sábado, 13 de junio de 2026

Tres décadas de H.I.J.O.S.: cuando la memoria se convierte en libro, arte y comunidad

En la Universidad Nacional de Salta, H.I.J.O.S. presentó Lo imposible solo tarda un poco más, un libro que condensa tres décadas de militancia, memoria y organización política. La jornada reunió voces, arte y testimonio para recuperar la historia de una generación que convirtió el dolor heredado en acción colectiva y que sigue disputando el sentido público de los derechos humanos. Con fuerte anclaje federal, el encuentro enlazó la experiencia salteña con otras luchas del país y puso en escena una idea central: la memoria no es solo recuerdo, sino una práctica viva que se construye en comunidad, interroga al presente y proyecta futuro.


Por Fernando Pequeño Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA


Tres décadas de H.I.J.O.S.:

memoria, identidad y lucha federal

Crónica del encuentro en la Universidad Nacional de Salta

"Lo imposible solo tarda un poco más." — Raquel Robles, escritora y fundadora de H.I.J.O.S.

* * *

Un mediodía que valió treinta años

Bajo los techos de aulas norte del campo universitario de la UNSa, se vivió un acontecimiento que excedió ampliamente los márgenes de una presentación de libro. Lo que tuvo lugar fue una ceremonia institucional de reivindicación histórica: el lanzamiento formal de la primera publicación editada directamente por la Red Nacional de H.I.J.O.S. —Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio—, coincidiendo con el trigésimo aniversario de la organización.

El libro se llama “Lo imposible solo tarda un poco más”. Reúne 190 páginas y treinta voces distribuidas a lo largo y ancho del país: sociólogos, psicólogas sociales, periodistas de investigación, artistas, militantes históricos. La frase del título pertenece a Raquel Robles, escritora y militante fundadora de H.I.J.O.S., y condensa en pocas palabras lo que tres décadas de lucha demostraron: aquello que en los años noventa parecía irrealizable —el juicio y castigo efectivo a los genocidas en tribunales ordinarios— terminó ocurriendo. No por milagro, sino por persistencia y organización colectiva.

El evento fue convocado por H.I.J.O.S. Salta, en el marco de una jornada articulada junto a la Comisión Interclaustros de Derechos Humanos de la UNSa y los gremios docentes. Estuvo coordinada localmente por Fernanda Díaz y contó con el respaldo de FATPREN y CISPREN. Cerca de un centenar de personas colmaron el espacio.

El encuentro buscó establecer un puente entre la memoria traumática del pasado —la dictadura cívico-militar de 1976 a 1983—, la organización política nacida en los noventa y la producción cultural contemporánea como herramienta de resistencia frente al silencio. Es una arquitectura viva. Y su dimensión federal —que conecta Salta con Córdoba, con el mapa de las 24 regionales de H.I.J.O.S. a lo largo del país— es uno de sus rasgos más significativos. Fue un encuentro pensado para tender puentes entre el dolor del pasado —los años de la dictadura, entre 1976 y 1983—, la organización política que ese dolor hizo nacer en los años noventa, y el arte y la cultura de hoy como formas de seguir resistiendo al silencio.

A lo largo de la jornada, distintas voces —militantes históricas, referentes de H.I.J.O.S., un periodista, una artista, un músico y hasta una concejala— fueron armando entre todos un mismo relato: el de cómo el dolor individual de los hijos e hijas de desaparecidos, fusilados, exiliados y presos políticos se transformó, con el tiempo, en una identidad colectiva, en justicia concreta y en memoria compartida con toda la sociedad.

El arte abre la memoria: la performance "Ensayo" en homenaje a Ana María Villarreal

El encuentro comenzó, no con palabras, sino con una imagen. La artista visual y docente María Laura Bucianti presentó "Ensayo", una performance acompañada por la música de Liliana Felipe, dedicada a Ana María Villarreal, más conocida como "la Sayo": una militante revolucionaria asesinada en 1972 durante la masacre de Trelew.

