durante el mediodía, había escuchado a psicólogas sociales,
periodistas, artistas y militantes hablar desde sus disciplinas sin abandonar
su perspectiva política.
* * *
La continuidad: lo que une el mediodía con
la tarde
Para quien estuvo en ambas
instancias, la continuidad entre el mediodía en la UNSa y la tarde en La
Bancaria no requiere explicación: se siente en el cuerpo. Los mismos temas
vuelven a aparecer con otra profundidad. Las mismas personas hablan con más libertad.
Las mismas urgencias se vuelven más concretas.
Pero hay algo más que la
continuidad temática. Hay una continuidad estructural. En el mediodía,
H.I.J.O.S. celebró treinta años de transformar el dolor individual en
organización colectiva. En la tarde, los periodistas discutieron cómo sostener
esa misma operación en su propio campo: convertir la precarización individual
en resistencia gremial, la fragmentación mediática en perspectiva crítica, el
silencio sobre los crímenes del pasado en memoria activa.
La figura de Alexis Oliva
en ambas instancias es significativa. En la UNSa habló como coautor del libro
de H.I.J.O.S., analizando la "pulsión de lucha" de la organización y
la continuidad represiva entre Córdoba y Salta. En La Bancaria habló como
periodista y militante sindical, aplicando ese mismo marco analítico al
presente de su oficio. La coherencia no es casual: es la marca de una
intelectualidad que no separa su función académica o artística de su función
política.
Hay también una
continuidad en los nombres propios. Lucrecia Barquet, mencionada en la UNSa
como referente histórica de H.I.J.O.S. Salta y figura cuyo nombre lleva una
calle donde se ubica la Escuela de Bellas Artes, vuelve a estar presente en La
Bancaria como parte de la red de militantes que sostuvo la lucha en los
momentos más oscuros. La Masacre de Palomitas, evocada en el panel
universitario como hito de la represión salteña, reaparece en La Bancaria
cuando se menciona a Raúl Augusto, asesinado en Córdoba ese mismo día. La
cuerda que ata los hechos no se corta entre un espacio y otro.
Y está la continuidad del
gremialismo. FATPREN y CISPREN estuvieron presentes en el mediodía como parte
del tejido de apoyo a la jornada de H.I.J.O.S. Por la tarde, ese mismo
gremialismo fue el anfitrión y el protagonista del debate. El sindicato no es solo
un lugar donde se negocian salarios: es, en la tradición argentina de los
derechos humanos, un espacio de producción política y de memoria. La dictadura
lo supo bien, y por eso lo atacó con particular saña.
* * *
Periodismo y memoria: una misma práctica con
distintos tiempos
La pregunta que el
mediodía y la tarde del 13 de junio es esta: ¿qué tienen en común el militante
de memoria y el periodista? Ambos buscan fuentes y cuentan verdades. Ambos
trabajan contra el olvido organizado. Ambos enfrentan, en 2026, el avance de un
negacionismo que ya no necesita silenciar los hechos porque puede simplemente
confundirlos, relativizarlos o ahogarlos en ruido.
La diferencia está en los
tiempos y en los formatos. El militante de memoria trabaja con el largo plazo:
treinta años para que lo imposible llegue, como dice el título del libro de
H.I.J.O.S. El periodista trabaja con la urgencia del presente: la noticia de
hoy, el juicio que comenzó esta semana, la ley que se vota mañana. Pero esa
diferencia de velocidad no es una contradicción: es una división del trabajo
dentro de la misma tarea. Sin la memoria de largo plazo, el periodismo de
urgencia pierde perspectiva. Sin el periodismo de urgencia, la memoria de largo
plazo pierde visibilidad.
Lo que el conversatorio de
La Bancaria puso en evidencia es que los trabajadores de prensa que estuvieron
en la jornada de H.I.J.O.S. no son solo testigos benevolentes: son parte del
mismo campo de lucha. El Estatuto del Periodista que se defiende hoy, la
identificación de restos que el EAAF realiza, la denuncia del plan económico
como miseria planificada: todo eso forma parte de un mismo proyecto político de
construcción de memoria, verdad y justicia. Un proyecto que, como lo demuestra
la historia de H.I.J.O.S., avanza aunque tarde.
* * *
El territorio de la resistencia: de las
aulas al sindicato
Hay algo que se aprende al
recorrer en un mismo día el campo universitario de la UNSa y el salón de La
Bancaria: que la resistencia política no tiene un territorio único. Ocurre en
los auditorios formales y en las rondas íntimas. Ocurre con micrófonos y con
palabras dichas en voz baja. Ocurre cuando se presenta un libro ante un
centenar de personas y cuando se discuten estrategias en un grupo de veinte.
En la tradición del
movimiento de derechos humanos argentino, esa pluralidad de espacios es una
fortaleza. Las Madres marchaban en la Plaza de Mayo, pero también construían
redes clandestinas de solidaridad. H.I.J.O.S. hacía escraches en los barrios,
pero también litigaba en los tribunales. Los periodistas publican en los medios
que los contratan, pero también escriben libros y participan en conversatorios
sindicales. Ningún espacio es suficiente por sí solo; todos son necesarios en
conjunto.
El 13 de junio de 2026,
Salta fue el escenario de esa pluralidad. Una ciudad que carga con sus propios
muertos y sus propias impunidades —Palomitas, el Gallinato, la desaparición del
Dr. Miguel Ragone— demostró que la memoria no descansa en los aniversarios sino
que trabaja todos los días, con los instrumentos que tiene a mano: el arte, el
testimonio, el análisis, la organización sindical, la discusión franca entre
compañeros.
Lo imposible, ya se sabe,
solo tarda un poco más. Pero para que llegue hay que seguir trabajando. En las
aulas. En los sindicatos. En los territorios. Y en las páginas que, como estas,
intentan hacer de la crónica un acto de memoria.
Ambas actividades
forman parte de la jornada organizada por H.I.J.O.S. Salta y H.I.J.O.S. Orán el
13 de junio de 2026. El libro Lo imposible solo tarda un poco más se consigue
de forma autogestiva a través de las redes de H.I.J.O.S. Salta, H.I.J.O.S. Orán
y los correos de distribución del norte del país.
Tres décadas de H.I.J.O.S.: cuando la memoria se convierte en libro, arte y comunidad
En la Universidad Nacional de Salta, H.I.J.O.S. presentó Lo imposible solo tarda un poco más, un libro que condensa tres décadas de militancia, memoria y organización política. La jornada reunió voces, arte y testimonio para recuperar la historia de una generación que convirtió el dolor heredado en acción colectiva y que sigue disputando el sentido público de los derechos humanos. Con fuerte anclaje federal, el encuentro enlazó la experiencia salteña con otras luchas del país y puso en escena una idea central: la memoria no es solo recuerdo, sino una práctica viva que se construye en comunidad, interroga al presente y proyecta futuro.
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Tres décadas de H.I.J.O.S.:
memoria, identidad y lucha federal
Crónica del encuentro en la
Universidad Nacional de Salta
"Lo imposible solo tarda un
poco más." — Raquel Robles, escritora y fundadora de H.I.J.O.S.
* * *
Un mediodía que valió treinta
años
Bajo los techos de aulas norte del campo universitario de la
UNSa, se vivió un acontecimiento que excedió ampliamente los márgenes de una
presentación de libro. Lo que tuvo lugar fue una ceremonia institucional de
reivindicación histórica: el lanzamiento formal de la primera publicación
editada directamente por la Red Nacional de H.I.J.O.S. —Hijos e Hijas por la
Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio—, coincidiendo con el
trigésimo aniversario de la organización.
El libro se llama “Lo imposible solo tarda un poco más”.
Reúne 190 páginas y treinta voces distribuidas a lo largo y ancho del país:
sociólogos, psicólogas sociales, periodistas de investigación, artistas,
militantes históricos. La frase del título pertenece a Raquel Robles, escritora
y militante fundadora de H.I.J.O.S., y condensa en pocas palabras lo que tres
décadas de lucha demostraron: aquello que en los años noventa parecía
irrealizable —el juicio y castigo efectivo a los genocidas en tribunales
ordinarios— terminó ocurriendo. No por milagro, sino por persistencia y
organización colectiva.
El evento fue convocado por H.I.J.O.S. Salta, en el marco de
una jornada articulada junto a la Comisión Interclaustros de Derechos Humanos
de la UNSa y los gremios docentes. Estuvo coordinada localmente por Fernanda
Díaz y contó con el respaldo de FATPREN y CISPREN. Cerca de un centenar de
personas colmaron el espacio.
El encuentro buscó establecer un puente entre la memoria
traumática del pasado —la dictadura cívico-militar de 1976 a 1983—, la
organización política nacida en los noventa y la producción cultural
contemporánea como herramienta de resistencia frente al silencio. Es una
arquitectura viva. Y su dimensión federal —que conecta Salta con Córdoba, con
el mapa de las 24 regionales de H.I.J.O.S. a lo largo del país— es uno de sus
rasgos más significativos. Fue un encuentro pensado para tender puentes entre
el dolor del pasado —los años de la dictadura, entre 1976 y 1983—, la
organización política que ese dolor hizo nacer en los años noventa, y el arte y
la cultura de hoy como formas de seguir resistiendo al silencio.
A lo largo de la jornada, distintas
voces —militantes históricas, referentes de H.I.J.O.S., un periodista, una
artista, un músico y hasta una concejala— fueron armando entre todos un mismo
relato: el de cómo el dolor individual de los hijos e hijas de desaparecidos,
fusilados, exiliados y presos políticos se transformó, con el tiempo, en una
identidad colectiva, en justicia concreta y en memoria compartida con toda la
sociedad.
El arte abre la memoria: la performance "Ensayo" en homenaje a
Ana María Villarreal
El encuentro comenzó, no con
palabras, sino con una imagen. La artista visual y docente María Laura Bucianti
presentó "Ensayo", una performance acompañada por la música de
Liliana Felipe, dedicada a Ana María Villarreal, más conocida como "la
Sayo": una militante revolucionaria asesinada en 1972 durante la masacre
de Trelew.
Bucianti construyó lo que ella
misma llama el "plano plástico": un espacio rectangular y blanco que,
según cómo se lo mire, puede ser una pileta, una pantalla en blanco o incluso
la imagen del primer aliento de vida. Sobre esa superficie, la artista jugó con
tensiones —"arrugando" y "planchando" ese espacio— para
representar, de manera sensible, los conflictos que atravesó (y sigue
atravesando) la historia argentina.
La obra también recuperó la mirada
que la propia Villarreal tenía sobre Salta: en sus cartas, ella soñaba con
transformar paisajes y realidades para que existieran "otras cosas",
otros espacios posibles. Los cerros, las plantas, la quietud de la ciudad vista
desde las alturas, aparecieron así como parte de ese sueño. El color azul y la
imagen de una "sangre que lanza luz" se combinaron con una letra que
contrastaba la belleza del cielo con la figura de un "pobre triste cuerpo
militar", denunciando la violencia desde la belleza y no desde el
panfleto.
En el momento más fuerte de la
performance, Bucianti se planteó —y le planteó al público— una pregunta que
resume todo el sentido del homenaje: ¿qué pasaría si ella misma quisiera ser
hija de Ana María Villarreal de Santucho? Esa pregunta no busca una respuesta
literal, sino proponer algo más profundo: que cualquiera de nosotros pueda
adoptar simbólicamente la historia del otro, que la "madre"
desaparecida y la "hija" de hoy puedan habitar, por un instante, el
mismo cuerpo.
La obra también rescató el costado
más humano de "la Sayo": sus ojos rasgados —que le dieron el apodo—,
su rol como madre de tres hijas, y su paso por la Escuela de Bellas Artes Tomás
Cabrera. De esta manera, la performance la sacó de la frialdad de los archivos
militares y la devolvió a la memoria afectiva de Salta. El cierre llegó con un
grito que resuena en cada acto de memoria en Argentina: "¡Presente!".
¿Para qué sirve el arte en un encuentro como este?
La pregunta no es menor, porque el
arte estuvo presente tanto al abrir como al cerrar la jornada: primero con la
performance de Bucianti, y al final con la música de Leo Goldstein. ¿Qué aporta
el arte que no aporten un discurso político o un fallo judicial?
Por un lado, permite una reparación
sensible: complementa lo político y lo judicial con una dimensión
emocional, que ayuda a procesar el horror desde la belleza y la luz, y no solo
desde el espanto.
Por otro lado, funciona como una
forma de federalismo estético: pone en valor el aporte de figuras del
norte argentino, como Salta y Tucumán, a una lucha que muchas veces se cuenta
como si hubiera ocurrido solo en Buenos Aires o Córdoba. Villarreal, con su
formación y su compromiso en la región, es un ejemplo de eso.