Bucianti construyó lo que ella misma llama el "plano plástico": un espacio rectangular y blanco que, según cómo se lo mire, puede ser una pileta, una pantalla en blanco o incluso la imagen del primer aliento de vida. Sobre esa superficie, la artista jugó con tensiones —"arrugando" y "planchando" ese espacio— para representar, de manera sensible, los conflictos que atravesó (y sigue atravesando) la historia argentina.

La obra también recuperó la mirada que la propia Villarreal tenía sobre Salta: en sus cartas, ella soñaba con transformar paisajes y realidades para que existieran "otras cosas", otros espacios posibles. Los cerros, las plantas, la quietud de la ciudad vista desde las alturas, aparecieron así como parte de ese sueño. El color azul y la imagen de una "sangre que lanza luz" se combinaron con una letra que contrastaba la belleza del cielo con la figura de un "pobre triste cuerpo militar", denunciando la violencia desde la belleza y no desde el panfleto.

En el momento más fuerte de la performance, Bucianti se planteó —y le planteó al público— una pregunta que resume todo el sentido del homenaje: ¿qué pasaría si ella misma quisiera ser hija de Ana María Villarreal de Santucho? Esa pregunta no busca una respuesta literal, sino proponer algo más profundo: que cualquiera de nosotros pueda adoptar simbólicamente la historia del otro, que la "madre" desaparecida y la "hija" de hoy puedan habitar, por un instante, el mismo cuerpo.

La obra también rescató el costado más humano de "la Sayo": sus ojos rasgados —que le dieron el apodo—, su rol como madre de tres hijas, y su paso por la Escuela de Bellas Artes Tomás Cabrera. De esta manera, la performance la sacó de la frialdad de los archivos militares y la devolvió a la memoria afectiva de Salta. El cierre llegó con un grito que resuena en cada acto de memoria en Argentina: "¡Presente!".

¿Para qué sirve el arte en un encuentro como este?

La pregunta no es menor, porque el arte estuvo presente tanto al abrir como al cerrar la jornada: primero con la performance de Bucianti, y al final con la música de Leo Goldstein. ¿Qué aporta el arte que no aporten un discurso político o un fallo judicial?

Por un lado, permite una reparación sensible: complementa lo político y lo judicial con una dimensión emocional, que ayuda a procesar el horror desde la belleza y la luz, y no solo desde el espanto.

Por otro lado, funciona como una forma de federalismo estético: pone en valor el aporte de figuras del norte argentino, como Salta y Tucumán, a una lucha que muchas veces se cuenta como si hubiera ocurrido solo en Buenos Aires o Córdoba. Villarreal, con su formación y su compromiso en la región, es un ejemplo de eso.

Finalmente, cumple una función de continuidad generacional. Que estas obras se presenten justamente en la Facultad de Humanidades no es casual: se convierten en un puente pedagógico, una forma de enseñarle a las nuevas generaciones a "leer" la historia no solo con datos y fechas, sino también con empatía y creatividad.


H.I.J.O.S. en el marco federal: una estrategia que trasciende Salta

Para comprender el peso de lo que ocurrió en la UNSa, es necesario inscribirlo en el horizonte más amplio de la Red Nacional de H.I.J.O.S. y de la estrategia que ha guiado su acción durante tres décadas.

La red cuenta con 24 regionales distribuidas a lo largo del país. Su primer rasgo metodológico notable es que, para narrar su propia trayectoria, convocó a treinta autores externos —no integrantes de la organización— para que analizaran su historia desde afuera. El resultado es una obra que gana rigurosidad sin perder calor: sociólogos como Santiago Cueto Rúa teorizan sobre el escrache; las psicólogas sociales Diana Kordon y Mariana Lagos describen el trauma psicosocial heredado y el poder reparador de la organización comunitaria; voces como las de Taty Almeida, Victoria Montenegro, Daniel Feierstein, Pablo Llonto, Jorge Giles, León Gieco, Francisco Santucho y Hebe de Bonafini —presente a través de un texto recuperado— sostienen la postura de la memoria como herramienta de construcción política en el presente.