Finalmente, cumple una función de continuidad
generacional. Que estas obras se presenten justamente en la Facultad de
Humanidades no es casual: se convierten en un puente pedagógico, una forma de
enseñarle a las nuevas generaciones a "leer" la historia no solo con
datos y fechas, sino también con empatía y creatividad.
H.I.J.O.S. en el marco
federal: una estrategia que trasciende Salta
Para comprender el peso de lo que ocurrió en la UNSa, es
necesario inscribirlo en el horizonte más amplio de la Red Nacional de
H.I.J.O.S. y de la estrategia que ha guiado su acción durante tres décadas.
La red cuenta con 24 regionales distribuidas a lo largo del
país. Su primer rasgo metodológico notable es que, para narrar su propia
trayectoria, convocó a treinta autores externos —no integrantes de la
organización— para que analizaran su historia desde afuera. El resultado es una
obra que gana rigurosidad sin perder calor: sociólogos como Santiago Cueto Rúa
teorizan sobre el escrache; las psicólogas sociales Diana Kordon y Mariana
Lagos describen el trauma psicosocial heredado y el poder reparador de la organización
comunitaria; voces como las de Taty Almeida, Victoria Montenegro, Daniel
Feierstein, Pablo Llonto, Jorge Giles, León Gieco, Francisco Santucho y Hebe de
Bonafini —presente a través de un texto recuperado— sostienen la postura de la
memoria como herramienta de construcción política en el presente.
El carácter federal de la obra es uno de sus aportes más
valiosos. El libro traza un mapa de las distintas regionales mostrando cómo las
demandas de memoria, verdad y justicia se expresan de manera diferente según
las particularidades políticas y culturales de cada provincia. Para quienes
vivimos en el NOA, esa dimensión no es menor: los procesos del norte argentino
—con sus propias víctimas, sus propios perpetradores, sus propias resistencias—
merecen ser comprendidos en su singularidad y no solo como periferia de lo que
ocurrió en Buenos Aires.
En ese sentido, la presentación en Salta no fue un acto
periférico. Fue parte de una estrategia federal de construcción de memoria que
reconoce que la historia argentina tiene muchos centros, y que uno de ellos
está en esta provincia del norte donde la dictadura tuvo nombres propios y
métodos específicos: Palomitas, el Gallinato, la desaparición del Dr. Miguel
Ragone.
El contexto político de 2026 otorga a esta presentación una
urgencia adicional. El escenario nacional está atravesado por intentos
sistemáticos de relativizar los crímenes de la dictadura, de instalar la idea
de que hubo "dos demonios" que se enfrentaron, de recortar los
presupuestos de los organismos de memoria y de revisar condenas ya ejecutadas.
Ante eso, Lo imposible solo tarda un poco más funciona como un antídoto:
recuerda, con evidencia y con pasión, lo que costó llegar hasta aquí.
Elia Fernández: tres décadas construyendo identidad y justicia
Elia Fernández, en representación
de la red nacional de H.I.J.O.S. Salta, fue quien dio inicio formal al
encuentro. Agradeció al público presente y al apoyo institucional de la
Facultad de Humanidades de la UNSA, y presentó el libro Lo imposible solo
tarda un poco más, una obra colectiva que reúne tres décadas de militancia
de la organización.
En su intervención, Fernández
recordó el origen de H.I.J.O.S.: la agrupación nació en 1995, en un campamento
que reunió a hijos e hijas de desaparecidos, fusilados, exiliados y presos
políticos, con un objetivo común: luchar por la identidad y por la justicia
frente al silencio. El libro que se presentaba esa tarde reúne las voces de 30
autores y autoras, que comparten luchas y memorias fundamentales para seguir
construyendo memoria, verdad y justicia en Argentina.
Fernández también agradeció a las
autoridades académicas y a los sindicatos presentes, y presentó a los invitados
especiales de la jornada —la artista María Laura Bucianti y el escritor Alexis
Oliva—, preparando así el terreno para que cada uno compartiera su propia
experiencia.
De su intervención se desprenden
algunas ideas centrales. La primera es que H.I.J.O.S. nació de la necesidad de
no estar solos: de juntar el dolor individual de cada hijo o hija en un espacio
colectivo, rompiendo el aislamiento que había impuesto la represión. La segunda
es que el libro presentado no es simplemente una crónica: es una obra coral, de
30 voces distintas, que refleja la madurez de una organización que hoy es uno
de los pilares de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en el país.
También quedó claro que esta lucha
no se sostiene sola: necesita de alianzas, como la que existe con la
universidad pública —a través de la Maestría en Derechos Humanos— y con los
trabajadores de prensa organizados, representados por FATPREN y CISPREN. Y,
como suele pasar en estos encuentros, hubo un agradecimiento especial para
quienes hacen posible que estas voces se escuchen: en este caso, para Fernanda
Díaz, encargada de la asistencia técnica y la coordinación local.
Mariana Gamboa: del espanto al escrache, la fuerza de la ironía
Mariana Gamboa, referente de
H.I.J.O.S. Salta, contó cómo nació la agrupación en la provincia: hacia 1995,
impulsada por Lucrecia Barquet. Describió un proceso que no fue sencillo: al
principio, los primeros encuentros estuvieron marcados por el "espanto"
de compartir historias traumáticas con otros jóvenes que habían vivido lo
mismo. De a poco, ese espanto compartido se transformó en acción concreta, a
través de los "escraches" a represores, como en el caso de Gil.
Algo que Gamboa subrayó
especialmente fue el lugar de la ironía y la alegría en esas protestas: no como
una forma de minimizar el dolor, sino como un mecanismo para preservarse
psicológicamente frente a la dureza de la época, sin quedar paralizados por la
formalidad del duelo.
También contó que el libro
presentado celebra los 30 años de la red nacional —que hoy cuenta con 24
regionales en todo el país— a través de la mirada de 30 autores invitados. Para
Gamboa, el objetivo central de H.I.J.O.S. siempre fue doble: recuperar la identidad
de sus padres y, al mismo tiempo, la propia. Gracias a ese trabajo, tanto la
sociedad como otros organismos de derechos humanos pudieron finalmente
reconocer la militancia política de las víctimas, no solo su condición de
víctimas.
De su relato se desprende una idea
fuerte: en Salta, el camino de los hijos pasó del horror inicial —el miedo a
reconocerse en la historia del otro— al encuentro, gracias a la mediación de
referentes históricos como Lucrecia Barquet. El escrache, en ese contexto,
funcionó como una herramienta a la vez artística y política, una forma de
justicia social frente a la impunidad de los años noventa, que permitía señalar
a los represores y romper su integración tranquila en la vida civil.
Además, la tarea de H.I.J.O.S.
permitió que la sociedad empezara a nombrar a los desaparecidos no solo como
víctimas, sino también como militantes: de Montoneros, del PRT, del ERP. Y,
como recordó Gamboa, esa reconstrucción de la propia identidad fue siempre
inseparable de la recuperación de la identidad de los padres, una identidad que
el plan sistemático de desaparición había intentado borrar por completo.
Alexis Oliva: la lucha como pulsión de vida frente al olvido
Alexis Oliva, periodista, escritor
y docente de Córdoba, y uno de los autores del libro, propuso una mirada que
conecta dos provincias: Córdoba y Salta. Para Oliva, la trayectoria de
H.I.J.O.S. puede entenderse como una "pulsión de lucha" nacida en
1995, que transformó el trauma en acción política.
Su análisis recordó que tanto
Córdoba como Salta formaban parte del Tercer Cuerpo de Ejército, bajo el mando
de Luciano Benjamín Menéndez. Oliva también denunció la complicidad de parte
del poder judicial, mencionando a los jueces Lona y Zamboni Ledesma, y comparó
el relato oficial de "intentos de fuga" utilizado para justificar la
masacre de Palomitas, en Salta, con los fusilamientos ocurridos en la UP1 de
Córdoba: dos formas distintas de contar una misma historia de exterminio.
Destacó también el trabajo del
Equipo Argentino de Antropología Forense, y en particular el hallazgo de los
restos del salteño Néstor Legin, que considera una prueba irrefutable frente a
quienes niegan o relativizan lo ocurrido. Por último, advirtió sobre algo que
le preocupa especialmente: la posibilidad de que la historia se repita en
círculos, frente al regreso de discursos que hoy, en 2026, vuelven a justificar
el ajuste económico y a relativizar el terrorismo de Estado.
Para Oliva, esa "pulsión de
lucha" es como una síntesis entre las ganas de vivir y la presencia de la
muerte: la ausencia se transforma en energía política, en deseo de futuro.
También plantea que existe una continuidad incómoda entre las políticas
económicas de la dictadura, el neoliberalismo de los noventa y el presente,
marcada por lo que llama "miseria planificada" y por discursos
negacionistas que vuelven a aparecer.
Sobre el llamado "federalismo
represivo", recordó que la coordinación del Tercer Cuerpo de Ejército
impuso patrones de exterminio muy similares en Salta —con la masacre de
Palomitas— y en Córdoba —con la UP1—, patrones que solo pudieron sostenerse
gracias a la complicidad de sectores del poder judicial y de la Iglesia.
Pero su mensaje no fue solo de
advertencia. También dejó una idea esperanzadora: lo que parecía imposible en
los noventa —los juicios a los represores, leyes como la de Medios— "solo
tardó un poco más" en convertirse en realidad jurídica y social. Y el
hallazgo de los restos de Néstor Legin es, en ese sentido, una victoria de la
verdad sobre el plan de desaparición, incluida esa "segunda
desaparición" que los militares intentaron en 1979.
Blanca Lescano: la voz histórica que sostiene la memoria en Salta
Blanca Lescano es una referente
histórica de Familiares de Detenidos Desaparecidos y de la APDH Salta. Su
intervención aportó algo distinto al resto: la voz de quienes vivieron la lucha
desde mucho antes que H.I.J.O.S. existiera.
Lescano recordó que la agrupación
"Familiares" operó en pleno proceso militar, enfrentando el horror
junto a figuras como Lucrecia Barquet y Milsa Torres. También subrayó el papel
estratégico de la APDH Salta en la posdictadura, y resaltó un hito poco
conocido fuera de la provincia: en Salta se inició el juicio por la masacre de
Palomitas incluso antes de que se derogaran las leyes de impunidad.
Sobre Néstor Legin, Lescano aportó
una precisión importante: aunque su familia era originaria de Córdoba, se
integró profundamente a la vida cultural y militante de Salta una vez radicada
en la provincia. Para ella, esto demuestra algo central: la pertenencia a un
territorio no depende solo del lugar de nacimiento, sino de la vida que se
construye en él. De hecho, recordó que el hermano mayor de Legin fue un
reconocido poeta y escritor de literatura infantil salteña.
El relato de Lescano no contradice
al resto de los testimonios, sino que los complementa y los enriquece: mientras
los integrantes de H.I.J.O.S. ponen el foco en la reconstrucción de la
identidad militante a partir de los años noventa, Lescano muestra que la
memoria en Salta tiene cimientos más antiguos, y que la provincia llegó incluso
a estar a la vanguardia en materia judicial. Su intervención busca, en
definitiva, que la historia de Salta no quede absorbida por el relato nacional
o por el de otros centros urbanos, como Córdoba, reclamando para la provincia
una identidad de lucha propia.
Lescano también recordó que muchos
compañeros y compañeras todavía esperan recuperar los restos de sus familiares,
desaparecidos en centros de exterminio como "La Perla". Y destacó que
la APDH Salta ha sido, desde el inicio de la democracia, un pilar institucional
fundamental, encargado de custodiar documentación y archivos clave para las
causas judiciales actuales.
Un reconocimiento que llega desde las instituciones
Durante el encuentro, el Estado
municipal hizo público su respaldo a la trayectoria de H.I.J.O.S. Salta y a
esta nueva publicación. No se trató de un simple gesto protocolar, sino de un
acto que busca poner a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en el
lugar que le corresponde: como un valor de interés público para toda la
comunidad salteña.
La concejala Malvina Gareca fue
quien representó a la autoridad municipal, funcionando como un puente entre la
militancia territorial y las instituciones democráticas. Fue Canela Álvarez,
integrante de H.I.J.O.S. Salta, quien recibió el reconocimiento en nombre de
toda la organización.
En su intervención, Gareca destacó
que el trabajo de H.I.J.O.S. durante estos treinta años constituye un aporte
valioso e indispensable para la cultura y la historia de Salta, y que la
presentación de Lo imposible solo tarda un poco más trasciende el ámbito
militante para convertirse en un hecho de interés para todo el municipio. El
Concejo Deliberante, de esta manera, asume el compromiso de preservar esta
memoria colectiva a través de resoluciones que reconozcan el valor histórico de
estas organizaciones, materializado en una placa recordatoria y en una
resolución formal.