El carácter federal de la obra es uno de sus aportes más valiosos. El libro traza un mapa de las distintas regionales mostrando cómo las demandas de memoria, verdad y justicia se expresan de manera diferente según las particularidades políticas y culturales de cada provincia. Para quienes vivimos en el NOA, esa dimensión no es menor: los procesos del norte argentino —con sus propias víctimas, sus propios perpetradores, sus propias resistencias— merecen ser comprendidos en su singularidad y no solo como periferia de lo que ocurrió en Buenos Aires.

En ese sentido, la presentación en Salta no fue un acto periférico. Fue parte de una estrategia federal de construcción de memoria que reconoce que la historia argentina tiene muchos centros, y que uno de ellos está en esta provincia del norte donde la dictadura tuvo nombres propios y métodos específicos: Palomitas, el Gallinato, la desaparición del Dr. Miguel Ragone.

El contexto político de 2026 otorga a esta presentación una urgencia adicional. El escenario nacional está atravesado por intentos sistemáticos de relativizar los crímenes de la dictadura, de instalar la idea de que hubo "dos demonios" que se enfrentaron, de recortar los presupuestos de los organismos de memoria y de revisar condenas ya ejecutadas. Ante eso, Lo imposible solo tarda un poco más funciona como un antídoto: recuerda, con evidencia y con pasión, lo que costó llegar hasta aquí.


Elia Fernández: tres décadas construyendo identidad y justicia

Elia Fernández, en representación de la red nacional de H.I.J.O.S. Salta, fue quien dio inicio formal al encuentro. Agradeció al público presente y al apoyo institucional de la Facultad de Humanidades de la UNSA, y presentó el libro Lo imposible solo tarda un poco más, una obra colectiva que reúne tres décadas de militancia de la organización.

 

En su intervención, Fernández recordó el origen de H.I.J.O.S.: la agrupación nació en 1995, en un campamento que reunió a hijos e hijas de desaparecidos, fusilados, exiliados y presos políticos, con un objetivo común: luchar por la identidad y por la justicia frente al silencio. El libro que se presentaba esa tarde reúne las voces de 30 autores y autoras, que comparten luchas y memorias fundamentales para seguir construyendo memoria, verdad y justicia en Argentina.

Fernández también agradeció a las autoridades académicas y a los sindicatos presentes, y presentó a los invitados especiales de la jornada —la artista María Laura Bucianti y el escritor Alexis Oliva—, preparando así el terreno para que cada uno compartiera su propia experiencia.

De su intervención se desprenden algunas ideas centrales. La primera es que H.I.J.O.S. nació de la necesidad de no estar solos: de juntar el dolor individual de cada hijo o hija en un espacio colectivo, rompiendo el aislamiento que había impuesto la represión. La segunda es que el libro presentado no es simplemente una crónica: es una obra coral, de 30 voces distintas, que refleja la madurez de una organización que hoy es uno de los pilares de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en el país.

También quedó claro que esta lucha no se sostiene sola: necesita de alianzas, como la que existe con la universidad pública —a través de la Maestría en Derechos Humanos— y con los trabajadores de prensa organizados, representados por FATPREN y CISPREN. Y, como suele pasar en estos encuentros, hubo un agradecimiento especial para quienes hacen posible que estas voces se escuchen: en este caso, para Fernanda Díaz, encargada de la asistencia técnica y la coordinación local.

Mariana Gamboa: del espanto al escrache, la fuerza de la ironía

Mariana Gamboa, referente de H.I.J.O.S. Salta, contó cómo nació la agrupación en la provincia: hacia 1995, impulsada por Lucrecia Barquet. Describió un proceso que no fue sencillo: al principio, los primeros encuentros estuvieron marcados por el "espanto" de compartir historias traumáticas con otros jóvenes que habían vivido lo mismo. De a poco, ese espanto compartido se transformó en acción concreta, a través de los "escraches" a represores, como en el caso de Gil.