Este reconocimiento municipal no
llegó solo: se sumó a una declaración de interés por parte de la Cámara de
Diputados de la provincia, lo que da como resultado una doble validación
estatal —local y provincial— hacia el evento y hacia la obra presentada.
El refugio del arte: el cierre musical de Leo Goldstein
La jornada terminó como había
empezado: con arte. Leo Goldstein, músico, docente e invitado especial, fue el
encargado de la clausura artística, en una intervención que buscó procesar
emocionalmente todo lo que se había dicho y vivido durante el encuentro.
Su música funcionó como un
dispositivo de unión y de resistencia, vinculando los valores democráticos —la
idea de una "casa abierta"— con la defensa de los bienes naturales y
del territorio. El arte, en este cierre, se propuso como un "último
refugio" frente a la adversidad política y el desánimo colectivo.
Interpretó tres canciones, cada una
con su propio sentido. "De puertas abiertas" usa la metáfora de la
casa para representar una democracia inclusiva y transparente, donde
"nadie quede afuera" y donde la luz vuelve a aparecer incluso después
de las tormentas, como una forma de hablar de las sombras de la dictadura.
"Vienen por el agua", una chacarera, conecta la memoria histórica con
la ecología política: el agua aparece como un mensaje de vida y como un vínculo
con historias antiguas, hoy amenazadas por el extractivismo y la minería que
afecta a los cerros. Por último, "Refugio emocional", la canción de
cierre, plantea que, frente a la angustia que puede generar la situación
política en la Argentina, el arte debe evitar que nos "secuestren" el
estado de ánimo, funcionando como un espacio de protección y de unidad.
Goldstein también señaló algo
simbólico: las escuelas de Música y de Bellas Artes están ubicadas sobre calles
que llevan los nombres de referentes de la lucha, como Lucrecia Barquet, y de
la propia "Democracia". De esta manera, la memoria se integra al
tránsito cotidiano de docentes y estudiantes, casi sin que lo noten. Y, una vez
más, apareció la idea de la simbiosis entre la música y las artes plásticas —la
de Liliana Felipe y la performance de María Laura Bucianti— como motores de una
reparación colectiva.
Una comida que une
Cuando terminaron las canciones de Leo Goldstein, los organizadores invitaron a quienes habían participado del encuentro a compartir un almuerzo en la galería del sector de aulas. Casi un centenar de personas se quedaron allí, en un momento distendido, donde la integración y el intercambio informal cerraron una jornada que había combinado memoria, arte, testimonio y reconocimiento institucional.
Quizás esa comida compartida sea,
también, una forma más de lo que se vino diciendo durante todo el mediodía: que
la memoria no es solo un asunto de archivos, juicios o discursos, sino algo que
se construye, también, alrededor de una mesa.
Tres décadas de H.I.J.O.S. son también tres décadas de
demostración práctica de algo que parecía imposible: que la generación marcada
por la pérdida podía transformar esa marca en identidad colectiva, y esa
identidad en cambios históricos concretos. Los juicios llegaron. Los genocidas
fueron condenados. Los restos, identificados. Los nombres, devueltos.
Lo que se presentó en la UNSa fue, al mismo tiempo, un
balance y un punto de partida. Un balance de lo logrado desde el campamento
fundacional de 1995 hasta la doble declaración de interés legislativo de 2026.
Y un punto de partida porque el libro no cierra una historia: la abre hacia
lectores y militantes que todavía no conocen en toda su dimensión lo que
ocurrió en cada rincón del país, y lo que costó hacer justicia.
La frase de Raquel Robles que da título al libro no es un
consuelo. Es una descripción exacta de lo que ocurre cuando la organización
popular se sostiene en el tiempo. Lo imposible solo tarda un poco más. No llega
solo. No llega sin organizarse. No llega sin arte ni sin testimonio ni sin
análisis ni sin el grito de "¡Presente!" que sacude los auditorios
universitarios y recuerda que los ausentes siguen siendo parte de nosotros.
En Salta, esa memoria tiene rostros propios. Tiene el rostro
de los militantes sindicales, estudiantiles y comunitarios del norte que fueron
detenidos, torturados y desaparecidos en los centros clandestinos de la región.
Tiene los rostros de las Madres y Abuelas que esperaron décadas para ver
sentados a los culpables en el banquillo. Tiene el rostro de Blanca Lescano que
sigue en pie. Y tiene también los rostros jóvenes de quienes recibieron la
declaración municipal y de quienes llenarán en julio el Anfiteatro de Aulas
Norte para escuchar lo que queda por decir.
El libro Lo imposible solo tarda un
poco más se consigue de forma autogestiva a través de las redes de H.I.J.O.S.
Salta, y los correos de distribución del norte del país. Adquirirlo es también
un acto de apoyo concreto a la militancia que lo hizo posible.
miércoles, 10 de junio de 2026
La memoria que no cede: una invitación a leer el libro de H.I.J.O.S.
En 1995, en plena impunidad legal, un grupo de hijos e hijas de desaparecidos decidió juntarse. No para llorar en soledad, sino para organizarse y pelear. Treinta años después, la Red Nacional de H.I.J.O.S. publica Lo imposible solo tarda un poco más, el primer libro editado directamente por la organización: 190 páginas, treinta voces federales, una historia colectiva que va del trauma a la justicia. La Asociación Dr. Miguel Ragone por la Verdad, la Memoria y la Justicia —nacida también del dolor de una pérdida impune, la del único gobernador constitucional desaparecido durante la dictadura— reconoce en esta obra una travesía familiar. Por eso la presenta. Por eso la recomienda. Porque en Salta, como en todo el país, la memoria no es un ejercicio del pasado: es la condición para sostener la democracia en el presente.
Quiénes somos y por qué tomamos la palabra
La Asociación Dr. Miguel Ragone por la
Verdad, la Memoria y la Justicia nació en Salta en el año 2007. Surgimos de una
herida concreta: el asesinato del Dr. Miguel Ragone, médico de los más pobres,
gobernador constitucional de la provincia y único mandatario provincial
desaparecido durante la última dictadura cívico-militar. Fue secuestrado el 11
de marzo de 1976, a tres cuadras de su casa, en un operativo coordinado entre
la Policía y el Ejército. Su figura condensa lo que la dictadura quiso borrar:
la política al servicio del pueblo, la salud pública como derecho, la dignidad
de los humildes como horizonte de gobierno.