Algo que Gamboa subrayó especialmente fue el lugar de la ironía y la alegría en esas protestas: no como una forma de minimizar el dolor, sino como un mecanismo para preservarse psicológicamente frente a la dureza de la época, sin quedar paralizados por la formalidad del duelo.

También contó que el libro presentado celebra los 30 años de la red nacional —que hoy cuenta con 24 regionales en todo el país— a través de la mirada de 30 autores invitados. Para Gamboa, el objetivo central de H.I.J.O.S. siempre fue doble: recuperar la identidad de sus padres y, al mismo tiempo, la propia. Gracias a ese trabajo, tanto la sociedad como otros organismos de derechos humanos pudieron finalmente reconocer la militancia política de las víctimas, no solo su condición de víctimas.

De su relato se desprende una idea fuerte: en Salta, el camino de los hijos pasó del horror inicial —el miedo a reconocerse en la historia del otro— al encuentro, gracias a la mediación de referentes históricos como Lucrecia Barquet. El escrache, en ese contexto, funcionó como una herramienta a la vez artística y política, una forma de justicia social frente a la impunidad de los años noventa, que permitía señalar a los represores y romper su integración tranquila en la vida civil.

Además, la tarea de H.I.J.O.S. permitió que la sociedad empezara a nombrar a los desaparecidos no solo como víctimas, sino también como militantes: de Montoneros, del PRT, del ERP. Y, como recordó Gamboa, esa reconstrucción de la propia identidad fue siempre inseparable de la recuperación de la identidad de los padres, una identidad que el plan sistemático de desaparición había intentado borrar por completo.

Alexis Oliva: la lucha como pulsión de vida frente al olvido

Alexis Oliva, periodista, escritor y docente de Córdoba, y uno de los autores del libro, propuso una mirada que conecta dos provincias: Córdoba y Salta. Para Oliva, la trayectoria de H.I.J.O.S. puede entenderse como una "pulsión de lucha" nacida en 1995, que transformó el trauma en acción política.

Su análisis recordó que tanto Córdoba como Salta formaban parte del Tercer Cuerpo de Ejército, bajo el mando de Luciano Benjamín Menéndez. Oliva también denunció la complicidad de parte del poder judicial, mencionando a los jueces Lona y Zamboni Ledesma, y comparó el relato oficial de "intentos de fuga" utilizado para justificar la masacre de Palomitas, en Salta, con los fusilamientos ocurridos en la UP1 de Córdoba: dos formas distintas de contar una misma historia de exterminio.

Destacó también el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, y en particular el hallazgo de los restos del salteño Néstor Legin, que considera una prueba irrefutable frente a quienes niegan o relativizan lo ocurrido. Por último, advirtió sobre algo que le preocupa especialmente: la posibilidad de que la historia se repita en círculos, frente al regreso de discursos que hoy, en 2026, vuelven a justificar el ajuste económico y a relativizar el terrorismo de Estado.

Para Oliva, esa "pulsión de lucha" es como una síntesis entre las ganas de vivir y la presencia de la muerte: la ausencia se transforma en energía política, en deseo de futuro. También plantea que existe una continuidad incómoda entre las políticas económicas de la dictadura, el neoliberalismo de los noventa y el presente, marcada por lo que llama "miseria planificada" y por discursos negacionistas que vuelven a aparecer.

Sobre el llamado "federalismo represivo", recordó que la coordinación del Tercer Cuerpo de Ejército impuso patrones de exterminio muy similares en Salta —con la masacre de Palomitas— y en Córdoba —con la UP1—, patrones que solo pudieron sostenerse gracias a la complicidad de sectores del poder judicial y de la Iglesia.

Pero su mensaje no fue solo de advertencia. También dejó una idea esperanzadora: lo que parecía imposible en los noventa —los juicios a los represores, leyes como la de Medios— "solo tardó un poco más" en convertirse en realidad jurídica y social. Y el hallazgo de los restos de Néstor Legin es, en ese sentido, una victoria de la verdad sobre el plan de desaparición, incluida esa "segunda desaparición" que los militares intentaron en 1979.

Blanca Lescano: la voz histórica que sostiene la memoria en Salta

Blanca Lescano es una referente histórica de Familiares de Detenidos Desaparecidos y de la APDH Salta. Su intervención aportó algo distinto al resto: la voz de quienes vivieron la lucha desde mucho antes que H.I.J.O.S. existiera.

Lescano recordó que la agrupación "Familiares" operó en pleno proceso militar, enfrentando el horror junto a figuras como Lucrecia Barquet y Milsa Torres. También subrayó el papel estratégico de la APDH Salta en la posdictadura, y resaltó un hito poco conocido fuera de la provincia: en Salta se inició el juicio por la masacre de Palomitas incluso antes de que se derogaran las leyes de impunidad.

Sobre Néstor Legin, Lescano aportó una precisión importante: aunque su familia era originaria de Córdoba, se integró profundamente a la vida cultural y militante de Salta una vez radicada en la provincia. Para ella, esto demuestra algo central: la pertenencia a un territorio no depende solo del lugar de nacimiento, sino de la vida que se construye en él. De hecho, recordó que el hermano mayor de Legin fue un reconocido poeta y escritor de literatura infantil salteña.

El relato de Lescano no contradice al resto de los testimonios, sino que los complementa y los enriquece: mientras los integrantes de H.I.J.O.S. ponen el foco en la reconstrucción de la identidad militante a partir de los años noventa, Lescano muestra que la memoria en Salta tiene cimientos más antiguos, y que la provincia llegó incluso a estar a la vanguardia en materia judicial. Su intervención busca, en definitiva, que la historia de Salta no quede absorbida por el relato nacional o por el de otros centros urbanos, como Córdoba, reclamando para la provincia una identidad de lucha propia.

Lescano también recordó que muchos compañeros y compañeras todavía esperan recuperar los restos de sus familiares, desaparecidos en centros de exterminio como "La Perla". Y destacó que la APDH Salta ha sido, desde el inicio de la democracia, un pilar institucional fundamental, encargado de custodiar documentación y archivos clave para las causas judiciales actuales.

Un reconocimiento que llega desde las instituciones

Durante el encuentro, el Estado municipal hizo público su respaldo a la trayectoria de H.I.J.O.S. Salta y a esta nueva publicación. No se trató de un simple gesto protocolar, sino de un acto que busca poner a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en el lugar que le corresponde: como un valor de interés público para toda la comunidad salteña.

La concejala Malvina Gareca fue quien representó a la autoridad municipal, funcionando como un puente entre la militancia territorial y las instituciones democráticas. Fue Canela Álvarez, integrante de H.I.J.O.S. Salta, quien recibió el reconocimiento en nombre de toda la organización.

En su intervención, Gareca destacó que el trabajo de H.I.J.O.S. durante estos treinta años constituye un aporte valioso e indispensable para la cultura y la historia de Salta, y que la presentación de Lo imposible solo tarda un poco más trasciende el ámbito militante para convertirse en un hecho de interés para todo el municipio. El Concejo Deliberante, de esta manera, asume el compromiso de preservar esta memoria colectiva a través de resoluciones que reconozcan el valor histórico de estas organizaciones, materializado en una placa recordatoria y en una resolución formal.

Este reconocimiento municipal no llegó solo: se sumó a una declaración de interés por parte de la Cámara de Diputados de la provincia, lo que da como resultado una doble validación estatal —local y provincial— hacia el evento y hacia la obra presentada.

El refugio del arte: el cierre musical de Leo Goldstein

La jornada terminó como había empezado: con arte. Leo Goldstein, músico, docente e invitado especial, fue el encargado de la clausura artística, en una intervención que buscó procesar emocionalmente todo lo que se había dicho y vivido durante el encuentro.

Su música funcionó como un dispositivo de unión y de resistencia, vinculando los valores democráticos —la idea de una "casa abierta"— con la defensa de los bienes naturales y del territorio. El arte, en este cierre, se propuso como un "último refugio" frente a la adversidad política y el desánimo colectivo.