Desde
entonces, la Asociación ha trabajado sin claudicar. Hemos impulsado la causa
judicial por el esclarecimiento de su desaparición, participado activamente en
la Mesa de Derechos Humanos de Salta, integrado el Consejo Económico y Social
de la provincia, organizado el Ateneo Miguel Ragone, desarrollado talleres en
escuelas secundarias para construir memoria colectiva con jóvenes, trabajado
contra la discriminación en todas sus formas y articulado con organismos,
universidades y gremios en defensa del Estado democrático. Nuestra trayectoria
de casi dos décadas nos ha enseñado que la memoria no es un acto de nostalgia:
es una herramienta política de primer orden. Y que cada generación tiene la
responsabilidad de reavivarla.
En marzo de
2026, en el marco del 50.° aniversario del secuestro del Dr. Ragone,
acompañamos los actos conmemorativos junto a la Liga Argentina por los Derechos
Humanos y la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta.
Inauguramos una placa en su honor. Reafirmamos, una vez más, que su nombre no
descansa en el pasado sino que camina con nosotros. Es desde ese lugar — el de
quienes conocemos en carne propia lo que significa perder a alguien a manos del
terrorismo de Estado y transformar ese dolor en organización — que hoy queremos
presentar a la comunidad salteña el libro de la Red Nacional de H.I.J.O.S.
Una historia que reconocemos
Lo imposible solo tarda un poco más es el
primer libro editado y gestionado directamente por la estructura orgánica de la
Red Nacional de H.I.J.O.S. (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra
el Olvido y el Silencio), publicado en el año 2026 para conmemorar los treinta
años de vida de la organización. Esa sola frase contiene una historia que la
Asociación Ragone reconoce con profunda familiaridad.
H.I.J.O.S.
nació en 1995 en el peor momento posible: las leyes de Obediencia Debida y
Punto Final y los indultos presidenciales habían blindado a los asesinos en su
impunidad. Los hijos e hijas de los desaparecidos, los exiliados y los presos
políticos se encontraron en la orfandad impuesta por el Estado terrorista. Y en
lugar de resignarse, se juntaron. Se nombraron. Se reconocieron. Transformaron
el dolor individual en lazo colectivo, y ese lazo en fuerza política. Esa es
exactamente la misma travesía que vivieron los familiares de Miguel Ragone
cuando decidieron fundar esta Asociación: convertir la pérdida en energía
creativa, como reza nuestra propia presentación institucional.
Por eso nos
interesa este libro. No por cercanía abstracta con la causa de los derechos
humanos, sino porque la experiencia que relata — la de quienes crecieron
buscando verdad y justicia en una sociedad que prefería mirar para otro lado —
es nuestra propia experiencia en esta provincia del norte argentino.
El libro: reseña de una obra colectiva y federal
El volumen reúne 190 páginas y treinta
relatos escritos desde distintas geografías de la Argentina. Su primer rasgo
notable es metodológico: H.I.J.O.S. tomó la decisión de no narrarse a sí misma
a través de sus propios integrantes, sino de convocar a treinta autores y
colaboradores externos — sociólogos, psicólogos sociales, periodistas de
investigación, artistas, militantes históricos — para que analizaran su
trayectoria desde afuera. El resultado es una obra que gana rigurosidad sin
perder calor.
El título
proviene de una frase de Raquel Robles, escritora y militante fundadora de la
organización. Condensa en pocas palabras lo que treinta años de lucha
demostraron: aquello que en los años noventa parecía irrealizable — el juicio y
castigo efectivo a los genocidas en tribunales ordinarios — terminó ocurriendo.
No por milagro, sino por persistencia y organización colectiva. El imposible
tardó, pero llegó.
El libro se
articula alrededor de varios ejes que merecen destacarse. El primero es la
reconstrucción de la identidad colectiva: cómo los hijos de las víctimas
comenzaron a encontrarse, a reconocerse como parte de una misma generación
marcada, y a transformar esa marca en pertenencia y en política. Las psicólogas
sociales Diana Kordon y Mariana Lagos aportan en ese tramo una dimensión
clínica fundamental, al describir el trauma psicosocial heredado y el poder
reparador que tiene la organización comunitaria para tramitarlo.
El segundo
eje es el del escrache, esa práctica política y artística que H.I.J.O.S.
inventó para romper el cerco de la impunidad social cuando los tribunales
estaban bloqueados. El sociólogo Santiago Cueto Rúa y otros colaboradores
teorizan sobre cómo esta herramienta reconfiguró el espacio urbano: señalar la
casa del genocida libre en su propio barrio era forzar una condena social ahí
donde la justicia formal callaba. El escrache no fue solo protesta; fue una
forma de hacer visible lo que el poder quería ocultar.
El tercer
eje es el más urgente en el presente: la memoria como herramienta activa frente
al negacionismo. El libro no trata a la memoria como un archivo del pasado ni
como un museo del dolor. La postula como un instrumento de construcción
política en el hoy, imprescindible para defender la democracia cuando resurgen
los discursos que minimizan o directamente niegan los crímenes de lesa
humanidad. Voces como las de Taty Almeida, Victoria Montenegro, Daniel
Feierstein, Pablo Llonto, Jorge Giles y Hebe de Bonafini — esta última presente
a través de un texto recuperado — sostienen esa postura con autoridad y
experiencia. A ellas se suman las del músico León Gieco, el militante
correntino Alberto Gomes, la Colectiva de ex presas de Devoto y el escritor
Francisco Santucho, entre otros, asegurando una textura plural que atraviesa lo
académico, lo artístico, lo jurídico y lo militante.
Un elemento
que la Asociación Ragone valora de manera especial es el carácter federal de la
obra. El libro traza un mapa de las distintas regionales de H.I.J.O.S. a lo
largo del país, mostrando cómo las demandas de memoria, verdad y justicia se
expresan de manera diferente según las particularidades políticas y culturales
de cada provincia. Para quienes vivimos en el NOA, esa dimensión no es menor:
los procesos del norte argentino — con sus propias víctimas, sus propios
perpetradores, sus propias resistencias — merecen ser nombrados y comprendidos
en su singularidad, y no solo como periferia de lo que ocurrió en Buenos Aires.