Interpretó tres canciones, cada una con su propio sentido. "De puertas abiertas" usa la metáfora de la casa para representar una democracia inclusiva y transparente, donde "nadie quede afuera" y donde la luz vuelve a aparecer incluso después de las tormentas, como una forma de hablar de las sombras de la dictadura. "Vienen por el agua", una chacarera, conecta la memoria histórica con la ecología política: el agua aparece como un mensaje de vida y como un vínculo con historias antiguas, hoy amenazadas por el extractivismo y la minería que afecta a los cerros. Por último, "Refugio emocional", la canción de cierre, plantea que, frente a la angustia que puede generar la situación política en la Argentina, el arte debe evitar que nos "secuestren" el estado de ánimo, funcionando como un espacio de protección y de unidad.

Goldstein también señaló algo simbólico: las escuelas de Música y de Bellas Artes están ubicadas sobre calles que llevan los nombres de referentes de la lucha, como Lucrecia Barquet, y de la propia "Democracia". De esta manera, la memoria se integra al tránsito cotidiano de docentes y estudiantes, casi sin que lo noten. Y, una vez más, apareció la idea de la simbiosis entre la música y las artes plásticas —la de Liliana Felipe y la performance de María Laura Bucianti— como motores de una reparación colectiva.

Una comida que une

Cuando terminaron las canciones de Leo Goldstein, los organizadores invitaron a quienes habían participado del encuentro a compartir un almuerzo en la galería del sector de aulas. Casi un centenar de personas se quedaron allí, en un momento distendido, donde la integración y el intercambio informal cerraron una jornada que había combinado memoria, arte, testimonio y reconocimiento institucional.

Quizás esa comida compartida sea, también, una forma más de lo que se vino diciendo durante todo el mediodía: que la memoria no es solo un asunto de archivos, juicios o discursos, sino algo que se construye, también, alrededor de una mesa.

Tres décadas de H.I.J.O.S. son también tres décadas de demostración práctica de algo que parecía imposible: que la generación marcada por la pérdida podía transformar esa marca en identidad colectiva, y esa identidad en cambios históricos concretos. Los juicios llegaron. Los genocidas fueron condenados. Los restos, identificados. Los nombres, devueltos.

Lo que se presentó en la UNSa fue, al mismo tiempo, un balance y un punto de partida. Un balance de lo logrado desde el campamento fundacional de 1995 hasta la doble declaración de interés legislativo de 2026. Y un punto de partida porque el libro no cierra una historia: la abre hacia lectores y militantes que todavía no conocen en toda su dimensión lo que ocurrió en cada rincón del país, y lo que costó hacer justicia.

La frase de Raquel Robles que da título al libro no es un consuelo. Es una descripción exacta de lo que ocurre cuando la organización popular se sostiene en el tiempo. Lo imposible solo tarda un poco más. No llega solo. No llega sin organizarse. No llega sin arte ni sin testimonio ni sin análisis ni sin el grito de "¡Presente!" que sacude los auditorios universitarios y recuerda que los ausentes siguen siendo parte de nosotros.

En Salta, esa memoria tiene rostros propios. Tiene el rostro de los militantes sindicales, estudiantiles y comunitarios del norte que fueron detenidos, torturados y desaparecidos en los centros clandestinos de la región. Tiene los rostros de las Madres y Abuelas que esperaron décadas para ver sentados a los culpables en el banquillo. Tiene el rostro de Blanca Lescano que sigue en pie. Y tiene también los rostros jóvenes de quienes recibieron la declaración municipal y de quienes llenarán en julio el Anfiteatro de Aulas Norte para escuchar lo que queda por decir.

El libro Lo imposible solo tarda un poco más se consigue de forma autogestiva a través de las redes de H.I.J.O.S. Salta, y los correos de distribución del norte del país. Adquirirlo es también un acto de apoyo concreto a la militancia que lo hizo posible.

 

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