Por qué leerlo ahora, aquí, en Salta
La Asociación Ragone extiende esta
invitación a leer Lo imposible solo tarda un poco más porque considera que el
libro llega en un momento preciso. El contexto político argentino de 2026 está
atravesado por intentos sistemáticos de relativizar los crímenes de la
dictadura, de instalar la idea de que hubo “dos demonios” que se enfrentaron,
de recortar los presupuestos de los organismos de memoria y de revisar las
condenas ya ejecutadas. En ese escenario, este libro funciona como un antídoto:
recuerda, con evidencia y con pasión, lo que costó llegar hasta aquí.
En Salta,
esa batalla tiene rostros propios. Tiene el rostro del Dr. Ragone, secuestrado
en plena luz del día. Tiene los rostros de los militantes sindicales,
estudiantiles y comunitarios del norte que fueron detenidos, torturados y
desaparecidos en los centros clandestinos de la región. Tiene los rostros de
las Madres y Abuelas que esperaron décadas para ver sentados a los culpables en
el banquillo. La historia que H.I.J.O.S. narra en este libro es también, en
muchos sentidos, nuestra historia.
El 11 de
julio de 2026, H.I.J.O.S. Salta y H.I.J.O.S. Orán presentarán el libro en el
Anfiteatro de Aulas Norte de la Universidad Nacional de Salta, en el marco de
una jornada convocada junto a la Comisión Interclaustros de Derechos Humanos de
la UNSa y los gremios docentes. La Asociación Ragone convoca a la comunidad
salteña a participar: a estudiantes universitarios y secundarios, a
sobrevivientes y familiares de desaparecidos del NOA, a artistas, docentes,
investigadores y a todas las personas que creen que la democracia se cuida con
memoria activa.
El libro se
consigue de forma autogestiva a través de las redes de H.I.J.O.S. Salta,
H.I.J.O.S. Orán y los correos de distribución del norte del país. Adquirirlo es
también un acto de apoyo concreto a la militancia que lo hizo posible.
Un imposible que se vuelve real, lentamente
En 2007, cuando esta Asociación nació,
muchas personas en Salta creían que el juicio al principal responsable del
asesinato del Dr. Ragone nunca llegaría. Llegó. Cuando H.I.J.O.S. comenzó a
hacer escraches en los años noventa, muchos decían que los genocidas nunca
pisarían la cárcel. Hoy, cientos de ellos cumplen condena en prisiones comunes.
Lo imposible solo tarda un poco más no es una frase consoladora: es una
descripción exacta de lo que ocurre cuando la organización popular se sostiene
en el tiempo.
Este libro
es un registro de ese proceso. Un mapa de cómo una generación marcada por la
pérdida encontró en la hermandad política la fuerza para doblar la historia. La
Asociación Dr. Miguel Ragone lo recomienda sin reservas: como herramienta de
formación, como fuente histórica, como acto de solidaridad con quienes siguen
en pie. Y como recordatorio, para quienes tenemos memoria corta o cansada, de
que la justicia no se regala y la democracia no se hereda: se construye, todos
los días, con trabajo colectivo y sin resignación.
domingo, 19 de abril de 2026
MANIFIESTO: La violencia en nuestras escuelas no nació en las escuelas
Propuesto para la Red de Prevención de la Violencia Institucional de Salta
(En construcción)
La violencia en las escuelas de Salta: entre el miedo, el castigo y la responsabilidad del Estado
¿Qué pasa cuando las escuelas de Salta se llenan de amenazas, pintadas y agresiones? Más allá del miedo y la urgencia, este diagnóstico muestra que la violencia en las escuelas no nace de los jóvenes, sino de una lógica vertical en la que el Estado ajusta, se retira y, al mismo tiempo, reclama más policía como solución. Desde los hechos recientes en Salta capital hasta las respuestas institucionales, este texto interpela a docentes, familias, autoridades y sociedad civil: si queremos que la escuela sea un lugar de protección y no de control, hay que empezar por reconocer la violencia estructural y asumir la responsabilidad colectiva. Un análisis contundente para no seguir equivocando el problema.
Diagnóstico sobre la violencia en las escuelas
En los últimos
treinta días, la violencia en las escuelas de Salta (con especial incidencia en
Salta capital) se ha vuelto tema central del debate público a partir de
amenazas de tiroteo, pintadas intimidatorias, agresiones presenciales y
episodios de bullying y ciberbullying. Estos hechos se inscriben en una
tendencia de conflictividad estructural que, a la luz del diagnóstico de Blanca
Lescano, resignifica la violencia escolar como un problema social y político,
no solo pedagógico.[1][2][3][4]
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1. Hechos disparadores en Salta y Salta capital
En el último mes
se han registrado varios episodios que dispararon la alarma en la comunidad
educativa:
·
En
Salta capital, en el Colegio Secundario Técnico “República de la India” se
produjo un hecho de violencia escolar protagonizado por un adolescente de 16
años, quien fue imputado por la fiscalía penal juvenil y reconoció su
participación, manifestando arrepentimiento.[3]
·
Simultáneamente,
la Justicia imputó a cuatro jóvenes (dos de 18 y 19 años y uno de 17) por
intimidación pública tras hallarse inscripciones violentas alusivas a tiroteos
en el baño de varones del Colegio Walter Adet, en el barrio Santa Ana.[5][3]
·
Estos
casos se suman a una serie de amenazas y pintadas en distintas escuelas de la
capital, viralizadas en redes y grupos de WhatsApp de madres, padres y
docentes, que generaron miedo colectivo y demandas de mayor seguridad.[2][6]
A nivel
provincial, el Ministerio de Educación da cuenta de más de 3.900 incidentes de
violencia escolar en el último año: 1.500 agresiones verbales, 1.143 físicas,
651 combinadas y 312 vinculados a redes sociales (233 de bullying y 104 de
ciberbullying). Estos números ponen en evidencia que los episodios recientes no
son “picos aislados”, sino la cristalización de un patrón de conflictividad que
lleva tiempo fraguándose.[7][1][2]
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2. Actores intervinientes
Los principales
actores que aparecen en el escenario de la violencia escolar en Salta son:
·
Estado provincial y municipal: el Ministerio de Educación y Cultura, a
través de la Secretaría de Gestión Educativa, impulsa un programa provincial de
prevención de la violencia escolar, protocolos de intervención y la Ley
Provincial de Bullying (Ley 8406), que obliga a las escuelas a actuar de oficio
ante situaciones de acoso. En Salta capital, municipio y provincia discuten
medidas de “convivencia escolar” y seguridad barrial, sin avanzar aún hacia una
política integral sincronizada.[8][4][1][2]
·
Justicia y fuerzas de seguridad: la Justicia de Salta imputó a
adolescentes por intimidación pública y violencia escolar, y ordenó
allanamientos en barrios como Santa Ana I y Miguel Aráoz coordinados por la
División Investigaciones Sur. La presencia de la policía en el ámbito escolar se
discute con intensidad, en sintonía con el diagnóstico de Lescano que advierte
sobre la “violencia institucional” del Estado.[5][2][3]
·
Comunidad educativa: docentes, directivos y preceptores, que
aplican protocolos y denuncian la falta de recursos psicopedagógicos y de
acompañamiento. Madres, padres y tutores reclaman mayor presencia estatal y
seguridad, pero también se les atribuye corresponsabilidad en la prevención.[1][8][2]
·
Adolescentes y jóvenes: actores principales en los hechos, pero
también destinatarios de demandas de contención, escucha y reparación
pedagógica.[2][3]
En línea con el
diagnóstico de Lescano, estos actores no se distribuyen de forma “neutral”: el
Estado aparece como productor y, a la vez, como pretendida solución de la
violencia, mientras niños y adolescentes cargan con el estigma de “sujetos
violentos”.[4][2]
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3. Propuestas y dispositivos en marcha
Las propuestas
actuales en Salta y en Salta capital se ubican entre lo punitivo‑judicial y lo
pedagógico‑preventivo:
·
Programa provincial de prevención: el Ministerio impulsa un programa integral
de prevención de la violencia escolar, con formación de docentes, directivos y
supervisores, mediación escolar y producción de información para orientar
decisiones educativas. Se enfatiza la escucha adecuada, los espacios de
contención y la no revictimización de las personas afectadas.[8][1][2]
·
Ley Provincial de Bullying (Ley 8406): obliga a las escuelas a adoptar medidas
educativas de protección, comunicación con familias, tareas reparadoras para
agresores y campañas de sensibilización.[4][1]
·
Intervención de la Justicia: las imputaciones y medidas de control de
adolescentes por intimidación pública traducen un eje claramente represivo, que
contrasta con quienes sostienen que la violencia institucional no puede ser la
respuesta a la violencia escolar.[3][5][2]
·
Demandas sociales y académicas: desde salud mental, universidades y
organizaciones sociales se insiste en mirar el contexto social, la violencia
estructural y el rol de los adultos, en lugar de focalizar solo en los jóvenes.[9][2]
En términos del
diagnóstico de Lescano, las propuestas dominantes (policías, imputaciones,
protocolos de control) no responden plenamente a la lógica de “debate social
amplio” y construcción colectiva de sentido que el Manifiesto y el Panel Debate
proponen.[2][4]
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4. Imaginario social sobre la violencia en las
escuelas
El imaginario
social en torno a la violencia escolar en Salta y Salta capital se caracteriza
por:
·
Identificación de la escuela como “lugar
de riesgo”: la difusión
mediática de pintadas con referencias a tiroteos, amenazas en redes y
agresiones físicas ha construido una narrativa según la cual la escuela ya no
es un espacio seguro, sino un lugar donde puede estallar la violencia extrema.[7][2]
·
Endosemización de la violencia en los
jóvenes: la demanda de
“más seguridad”, “más policía” y “más control” desprende a las instituciones y
al Estado de la responsabilidad, configurando a los adolescentes como sujeto‑problema.
Esto se alinea con el gesto crítico de Lescano: la violencia no está en los
jóvenes, sino en la forma en que el Estado y las instituciones los rodean.[3][4][2]
·
Vinculación con la violencia general de la
sociedad: desde áreas de
Salud Mental y diversos especialistas se señala que “lo que sucede con los
jóvenes no es muy distinto de lo que sucede en general”, reformulando la
violencia escolar como expresión de una violencia social más amplia (pobreza,
desigualdad, ajuste, control policial, etc.).[7][2]
·
Discurso moral‑punitivo vs. enfoque de
derechos humanos:
enfrenta quienes reclaman mano dura, expulsión y encarcelamiento de
adolescentes con quienes proponen mediación, reparación social, escucha y
políticas de inclusión. Esta tensión resume el conflicto entre entender la
violencia como “delincuencia juvenil” o como fenómeno vertical y estructural,
como plantea Lescano.[4][2]
En síntesis, el
último mes en Salta y Salta capital ha evidenciado que la violencia en las
escuelas no es un problema aislado, sino un espejo de una violencia social y
estatal más amplia, en el que el imaginario popular tiende a castigar a quienes
lo representan antes que a intervenir interpelando a las estructuras que lo
sostienen.[1][2][4]
Fuentes
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1.
https://saltasur.com.ar/violencia-escolar-en-salta-el-ministerio-registro-mas-de-3-900-incidentes-en-el-ultimo-ano/
2.
https://www.quepasasalta.com.ar/salta/tras-los-hechos-en-una-escuela-de-salta-advierten-que-la-sociedad-esta-violenta/
3.
https://www.infobae.com/sociedad/policiales/2026/04/19/imputaron-a-cuatro-adolescentes-por-amenazas-de-tiroteo-y-mensajes-de-intimidacion-en-escuelas-de-salta/
4.
https://boletinoficialsalta.gob.ar/instrumento.php?cXdlcnR5dGFibGE9THw4NDA2cXdlcnR5
5.
https://www.fenix951.com.ar/noticia.php?id=336314
6.
https://www.facebook.com/SinCensura2022/posts/-urgentepreocupación-en-salta-siguen-las-amenazas-en-colegios-y-crece-la-alarma-/976735401546200/
7.
https://www.ambito.com/informacion-general/alarma-las-escuelas-amenazas-armas-y-vinculos-preocupantes-exponen-una-escalada-violencia-alumnos-n6265561
8.
https://saltaeducs.com/2026/03/31/salta-fortalece-la-convivencia-escolar-con-un-programa-integral-de-prevencion-de-la-violencia-en-todas-las-escuelas/
9.
https://www.ucasal.edu.ar/wp-content/uploads/2022/07/281_07_Encuesta_sobre_violencia_escolar_LAVAQUE.pdf
10.
https://www.instagram.com/reel/DXSITHwiBj5/
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